Una personalidad olvidada

PiquéSu pico ladrador y su cara de niño guapo lo enroscaron en la farándula, y en 2014 Gerard Piqué atravesó el charco más profundo de su trayectoria profesional. Desde hace algunos años se le acusa día sí y día también de mezclar en demasía intimidad o compromiso político con su oficio, y muchos lo hicieron con tanta malicia que se olvidaron de medir su rendimiento real dentro del campo. El tiempo le oxidó un poquitín la cadera, es verdad, pero el ‘3’ del Barça jamás ha dejado de ser un central diferencial. Piqué, es más, ha sido el sostén de su equipo desde que Guardiola marchó de la ciudad condal para exiliarse a Nueva York, el rastrillo que barre todo desperfecto del sistema, y parece mentira que Luis Enrique no se percatase de ello hasta finales de noviembre.

En relación a este asunto cabe apuntillar, no obstante, que el entrenador astur rectificó en su momento, y de manera muy acertada. De hecho, el conducir al Barcelona a escenarios en los que Piqué se hace fuerte constituye uno de los grandes éxitos de Lucho desde que dirige los mandos de la aeronave culé. Y hay que añadir en esta secuencia que el central catalán ha respondido como un auténtico titán a esta concisa metamorfosis en la que está inmerso su club. El Barcelona ha aprendido a agazaparse en momentos de total tensión, a retrasar líneas llegados ciertos compases de los grandes partidos, y a atraer al adversario hacia su mitad del campo. En ese contexto, la tripleta sudamericana, que responde al ya popularizado nickname de ‘la MSN’, se estira como un chicle hasta el área rival, y es sólo cuestión de tiempo que sentencie el marcador. Las estampidas de Messi, Suárez y Neymar son tan feroces, y a la vez tan autosuficientes, que por momentos transforman el dibujo de Luis Enrique en un 4-3-0-3, como dice un buen amigo mío. Gran parte de esta nueva guisa, que se cuantifica en 20 victorias en las últimas 21 fechas, se cimenta en las fortalezas de Gerard Piqué. En este sentido, se podría decir que hoy el esbelto central es, obviamente por detrás de Leo Messi, el jugador más importante de la plantilla. Y, de hecho, si uno lo piensa detenidamente, Piqué y el rosarino son además los únicos reductos del Barça de Guardiola que conservan una soberana importancia en el Barça de 2015.

Dígase, anyway, que en términos numéricos el de Gerard Piqué no es un nombre líder, pero si se rema lento se averigua que el catalán sí está entre los más determinantes del panorama continental. Debe constar aquí que el Barça acostumbra a promediar un 70% de posesión, lo que significa que sus adversarios sólo tienen la pelota un 30% del tiempo. Con tan ridícula cuota de balón, el volumen de llegadas de esos equipos disminuye de manera sustancial, y por tanto también el intevencionismo de los defensores culés. Por ahí se intuye que las cifras de tipos como Diego Godín, Nicolás Otamendi, o el jovencísimo Emiliano Velázquez, habituales en los ránkings de estadísticas referentes a defensores, siempre van a tener mayor relieve que las de Piqué, al estar sus equipos más expuestos que el Barcelona. Sin embargo, trazando con cuidado, si evaluamos los partidos más exigentes que ha disputado el Barça en el presente curso, se observa que su rendimiento sí es top. Síganme, vamos a hacer un pequeño repaso por los días marcados en rojo del calendario azulgrana.Piqué2

25 de noviembre. Santiago Bernabéu. El Real Madrid sonaba por aquel entonces como el motor de un Aston Martin. El debut de Suárez ya aliñaba el partido, pero el respeto que infundía el corcel blanco hizo que Luis Enrique también reincorporase en su alineación a Piqué, cuya presencia en los onces había sido muy intermitente durante el primer tercio de temporada. La operación fue correcta, pues el canterano se materializó en mástil y sujetó a su equipo impidiendo que se hundiese, pero el chico tuvo la mala fortuna de que cometer un ligero pecado que muchos entendieron como capital. Aquel errata acabó en penalti en favor de los madrileños, que empataron el choque, y muchos lo encontraron razón para responsabilizar a Piqué de la derrota final. No obstante, y aunque las pirañas pidiesen su cabeza, su partido había sido excelentísimo, y Lucho lo sabía. Y el tiempo iba a poner las cosas en su sitio.

30 de noviembre. Probablemente uno de los encuentros más sufridos de la temporada para el Barcelona. Los culés se vieron superados por el fútbol reactivo del Valencia, pero alguien sostiene el marcador en igualdad. El de siempre. Aquel domingo por la noche, el haber de Gerard Piqué registra, entre otras muchas cosas, 3 intervenciones en el área chica, y quien vio aquel partido sabe que aquello eran goles. Los azulgrana terminaron ganando en el descuento gracias a una genialidad de Messi, pero los tres puntos no existen sin Piqué, y la de Mestalla es una de esas victorias de las que nos acordaremos en mayo si el Barça es campeón.

10 de diciembre. Con la primera plaza del Grupo F de UCL en juego, el Paris Saint Germain llega al Camp Nou, y lo hace con fuego. El Barça es incapaz de rebajar los impulsos galos, pero tiene a su comodín Piqué. Otra vez. 1 tackle, 2 intercepciones, 12 despejes, 2 bloqueos, y en definitiva, expulsa del área un total de 11 balones. La MSN decide el partido ¿Les suena el desenlace? Seguramente sí, pero no nos detengamos. Viajemos ahora un mes en el tiempo, concretamente al 11 de enero. Estamos ante el que muchos culés consideran el mejor partido de la temporada hasta el momento. Y es que aquella primera media hora fue digna de los mejores tiempos. Pero enfrente estaba el Atlético, paradigma de la competitividad, y tras el ecuador cambió el guión. Los de Simeone redujeron distancias y apretaron, pero Luis Enrique ya había recurrido al plan elegido para este tipo de situaciones: potenciar la figura de Piqué, y vivir del contragolpe sudamericano. Y su particular pilar reponde: 3 tackles, 3 intercepciones, 6 duelos aéreos ganados, 10 despejes, 1 bloqueo, y un total de 17 balones expulsados del área.

24 de febrero. Por segundo año consecutivo, el Barça tuvo que viajar a Manchester en octavos de final de Champions League, y otra vez regresó del Etihad con la eliminatoria en la mano. El partido lo condicionó de principio a fin el mejor jugador del planeta. Leo Messi se cenó al City. El argentino vistió piel de playmaker, como acostumbra a hacer en 2014-15, y la sinergia de ventajas corales era constante. El Barcelona brillaba, pero bien sabemos que a los citizen les sobra calidad, y es casi ineludible que te devuelva algunos golpes. Y ahí volvió a intervenir Piqué, cuyos números hablan de una nueva respuesta titántica: 3 tackles, 1 intercepción, 4 duelos aéreos ganados, 10 despejes, 6 bloqueos, y un total de 14 balones expulsados del área. Sólo una vez se escurrió el Kun Agüero hasta Ter Stegen, y acabó en gol, pero el Barça estaba ya en el bombo de cuartos.

23 de marzo. Además de retratar los métodos del actual Barça, un tanto alejados de su filosofía de juego convencional, el último Clásico es también la perfecta fotografía que inmortaliza el momento de Gerard Piqué. No sabemos muy bien si fue voluntaria o involuntariamente, pero tras el testarazo de Mathieu, el Barcelona tuvo que ceder el balón. Durante cerca de una hora, el Real Madrid sitió terreno culé y quemó toda su batería ofensiva. El grado de inspiración era alto, la pelota iba rápido, y los de Ancelotti estrujaban a los de Luis Enrique contra Bravo. Y sin embargo sólo fueron capaces de atravesar al chileno una vez, entre otras cosas porque Piqué no les dejó llegar hasta él. El ‘3’ blaugrana fue tótem, y nos dejó en el paladar una de las exhibiciones defensivas del año. Los números vuelven a corroborarlo: 5 tackles, 5 intercepciones, 2 duelos aéreos, 6 despejes, 2 bloqueos y un total de 13 balones expulsados del área. Quizás por ser la prueba más exigente, es también la más gráfica. La unanimidad de la opinión pública, que siete meses atrás decía verlo acabado, se rindió a él en el postpartido.

Gerard Piqué (Barcelona, 1987) llega en estado de gracia a la primavera de 2015, como un Barcelona que, tan discutido a lo largo del curso, arriba a abril conservando opciones de ganarlo todo. Quizás los títulos que tan cerca están despejen la nube de animadversiones que despierta Luis Enrique entre una facción del barcelonismo, que no perdona que el asturiano les haya despegado la pegatina Cruyff en favor de un equipo de fútbol más competitivo que los de Vilanova o Martino. Igualmente olvidan que la mutación a la que ha sometido al Barça es la que ha traído de vuelta al marciano Messi, o la mejor versión de un Piqué que de nuevo luce entre los mejores zagueros de Europa, lo que siempre debió ser. Agréguese que el segundo dio la cara en las malas, y que probablemente con él sobre el césped en los últimos cuartos de final de Champions League, el Barcelona no habría sufrido tal descosido en esa primera mitad electrizante del Vicente Calderón. Por esa razón hay que perdonar sus coletazos de adolescencia, cada vez menos comunes, y mirarle como lo que es. Ese capitán sin brazalete que habla cuando las cosas se tuercen, ese titán que lleva años combatiendo las flaquezas del equipo. Una personalidad olvidada.

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