Edición limitada

IBRA_13Si nos pusiéramos a recopilar todas y cada una de las frases célebres que han salido de la boca de Zlatan Ibrahimović, la gran mayoría de las mismas pasadas de tono, quizás podríamos editar un volumen más vasto que el Antiguo Testamento. Hay tantas que es difícil decantarse por cuál es la más curiosa de todas, pero hay una cita que pronunció nada más aterrizar en París, allá por 2012, que viene a resumir en esencia la personalidad del sueco: “No conozco a ningún jugador de la liga francesa, pero estoy seguro de que todos ellos saben quién soy yo”. Así es Zlatan, egocéntrico como pocos, pero capaz de acumular en su figura una calidad futbolística que supera en cantidad incluso a su altivez. Es un fuera de serie, y él lo sabe.

Las circunstancias vitales de sus progenitores (eran inmigrantes balcánicos instalados en Escandinavia) hicieron que Zlatan naciera en Malmö, en el extremo meridional de Suecia. En parte, la carga genética transmitida por sus padres podía hacernos adivinar la fuerte personalidad que desarrollaría el chico y que en la actualidad constituye uno de sus principales rasgos de identidad. Fue en su ciudad natal donde empezó a forjarse como futbolista. Debutó siendo un crío con el Malmö FF, y aunque la liga sueca de fútbol nunca se ha caracterizado por ser precisamente mediática, pronto equipos importantes del continente pretendieron hacerse con sus servicios. A punto estuvo de firmar por el Arsenal cuando tenía 17 años, pero cuando Arsène Wenger le propuso hacer una prueba con el club gunner para ver cuán bueno era, ‘Ibra’ se negó. Él no hacía pruebas. Fue el Ajax el primero en pujar fuerte por el chico, desembolsando casi 8 millones de euros por un joven imberbe y de expresión desafiante. Su actuación en Amsterdam estuvo a la altura del hype con el que había llegado y tuvo tiempo de dejar detalles para el recuerdo como el famoso gol ante el NAC de Breda y la consecuente rotura de cintura de los defensas que intentaban deternerle. Para entonces su nombre ya sonaba con fuerza en las escuadras más poderosas del viejo continente.IBRA_AJAX

Desde aquellos inicios hasta el día de hoy todos conocemos la trayectoria de ‘Ibracadabra’. Pasó por los tres clubes más poderosos del Calcio y por el FC Barcelona antes de asentarse en la capital gala, el que parece su destino definitivo. En todos sus lugares de tránsito dejó momentos memorables y protagonizó situaciones extraordinarias, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego. En Turín, su incidente más estrambótico se produjo cuando en una noche de celebración por el título de liga conquistado Zlatan acabó durmiendo borracho en una bañera, expulsando vodka por sus poros cutáneos. Aunque claro, él cargó el muerto a Trezeguet, que fue quien supuestamente le incitaba a la ingesta desmesurada de alcohol. Pero sin lugar a dudas el mayor de los rifirrafes lo vivió en el Barça. El club español había desembolsado una millonada por él (aunque pagar cifras realmente elevadas por sus traspasos venía siendo lo habitual), se encontraba rodeado de los que consideraba mejores jugadores del planeta y tenía todo a su favor para ser protagonista de una época gloriosa. Sin embargo, ya sabemos el desenlace. Sus desavenencias con Guardiola generaron una coyuntura insostenible que acabó con Ibrahimović haciendo las maletas. Para entonces, el sueco ya consideraba a Pep como al enemigo, tal y como apunta en su libro, obra en la que vierte toda su bilis sobre “el filósofo”. Nunca llegó a comprender su falta de protagonismo en el conjunto culé. “Has comprado un Ferrari y lo estás conduciendo como si fuera un Fiat”, comentó en una ocasión. En definitiva, su fuerte carácter y el de Guardiola chocaron de la misma manera que dos polos de igual carga eléctrica se repelen.

Aun así, ni por esas el rendimiento de Zlatan pudo ponerse en tela de juicio. Su promedio de goles por partido en Can Barça rozaba el 0’5, cifra ligeramente inferior a su media histórica desde que es futbolista, que se sitúa por encima de un gol cada dos partidos, pues sus cifras anotadoras se han engrosado todavía más desde que llegó al Parque de los Príncipes. Aquí parece haber alcanzado su cénit futbolístico. Él mismo apostilló, “soy como el vino, mejoro con los años”. Su presencia sobre el césped resulta altamente intimidatoria para los zagueros rivales, conscientes de que es un monstruo con la pelota. Precisamente ese es otro de los hechos más llamativos que envuelven la figura del gigante sueco. No resulta fácil comprender cómo un tipo de su envergadura puede atesorar una técnica tan exquisita. Sus habilidades en el campo de las artes marciales, es cinturo negro de kárate, le permiten realizar movimientos más propios de Nadia Comaneci que de un delantero tosco como él. Por eso es capaz de pinchar con su bota balones llovidos del cielo sin romperse las ingles. A su corpulencia física y su destreza con el cuero se le une un golpeo incatalogable. Algunos de sus disparos aúnan la violencia de un servicio de Andy Roddick y la precisión de Ronnie O’Sullivan con el taco de billar. Una salvajada, vamos. Pero su peculiar estilo va más allá de lo imaginable. Hasta tal punto que en 2012 la Academia de la Lengua de Suecia decidió incorporar a su diccionario oficial un nuevo neologismo inspirado en el futbolista. El término en cuestión, “zlatanear”, y su significado, “dominar con fuerza”, cómo no.IBRA_2

Con esas características y semejante autoconfianza no es de extrañar que la jerarquía de Ibrahimović en el vestuario parisino se sitúe en la cúspide estamental. En este sentido, una de las anécdotas más destacadas la sacó a la luz no hace mucho su compañero Marco Verratti. “Nos preparábamos para jugar con el Lyon en 2013, aspirábamos a ganar el campeonato francés. Entonces Ancelotti estaba algo nervioso e ‘Ibra’ se acercó a él. Le preguntó si creía en Jesucristo y el técnico dijo que sí. ‘¡Qué bien, porque lo tiene delante! Crea en mí, entonces ya se puede relajar'”, cuenta el centrocampista que le dijo Zlatan a Carletto. Nada nuevo, en realidad. Y es que cuando el sueco habla, sus compañeros obedecen, y si dice que en zona mixta no se atiende a la prensa, nadie hace ni una sola declaración. Vamos, que si jugara con las mangas recogidas a la altura de los hombros sería lo más parecido a un Mark Lenders personificado.

Su relación con los medios, por cierto, siempre ha sido… no sabría definirla, en realidad. El caso es que el mismo respeto que infunda en sus colegas lo impone sobre una buena parte de los periodistas. En esta faceta, el suceso más conocido acaeció cuando una reportera le preguntó por su supuesta homosexualidad, a lo que el genio sueco contestó: “Venid luego tú y tu hermana pequeña a mi casa y os demostraré quién es el gay”. Otra perla más de Zlatan, que, a propósito, significa “de oro” en bosnio.

Todo este conjunto de peculiaridades acaban convirtiendo a Ibrahimović en un ser irrepetible, único en su especie. Y aunque rebose arrogancia en muchas de sus intervenciones, el tipo también ha demostrado tener una gran conciencia social cubriéndose el torso de tinta por una buena causa. Por eso, una de las sentencias más irrefutables sobre el 10 del PSG que he podido leer la vi plasmada sobre una camiseta de diseño. En ella aparecía la silueta del sueco portando la casaca amarilla de su selección y un rótulo sobre la misma que decía: “There’s only one Zlatan”.

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