Víctor y Saša

markovic

Cuenta la leyenda que cuando Saša Marković fue expulsado del útero de su señora madre el primer sonido que emitió fue una carcajada. Nada de llantos como los bebés corrientes. Ya más crecidito, con 24 primaveras, aterrizó por primera vez en España de la mano de Emilio Vega, director deportivo del Córdoba Club de Fútbol y, como no podía ser de otro modo, lo hizo con el visaje risueño que le caracteriza. Sorprendentemente, el suyo fue el primer fichaje realizado por un club reducido a escombros y que empezaba prácticamente de cero la confección de la nueva plantilla tras el descalabro sufrido en la 14/15. Así las cosas, teniendo en cuenta de dónde venía y a dónde llegaba, que el Córdoba lograra reclutarle antes que a ningún otro fue en cierto modo inesperado. Porque Saša, pese a su juventud, estaba más que asentado en el club más poderoso de su país, el Partizán de Belgrado, institución que debe su nombre a los guerreros partisanos de Yugoslavia y que cuenta con equipos en hasta 20 disciplinas deportivas. El de fútbol es una auténtica superpotencia dentro de las fronteras de su país, ganador de 7 de las últimas 8 ligas y habitual representante serbio en competiciones europeas. De hecho, no era extraño ver a Marković en estadios como White Hart Lane durante las noches de los jueves, a veces hasta salía en los resúmenes de la Europa League.

Sin embargo, los minutos que acumulaba en competiciones domésticas no terminaban de satisfacerle demasiado. Así, aunque la intención del club hubiera sido ampliar su contrato, Saša decidió trasladarse a un escenario más humilde en el que poder explotar sus dotes con más asiduidad. Su calidad pronto quedó de manifiesto. Aportaba un valor diferencial al centro del campo cordobesista y Oltra no dudó en concederle galones. De ese modo, se mantuvo fijo en las alineaciones durante el primer tramo del campeonato. Fue así hasta que en una tarde de noviembre, una doble amonestación en el Carlos Belmonte de Albacete  le mandó a la caseta antes de tiempo. El contratiempo implicaba que Marković, que hasta aquel entonces solo había dejado de jugar 21 minutos en liga, no podría vestirse de corto el siguiente fin de semana. Había que buscarle un sustituto, lo que a esas alturas de la temporada suponía algo parecido a un drama.

La situación era delicada, pues el candidato a remplazar al serbio era Víctor Pérez, que no había empezado con buen pie su andadura en la ciudad de la Mezquita. Fuera de tono físico, una noche desafortunada en Copa del Rey le costó un chaparrón de críticas y silbidos que no había paraguas que frenase. Con la sanción a Saša, le llegaba a Víctor la oportunidad de demostrar que su anterior actuación como titular había sido un simple accidente. Y lo debía hacer ante un ambiente de total escepticismo sobre su figura. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, el manchego cuajó una actuación más que convincente. Fue así hasta el punto de hacerle ver a Oltra que era conveniente mantenerlo ulteriormente en las alineaciones. Lo hizo así el técnico valenciano y, hasta la fecha, Víctor Pérez sigue sin caerse del XI titular gracias a un rendimiento inyectado cada vez de mayor confianza. Pero claro, sólo pueden jugar once, y la fulgurante irrupción de Víctor en los esquemas provocó la salida de Marković de los mismos pese a que las actuaciones del serbio habían sido más que notables.

DSC_0496 (2)

En términos temperamentales, Víctor y Saša son dos mundos prácticamente opuestos. Mientras que el albaceteño es la seriedad personificada, de Saša está prácticamente todo dicho. Y es que rara vez uno puede toparse con un tipo tan propenso a la broma, el chiste y la gracieta como lo es el futbolista de Brus. Pese a verse relegado a la suplencia, el serbio no ha perdido la sonrisa. De hecho, seguramente su carácter haya jugado un papel fundamental en la construcción de ese buen rollo que impera en la plantilla actual, donde la relación de muchos jugadores entre sí se encuentra más cerca de lo familiar que de lo meramente profesional. En tal coyuntura de positividad, no deja de ser llamativa la capacidad para generar ese ambiente jovial que posee un chaval serbio cuyas nociones de la lengua castellana son ínfimas.

Pero Saša tiene algo particular. Conectó con la hinchada desde el primer día. Por eso la una le canta y el otro no tiene reparo en  saltar al graderío al término de un partido en señal de agradecimiento. Quizá por ello y por las buenas prestaciones que ofrece sobre el césped, ver a Saša calentar los recién renovados banquillos de El Arcángel chirría en cierto modo. Pero lo cierto es que mientras la formalidad de Víctor Pérez dentro del campo siga siendo la misma que hasta la fecha, únicamente hay motivos para la satisfacción. A fin de cuentas, la circunstancia no puede tener más que connotaciones positivas para el conjunto, aunque uno de los tres centrocampistas de referencia (Luso-Víctor-Saša)  tenga que quedar  fuera de la titularidad mientras se mantenga el dibujo 4-4-2. Para Oltra, girar la cabeza hacia el banco y ver a Marković como potencial revulsivo es un lujo. Un lujo que se puede permitir.


Fotografías: José Manuel Serrano (@JoseManuelSB85)

Anuncios