Non fu peccata minuta

Era mayo largo y en según qué sitios ya atravesábamos tardes en calzonas. Desvaneció la primavera, el aire ya no trotaba, y el Real Madrid tenía que levantarle la eliminatoria a una Vecchia Signora. Bajo la piel de anfitriona, la Juventus había dado a los blancos un sorprendente estocazo en Turín, y claro, de la vuelta del Bernabéu se habló a maresTrending topic en colegios, peluquerías, ultramarinos y grupos de whatsapp, la remontada estuvo durante ocho días entre los dientes del madridismo, una sobredosis de cuestionable bien para los once que iban a pisar hierba el miércoles por la noche. Decía Manuel Jabois que los jugadores del Madrid “llegan a estos partidos tan cansados de remontar que cuando salen al campo ya no pueden con el alma”. Como muchas veces se intentó, y como otras tantas no se consiguió. Resulta que la épica a la que tanto apelan en Chamartín es un género en blanco y negro. La certeza es que desde la imposición del formato Champions League, hace ya 23 años, el Real sólo ha conseguido completar dos remontadas en el Bernabéu (2001, ante el Galatasaray; y 2002, ante el Bayern Múnich).BIai0AR

En ésta ocasión, sin embargo, el escenario era absolutamente propicio a los blancos. Atravesada al fin la cattiveria venenosa del Atlético de Madrid, los temores habían quedado atrás. Una vez tumbada la resistencia colchonera, el madridismo contemplaba las semifinales como un desafío menor, y lo que ocurrió en Turín, como un accidente. Pero la Juve no era el Atleti, no. El italiano no era un equipo mejor, pero sí diferente, y por tanto requería precauciones distintas. El total naufragio de Mario Mandžukić contra Raphael Varane y Sergio Ramos había impedido a los de Diego Simeone verticalizar como gustan. Anduvieron fallones los colchoneros a la hora de hilar el segundo pase, y el pelotazo se convirtió en la única vía para alcanzar al croata, pero éste ni consiguió un solo apoyo bueno ni ganó saltos que diesen pie a la segunda jugada. Se lo cenaron. Contra la Juventus el cuento era otro. Si algo ha caracterizado el último ciclo ganador de los de Piamonte ha sido su facilidad para pisar área adversaria sin tener la necesidad de construir la jugada de forma sofisticada. Por ideales tradicionales, por la constitución física de algunos de sus mediocampistas, o por la riqueza de matices que aglutinan sus arietes, la Juve simplifica. Se salta segmentos y se sirve de pocos pases para acercarse al gol. Así que ellos sí castigarían la espalda de Kroos, el gran agujero del Año II de Carlo Ancelotti en Concha Espina.

Desenvolviendo ya el relato, después de la histórica exhibición de Carlos Tévez en el partido de ida, las cosas no empezaron mal para los españoles en el segundo episodio. La tribuna espoleaba, el campo se inclinó, y los italianos transmitían inquietud mientras el Madrid iba cociendo su misión a fuego lento. Sus posesiones, sin llegar a ser vertiginosas, sí que aparentaban mucha clarividencia, y llegado el descanso el cuadro de Ancelotti había disparado contra Buffon hasta en 13 ocasiones, además de haber conseguido aquello que necesitaba: un gol. Podríamos decir que al regresar de vestuarios los locales empezaron a fantasear con hologramas de Berlín, pero sería faltar a la verdad. El tanto de Cristiano Ronaldo no calmó los intereses locales, sino que avivó los de los visitantes. El Real prosiguió su speech, pero la responsabilidad había agarrado por el cuello a la Juve: “Haz algo”. Se encendieron entonces los cracks bianconeri, y enseguida demostraron lo fácil que era hacerle daño al Madrid de Carlo. Ocurría poco, pero cada vez que la Juve conseguía acomodar una recuperación, Morata, Tévez, Pogba ó Vidal -¡que defendía a la altura de Pirlo!- salían en estampida hacia el área blanca, y había tanto, tanto espacio, que llegaban siempre. Como se avanzaba en el párrafo anterior, la Juve sabe sintetizar, y entre otras cosas, lo hace aprovechando la salida lateral. Marcelo&Carvajal, tal y como habían hecho durante los últimos dos años, vivían por delante de la divisoria, y detrás suya había tantos metros que cuando los italianos les sobrepasaban Kroos no daba abasto. Si al alemán ya le cuesta bascular en compañía, imagínense cuando le dejan solo. Su segunda parte fue de una indolencia impermisible en un mediocentro de cierre.12f53961_o

El Bernabéu musitaba nervioso, y el gol juventino terminó por caer, pero la película no quedó ahí. El rato restante estuvo repleto de acercamientos que demostraban el carácter y el ímpetu del equipo de Ancelotti, pero las cuatro situaciones de gol que generaron los italianos también dejaron patente su falta de solidez cuando se ausenta Luka Modrić. Y es que resulta maléfico apuntar hacia Toni Kroos sin matizar lo soberbia que fue su campaña hasta que faltó el croata. Modrić compensaba aquellos déficits que hacían permeable a Kroos, pero sin él, el Madrid estaba desnudo, y Ancelotti no supo revestirlo. Porque veamos, no era la primera vez. Entre enero y mayo fueron un sinfín de adversarios los que consiguieron castigar ese espacio. Ya en competición liguera Valencia, Atlético, Córdoba o Athletic lo habían hecho. Y no hablemos del Schalke, que convirtió la espalda del germano en un tobogán hacia Casillas. Kroos sí había demostrado ser un gran edificador, pero después de tantos pasajes y experiencias repetidas, Carletto debió paliar sus flaquezas como regista. No lo resolvió, dejó el problema en manos del azar, y la Juve se lo hizo pagar. La eliminación significó su destitución, pero tan reduccionista es personificar el agujero anterior en Kroos como comprimir todos los errores de Ancelotti en lo acontecido aquella noche de mayo. Aclaremos.

A órdenes globales, la gestión de Carlo a lo largo del curso 2014/15 deja mucho que desear. Al archisabido tema de las rotaciones, escasas e ineficientes, hay que sumar que el italiano tendió la mano a la mitomanía. No es cuestión de hacer sangre, pero en el partido más importante de la temporada, el relatado aquí arriba, Iker Casillas encaja un gol por el centro de la portería. Probablemente la directriz venía de una esfera mayor a la suya, pero Ancelotti debió despojarse de semejante hipoteca. La factura llegó. Mirando hacia otros apéndices, cabe mentar lo mal que compitió el Real contra los grandes durante los dos años que el italiano estuvo al volante. Los números no mienten. En 22 partidos contra Atlético, Barcelona y Valencia, los blancos sólo arrancaron 7 victorias, cosechando únicamente 9 de los 36 puntos que la Liga les posibilitó ante los tres (25%). Este último rasgo es en parte indicativo del que viene a continuación: una serie de gestiones erróneas a la hora de leer lo que pide un partido, o como lo llaman algunos, la dirección de campo. No es ningún secreto que Ancelotti erró en varios de los plot points de la temporada, y sólo hay que mirar hacia Turín. Allí, por ejemplo, flotó a Pirlo, cuando L’Architetto es sabido lunar de la Juve. Andrea respiró, y eso a él le basta. Apretándole, James le habría roto. Ya en la segunda mitad sacó del pasto a Isco, de manera equivocada, con casi treinta minutos por jugar. A la Juve se le estaban engarrotando las piernas, el resultado le valía, y la cuota de balón iba a crecer, y bajo ese contexto el malagueño es uno de los instrumentos más valiosos con los que cuenta el equipo blanco. Además de perder un argumento competitivo, Ancelotti le quitó a Marcelo -uno de los mayores motores creativos del equipo- su juguete preferido. 

En dos años, Carlo Ancelotti enfrentó a Diego Simeone hasta en 13 ocasiones y sólo pudo ganar en 3.

Una de las críticas más usuales: en dos años, Carlo Ancelotti enfrentó a Diego Simeone hasta en 13 ocasiones, y sólo pudo ganarle en 3.

Resulta complicado no orientar esta memoria hacia la semifinal de la última Copa de Europa, no sólo porque recoge la gran mayoría de debilidades de Ancelotti, sino porque acabó siendo una emocionantísima fábula. Intentamos jerarquizar el fútbol, pero es tan lindo que no se deja. En este juego no siempre ganan los mejores. Acá priman azar, astucia y comprensión casi casi por encima del talento, y Allegri entendió mejor la eliminatoria que Ancelotti. La Juventus puso rumbo a Berlín después de un cruce fascinante, y quién iba a decirnos que sería Álvaro Morata el causante de ese giro argumental que hizo que Florentino Pérez destronase a Carletto para sentar a Rafa Benítez en el cargo.

Sabe quien escribe que estos párrafos llegan a destiempo, pero Elminuto93 es un rincón en el que siempre nos prestamos a la reflexión, y había que intentar explicarse por qué quedó en bienio lo que prometía ser imperio por, al menos, el próximo lustro. El Real Madrid de Carlo Ancelotti, ya finito, ha sido uno de los equipos que mejor ha jugado al fútbol en los últimos dos años. Y es éste un factor decisivo, pues en el deporte de equipo el buen juego termina siendo garantía de éxito, y cuando acompañó la salud, el del Madrid fue excelentísimo. Carlo además comulgó de forma permanente con afición, prensa y ejecutiva -la santísima e intocable trinidad-, una condición que no reunían la mayoría de sus antecesores. Durante dos cursos el de Reggiolo había demostrado un saber estar exquisito. Su ceja arqueada, sus trajes, su acento, y esa media sonrisa tan latina suya tenían consigo a Chamartín. Pero el no ganar terminó por ejecutarle. Su vía crucis fue no ser versátil en la toma de decisiones. Carlo no supo moldear a su equipo cuando se agotó su lúcido plan A, algo que, como reza el título de esta reseña, non fu peccata minuta.

Anuncios