La adultez de l’enfant terrible

step0005Cuando el número 7 del Atlético de Madrid entra en el encuadre no tarda en llamar la atención lo pictórico de su personaje. Parece dibujado por Hergé. Su semblante afilado y juvenil rebosa de una inocencia que en realidadnunca tuvo. La desmienten su tupé rubio, su bigotillo y su sonrisa cuca, pero sin que usted haya tenido tiempo de detenerse a explorar las peculiaridades de su aspecto, él ya habrá llevado a cabo alguna diablura pelota al pie. Antoine Griezmann es un enfant terrible en toda regla.

El motivo de estas líneas, sin embargo, no es presentar al lector la identidad del genio francés, bien conocida por todo aquel que acaricie el fútbol ibérico, sino examinar cómo su comportamiento sobre la hierba se ha actualizado durante el último año y medio a tenor de optimizar el funcionamiento de su nuevo equipo. Y es que la transformación que ha encarnado su juego desde que abandonó San Sebastián ha sido monumental. El Griezmann de la Real Sociedad era un futbolista que vivía recostado sobre la cal. Allí, desde la orilla, creaba diferencias en base a su regate y a su velocidad punta, dotes ideales para eliminar marcas. Aún en Euskadi fue Philippe Montanier quien le acercó al área, haciéndole tomar más peso en el desenlace de la jugada, pero en ningún caso Anoeta conoció a un Griezmann implicado en la construcción de la misma. No obstante, el movimiento sí incrementó de manera considerable sus cifras goleadoras, y eso le abrió la puerta de uno de los grandes clubes europeos del momento.

Al ocaso del julio de 2014 el Atlético había fichado a un jugador resolutivo, que no creativo, aunque eso iba a cambiar. Sin saberlo, Antoine le había tendido la mano a un entrenador que iba a magnificar la amplitud a su repertorio. Y es que el contraer matrimonio con Diego Pablo Simeone no sólo cerró su ciclo más travieso para insertarlo en un profesionalismo casi militar, sino que además ha terminado por descubrirle como un atacante total. Su impacto el pasado curso no llegó a ser inmediato, y el Cholo no lo integró del todo entres sus indiscutibles hasta el invierno, pero consciente del potencial que aguardaba el rubio, lo ubicó allí donde podía exprimir su mejor cualidad: la finalización. Secundando la referencia de Mario Mandžukić en el innegociable 4-4-2, Griezmann se destapó como uno de los arietes más puntiagudos de la élite del balompié español. Registrar 22 goles a final de campeonato lo consagró como superestrella del Calderón, pero Simeone quería más.step0003

Ya el año pasado mostró el técnico argentino especial empeño en que el 7 mezclase con Koke&Arda, pero pese a que existieron momentos de mucha lucidez asociativa, la premisa nunca fructiferó. Ahora, en el año V de su proyecto, Simeone ha puesto sobre la mesa una paradoja mayor: convertir al diminuto galo en la gran rotonda de su itinerario. Es decir, hacer de Griezmann el centro de (casi) todas las decisiones. Es por ello por lo que en este primer mes del ejercicio 2015/16 estamos viendo al francés sin ningún tipo de grilletes, moviéndose por todo el ancho del campo, y participando de forma muy activa en cada posesión. El Manzanares ha terminado por despegarle la etiqueta de jugador de banda, y el chico ha dado un paso más en la comprensión del juego. Los números no lo esconden: la temporada pasada, Griezmann promediaba 23’90 pases por encuentro; esta temporada promedia 44’60. No obstante, aunque su porcentaje acierto en los envíos permanece impoluto, el plan rojiblanco no está resultando ser exitoso. Los madrileños aún deben auto reconocerse después de la remodelación veraniega que ha sufrido la plantilla, reinsertar en el sistema a Filipe, experimentar con Óliver, etc.

Pero hay notas positivas: el evidente incremento de sus responsabilidades en la creación no está lastrando la intuición con la que Antoine Griezmann pisa área: en 5 apariciones oficiales ha anotado 5 goles (3 Liga, 2 UCL). Además, habiendo crecido su presencia en el carril central, el atacante natural de Maçon está mostrándose verdaderamente inspirado a la hora de hilar últimos pases. Los 2’4 pases de disparo que registra por choque en este inicio de campaña liguera cuatriplican los 0’6 del curso pasado. En resumidas cuentas, a 23 de septiembre Diego Simeone todavía no ha logrado que el Atleti carbure tal y como debe, pero en el número 7 de los suyos ha descubierto a un jugador capaz de conjugar el passing game con el gesto final. Será un hallazgo de capital importancia si en algún momento desea incluir en el dibujo a individuos del perfil de Vietto ó Correa sin tener que expulsar del mismo a su mejor hombre, que ahora ya no sólo actúa en el último tercio de campo.

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