Gotas de paciencia

valdivia_em93Normalmente, al sentarme delante del teclado intento eludir a la magia, pues entiendo que es un léxico que el gremio del balompié acostumbra a utilizar con demasiada ligereza, pero creánme si les digo que en el caso de Jorge Luis Valdivia el apodo de ‘El Mago’ resulta más que fidedigno. Nos acercamos hoy a uno de los pocos enganches románticos que resisten en Sudamérica, un tipo de flujo sanguíneo distinto. Pese a conservar mayor autenticidad que el europeo, el fútbol del continente mulato también camina hacia los cánones modernos, y la táctica impera cada día un poquito más. Partiendo de esta premisa, no es difícil comprender la dimensión que tiene Valdivia entre los chilenos. Conste aquí que pese a que a su rostro guarda las inéquivocas facciones propias del pueblo de los Andes, él nació en Maracaibo -Venezuela-. Sus dos hermanos llegaron al mundo en Santiago, pero a principios de los ochenta la aerolínea en la que trabajaba su padre le destinó a oficinas de suelo venezolano. Allí germinó el pequeño Jorge, y aunque al cumplir tres años su familia regresó a Chile, es probable que aquel origen dispar gestase en él una personalidad diferente a la de sus hoy compatriotas, pues Valdivia es rara avis en la selección de Sampaoli

Son días de Copa América, y bajo la piel de anfitriones, los chilenos se intuyen el único escollo que separa a la Argentina del título. Si bien la expedición que encabeza Gerardo Martino no llega a acariciar la brillantez, la albiceleste sí que exhibe la morfología de un equipo simétrico y, cuando se remanga, también dominante. Estando la competición tan exenta de talentos, casi da la sensación de que podría ser un camino de rosas para los argentinos, aunque el fútbol que está practicando ‘la Roja’ sugiere un desenlace más aparatoso. Hijos de Bielsa, los andinos siguen remando en base a la ideosincrasia que un día les enseñó ‘el Loco’, pero el crecimiento interpretativo de agunos de ellos y las acertadas actualizaciones del mecánico Sampaoli le han dado a Chile un valor añadido. Y es que en el fondo estos muchachos siguen respondiendo a las mismas directrices, pero el aprender a dominar tan extensa amalgama de situaciones (la transición, la circulación sostenida, el pressing, la salida de balón, etc.) ha terminado por convertirles en un animal competitivo capaz de tumbar al mismísimo Leo Messi. Este paso adelante, como hemos dicho, no es exclusivamente fruto del enriquecimiento táctico del colectivo, sino que también es consecuencia del zénit de futbolistas como Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Marcelo Díaz o el propio Charles Aránguiz, al que ahora persigue el Manchester City.

Más lejos de esa plenitud está el número ’10’. Jorge Valdivia tiene treinta y un años, y digamos que ni con veinticino le gustó correr. Como todos los magos de verdad, éste siempre tuvo un tinte pintoresco“Él siempre ha sido alegre, echaba la talla, cuando cocinaba me agarraba para bailar, desde chico”, recuerda su madre, Elizabeth. Nunca fue un chico serio, para qué negarlo, y todos estos ingredientes hacían que su compromiso con la selección nacional siempre estuviese en el alambre. ‘La Roja’ no conoce de pechofríos, y por momentos Valdivia lo parece, pero Sampaoli ha conseguido edificarle unos metros de confort que hacen que ese state of mind tan peculiar en el que a menudo bucea ‘el Mago’ no sea una flaqueza, sino una plusvalía para Chile. A tenor de una serie de movimientos de pizarra, asignar al jugador esfuerzos cortos y amplificar el de algunos compañeros, el técnico argentino ha conseguido una más que productiva retroalimentación entre individuo y colectivo. Lo cierto es que en realidad, Sampaoli sabe que los beneficios que encuentra en Valdivia no lo puede exprimir a ningún otro integrante de su barracón. Al disminuir su gasto de oxígeno y situarse en segmentos de hierba de poco tráfico, Valdivia logra abstraerse del altísimo voltaje al que trabaja su equipo, y en paciencia, empieza a generar una ventaja detrás de otra. Los 8 pases de disparo que acumula en 248 minutos no son una casualidad. Quizás catalogarle como el epicentro chileno sea exagerado, pero sus ocurrencias con la pelota dan a pensar que está en otra escala intelectual.

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