No hay milagros en Eibar

Era el 25 de mayo de 2014, y en un pequeño municipio guipuzcoano se vivía un ambiente de espera, de tensión y anhelo. Era la noche de un ascenso histórico, tras aquel golazo de Jota Peleteiro, y una media hora de sufrimiento, se lograba una meta que ni los más crédulos hubieran dado por válida hace 3 años, cuando el Eibar intentaba una y otra vez ascender a la división de plata, quedándose siempre a la orilla. Para contextualizar a nuestro lector, nos vemos obligados a resumir la historia de este equipo norteño en unas líneas. Hablamos de un club de 74 años de existencia, que ha pasado 28 de esos años en la Tercera División española, otros 7 en la Segunda B, y 26 más en Segunda. Cuyo palmarés abarca dos títulos del Campeonato de España de Aficionados y tres de la División de Honor Regional de Guipúzcoa. Así nos hacemos una mejor idea de la dimensión que conlleva el estar ahora en la mejor liga del mundo para un club como el Eibar.eibar-asciende-250514

Tras 22 jornadas, los armeros contemplan desde un comodísimo octavo puesto cómo el mundo los admira. Rascando puntos en campos como el Sánchez Pizjuán, Balaídos, Cornellà-El Prat y San Mamés, son ya 27 los que adornan su casillero. Con la permanencia como único objetivo, el trabajo parece muy cerca. Demasiado. Y es que antes de la derrota en Riazor, Garitano afirmaba ante los medios que los suyos deben espabilar. El partido le dio la razón. Y es que los elogios pueden haber mermado el hambre de los guipuzcoanos, dejándolos en un lugar peligroso por su cercanía a los puestos europeos, pero que en realidad esconde una distancia respecto a los puestos de descenso de sólo 8 puntos. El míster lo sabe mejor que nadie, y por ello el partido de este lunes frente al Elche en casa es una prueba de fuego por ser un rival directo de “esa otra liga”.

A pesar de las etiquetas que se le ponen a todo equipo recién ascendido, el Eibar no es solo rocoso, no es solo bajar al barro y fajarse con multimillonarios a base de corazón y esfuerzo. Los armeros también hacen buen fútbol, y lo coronan con golazos jornada sí, y jornada también. En ataque, Arruabarrena y Piovaccari han hecho 9 de los 25 tantos de su equipo, mientras que Saúl Berjón es el máximo asistente con 7 pases de gol. Estos tres futbolistas, junto a Ander Capa, forman la delantera tipo del conjunto azulgrana. Una delantera que hasta ahora le ha dado grandes resultados a los de Ipurúa. Podríamos nombrar a otros tantos jugadores que han dado un rendimiento de calidad inesperada: Eneko Bóveda, Xabi Irureta o Javi Lara entre ellos, pero entonces no acabaríamos nunca.El-entrenador-del-Eibar-Gaizka_54422343763_54115221152_960_640

Los datos que destierran a las etiquetas de equipo duro y que vive del balón parado son claros. El 72 % de los pases que realizan los vascos son pases cortos. Es decir, casi 3 de cada 4 pases van a un compañero cercano. Si bien es cierto que los dígitos de otros conjuntos en este apartado son mayores que los del Eibar, a estos no se les tilda de juego simplista. “Equipo defensivo” es otro de los sambenitos que acompaña a los vascos. En cualquier programa deportivo, en el día antes de un partido frente a un grande (únicos momentos en los que hablan de “equipos menores”), verán a los armeros retratados como un entramado defensivo centrado sólo en evitar que las estrellas lleguen a Irureta. Como si los goles a favor no importaran en el fútbol. De nuevo un tópico que desterramos: 25 goles ha marcado el “equipo menor”, el octavo más anotador del fútbol español.

Unos chicos casi de barrio, feos, fuertes y formales, que han ido creciendo, sacando fuerzas de flaqueza, y que encontraron en Gaizka Garitano al entrenador ideal para dar un salto histórico que se antojaba utopía. Porque Gaizka no es un mesías, ni los jugadores apóstoles. El Eibar no es una religión, es un equipo. Un Equipo. Un conjunto de hombres que luchan y trabajan, porque no creen en los milagros.

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