William Carvalho, el escudero

La robustez de su efigie y un semblante de glotón de película americana hacen de William Carvalho un futbolista fascinante. Precisamente porque con la apariencia que gasta, la de un jovencito pesado de casi metro noventa, resulta difícil asimilar que una persona de sus proporciones sea tan sumamente coordinada en los movimientos que ejecuta sobre el césped. William ya se ha codeado con los mejores, es internacional absoluto con Portugal y la pasada temporada acumuló un montante de minutos más que respetable con el Sporting, incluyendo participaciones en Champions League. Podemos hablar de una consolidación casi completada en la élite. Sin embargo, pese a este prematuro proceso, el chico apenas acaba de cumplir veintitrés añitos, rango de edad que le permite participar en el Europeo sub-21 de la República Checa, donde la diferencia con los rivales se acrecienta hasta el punto de ser escandalosamente manifiesta. Rodeado de muchachos mancebos como él, la superioridad física de William es tan evidente que, unida a sus dotes con el esférico, acaba cautivando con apenas verlo un par de partidos de forma consecutiva.

Y es que si el combinado luso se está destapando como una selección a tener en cuenta es gracias al armazón defensivo que monta Rui Jorge, que incluso parece alimentar las buenas intervenciones bajo palos de José Sá. En este entramado William es una pieza básica. Con zancada amplia, Carvalho es capaz de abrigar a su defensa en todo lo ancho del campo. Él solito, colocado en el vértice inferior del triángulo que forma Portugal en el medio, se basta para abarcar una parcela de terreno amplísima y facilitar la tarea defensiva de sus compañeros. Su corpulencia es la mejor de las armas intimidatorias, pues ni siquiera necesita hacer faltas para recuperar balones o ganar cualquier pelota dividida en el aire. De hecho, en 180 minutos de competición solo ha cometido una infracción, de ahí que todas las recuperaciones que realiza tengan un valor añadido.

BRASILIA, BRAZIL - JUNE 26:  William Carvalho (L)and Bruno Alves of Portugal walk in the tunnel prior to the 2014 FIFA World Cup Brazil Group G match between Portugal and Ghana at Estadio Nacional on June 26, 2014 in Brasilia, Brazil.  (Photo by Stuart Franklin - FIFA/FIFA via Getty Images)

Carvalho es el eslabón fundamental de la cadena, pues si alguien ha de empezar a maquinar las jugadas de ataque ese es él. Y es que el ‘6’ luso también tiene una facilidad bárbara para sacar el balón limpiamente desde la retaguardia, siendo precisamente esto otro motivo de sorpresa y elogio a tenor de lo comentado. En los enfrentamientos con Inglaterra e Italia fue el jugador con mayor número de pases completados (en ambos dio 72), con unas cotas de acierto cercanas al 90%. Atesora una claridad palpable para elegir la mejor opción, sin necesidad de complicarse la vida ni dar más toques de los estrictamente indispensables. Solo habiéndole visto jugar, uno comprende que sea el futbolista del Europeo con el valor de mercado más elevado según Transfermarkt y que clubes importantes de la Premier estén sondeándolo en busca de una operación futurible. Con apenas dos partidos disputados, William Carvalho es una de las sensaciones del torneo, como también lo está siendo, en toda su extensión, Portugal.

Con la roca Carvalho en la cobertura, la selección lusa encomienda las tareas más creativas a otros dos chavales que están transmitiendo igualmente una grata sensación. Sérgio Oliveira pone la templanza, la visión de juego y el último pase; y Bernardo Silva aporta el picante, el dribbling, la gambeta. De look algo anacrónico y  menudito de estatura, el jugador del Mónaco acostumbra a coserse el balón a la bota y a escurrirse entre los zagueros con aparente comodidad, lo que le convierte en otro de los focos sobre los que depositar la mirada. Sérgio y Bernardo contribuyen igualmente a darle solidez a la sala de máquinas portuguesa, aunque tener a William como escudero les otorga mayor libertad de movimientos en la parcela ancha, lo que acaba jugando a favor de los ataques del cuadro ibérico.

Independientemente de la eficacia goleadora de los lusos, a quienes les está costando transformar pese a que generan peligro, la fortaleza defensiva le basta de momento a Portugal para ganarse el respeto entre el resto de aspirantes al título. Todos ellos disponen de algún jugador de referencia, pero ninguno cuenta en sus filas con un escudero como William Carvalho, de esos que no necesitan ni lanza ni armadura.

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