El momento de Aubameyang

Imagino a Pierre Emerick Aubameyang pasando cada mañana varios minutos frente al espejo tratando de poner en orden su insurrecta cabellera. Con la cresta bien arreglada, probablemente el gabonés se calce sus “zapas” de Batman y baje al garaje, donde meditará si acudir al entrenamiento en su Ferrari o por el contrario usar ese Aston Martin que tanto le gusta. Ciertamente el chico siempre fue propenso a la excentricidad, pero ahora además es una estrella consagrada. Por eso en Milán seguramente se tiren de los pelos cada vez que suma una nueva actuación memorable y recuerden con exasperación que lo dejaron marchar como si nada.

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Conviene matizar que la eclosión de Emerick no hace mucho que se produjo. Antes de aterrizar en Alemania procedente de Saint-Étienne apenas era uno de esos jugadores talentosos que exhibían su ingenio a ráfagas. Su reputación era la de un futbolista con potencial pero caracterizado por destellos demasiado intermitentes. No es que sus números en la Ligue 1 fueran discretos, sino que lejos del foco mediático Aubameyang sólo ocupaba portadas cuando hacía algo fuera de lo común: léase calentar con unas botas en las que había incrustado 4.000 cristales Swarovski. Lo estrafalario le define. No tiene reparos en incrustarse una careta de ‘El caballero oscuro’ mientras celebra un gol porque en el fondo sigue teniendo la mentalidad de un crío de 12 años. Es fan del superhéroe y disfruta con él hasta el punto de haberse colocado el logo del murciélago en la sien alguna que otra vez. Las raíces de este pintoresco temperamento se remontan tiempo atrás cuando compartía vestuario en St-Etienne con Jeremie Janot, si acaso famoso por haber jugado con el kit de Spiderman y posado para la foto con máscara incluida. “Puedo superar cualquier cosa que haga Janot”, llegó a comentar en su día el gabonés en tono jocoso.

Encima del verde, Aubameyang siempre ha cabalgado sobre una Kawasaki capaz de ponerse a 35 km/h. Es una gacela, aunque después de pasar la mayor parte de su carrera pegado a la cal, en el nuevo Dortmund de Tuchel le han encontrado una parcela de campo donde su rendimiento está alcanzando límites insospechados. Así las cosas, Emerick actúa ahora como punta de lanza, habiéndose convertido en el delantero referencia del BVB. Jugando de 9 está firmando unas cifras anotadoras escandalosas: sus 20 tantos en 19 partidos de Bundesliga lo atestiguan. En términos comparativos, el guarismo es ya superior a los 19 goles que convirtieron a Alex Meier en el máximo artillero del campeonato teutón en la 14/15.

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‘Auba’ sigue siendo idóneo para explotar su tremenda velocidad a campo abierto, pero igualmente ha pulido su capacidad para asociarse con los compañeros que juegan una línea por detrás, dígase Mkhitaryan, Reus o Gonzalo Castro. Este último le ha suministrado hasta 5 pases de gol, mientras que el gabonés ha asistido a su colega armenio (Mkhitaryan) en tres ocasiones. Al final, algo tiene que explicar que el Dortmund de Tuchel sea el conjunto más goleador de la Bundesliga, aunque en el reinado del Bayern, eso tan sólo le sirve de momento para ser segundo con una holgada diferencia respecto a su más inmediato perseguidor. En cualquier caso, el BVB actual carbura. Y lo hace al calor de un chaval singular cuya progresión merecía estas líneas de texto a modo de reconocimiento. De hecho, pese a que Yaya Touré -4 veces ganador del African Footballer of the Year– calificara de “vergonzosa” la decisión de concederle el último galardón a Pierre-Emerick Aubameyang, en el fondo es consciente de que su declaración carece de argumentos de peso y es desproporcionada. ‘Auba’ es el nuevo monarca del fútbol africano. Y lo es con total merecimiento.

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