Jeff en llamas

e719b549_oA dos mil setecientos ochenta metros sobre el nivel del mar la densidad del aire disminuye y la actividad pulmonar se hace más pesada. Quien acostumbra a habitar las alturas aclimata todo su sistema respiratorio a ellas, pero para quien las visita en ocasiones eventuales la menor presión del oxígeno se convierte en un hándicap salvaje. Podríamos decir, a tenor de esta introducción, que Quito es la condición que determina que a día de hoy la ecuatoriana sea la selección sudamericana que más cerca tiene el billete a la Copa del Mundo de Rusia 2018. Pero eso sería faltar a la verdad. Y es que el combinado que conduce el argentino Gustavo Quinteros ha contrastado su fútbol tanto en el Olímpico Atahualpa como lejos de él. Si bien ya vencieron allí a Bolivia y a Uruguay, los de amarillo también han tumbado a Argentina y a Venezuela a domicilio. Caminadas cuatro fechas, Ecuador suma 12 puntos de 12 posibles, y su balance de goles habla de una consistencia sobresaliente: 9 tantos a favor y únicamente 2 en contra. No transparentan los números, sin embargo, la fogosa naturaleza de la que ha dotado Quinteros a su escuadra. Sus muchachos practican un fútbol vehemente y caudaloso.

Faltaban Antonio y Énner Valencia el martes en Puerto Ordaz, pero Quinteros, que adoptó el cargo en enero, no dejó que eso minimizase el potencial de su selección. A lomos de Christian Noboa, Pedro Quiñonez, Felipe Caicedo -que lleva 4 goles en 4 partidos- o Jefferson Montero, Ecuador bailó a Venezuela dominando cada una de las fases del juego. Este último, que ejecutó el segundo gol y asistió en el tercero, está siendo hasta el momento uno de los futbolistas más dominantes de las eliminatorias Conmebol hacia Rusia. A sus veintiséis años, Montero cabalga envuelto en el absoluto clímax de su carrera. El martes destrozó a su par, un Roberto Rosales contrastado ante verdaderos cracks de la liga española, y cinco días atrás ya había hecho cosquillas a Arévalo Ríos y Martín Cáceres para desdicha del carril derecho uruguayo. Pero todo esto no es casual. El fútbol de Ecuador se ha ido orientando cada vez más hacia las orillas en los últimos años. Como hemos dicho con anterioridad, Quinteros llegó a la caseta ecuatoriana hace menos de un año, y desde el principio apostó por mantener el roster de futbolistas con el que trabajaba habitualmente Reinaldo Rueda, su antecesor. Y no es todo. A sabiendas de dónde se localiza su materia prima, el argentino también ha optado por un sistema continuista en el césped. Los amarillos abren el campo lateralizando todos y cada uno de sus ataques posicionales, siempre en busca del desborde, la velocidad y el centro. El plan es simple, pero Antonio Valencia y -sobre todo- Jefferson Montero bien lo justifican.

Y es que las condiciones físicas y técnicas de Montero siempre le han permitido cobrar relieve en sus equipos. Jeff llegó a España con diecinueve años, cuando el Villarreal lo reclutó para esculpirlo en su filial. Sin embargo, el chico pronto se saldría del tiesto. Debutó con el primer equipo, y todavía no llevaba ni año y medio en la Península Ibérica cuando otro equipo de Primera ya se fijó en él. Los cuatro meses que pasó cedido en el Levante no fueron del todo ideales, pero a final de curso Jefferson sumaba 20 apariciones en Liga BBVA, y 5 de ellas como titular. Aquel mismo verano mudó a Sevilla, donde sería el encargado de estirar a aquel Betis 2011/12. Montero lo hizo además con gran destreza, y de hecho, sería indiscutible para Mel durante toda la campaña, pero la institución verdiblanca -entonces ya en ley concursal- no pudo retener su ficha. El ecuatoriano acabaría en el Monarcas Morelia mexicano, que lo alejaría del ojo público occidental. Europa ya lo daba por perdido, pero en el verano de 2014, el Swansea City pagó tres millones y medio de libras por su pase. En Reino Unido Jeff está demostrando no haber perdido ni un ápice de esa velocidad ígnea que albergaba antes de marchar a tierras aztecas en 2012, pero hoy además es un futbolista gradualmente superior.

Jefferson Montero siempre vistió el traje de un especialista, el de un extremo raudo, siempre subordinado a la cal. Kawasaki en la transición, rompe-líneas en la fase estática. Su facilidad para desbordar ya quedó patente en su temporada en Andalucía, donde sólo Leo Messi completó más regates exitosos que él. Pero no obstante, en los últimos años el Montero ha perfeccionado sus artes más si cabe. Hoy su funcionalidad se sigue limitando a dos o tres tareas, pero esas dos o tres las firma con sobresaliente. Ahora decide y ejecuta algo mejor en los metros finales, un suelo que años atrás era pantanoso para él. Garry Monk no tardó en denotar ante qué tipo de futbolista estaba. Y empezó a darle cabida en su equipo. El año pasado Montero acabó el ejercicio con 15 titularidades y 15 intervenciones desde el banquillo, pero en el presente curso el ecuatoriano ya es un fijo en el once tipo del Swansea. Está, de hecho, entre los diez miembros con más minutos del cuadro galés, y su respuesta en la hierba está siendo contundente. Montero, que empezó el curso con una auténtica exhibición en Stamford Bridge, se está mostrando como un extremos más desequilibrantes de la Premier, y su comunión con Jonjo Shelvey, Gylfi Sigurðsson o Bafétimbi Gomis está siendo un dolor de muelas para las zagas británicas. Como herramienta competitiva de calibre, Montero se está dejando ver en ránkings que habituan nombres importantes. Y si usted no se fía de las cifras, sólo siéntese delante del televisor y véalo galoparJeff está en llamas, y tanto en su club como en su combinado nacional está alcanzando unas cotas de protagonismo que quizás nunca habíamos imaginado para él.pewrk

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