La vida de Eidur

Reykjavík, IcelandUbicada muy cerquita del Círculo Polar Ártico encontramos Reikiavik, mayormente conocida por ser la capital más septentrional de cualquier Estado soberano que por haber engendrado a personajes ilustres. No es este el fuerte de Islandia, país de contrastes: de volcanes y desiertos; de geíseres y glaciares. Pero en un planeta cada vez más globalizado, también en el plano deportivo, una ciudad como esta también tenía que ser cuna de futbolistas de alta alcurnia. Y sin duda alguna, el más carismático de todos ellos tiene por nombre Eidur, Eidur Gudjohnsen.

No es que sea Islandia tierra de tradición futbolística. El balonmano es considerado deporte nacional. En parte, la meteorología tiene que ver un poco con esto. Los inviernos en la isla son duros y la temperatura media diaria no sobrepasa en la capital los 5 grados hasta que llega el mes de mayo. En consecuencia, la liga nacional de fútbol  se ve obligada a disputar el campeonato únicamente en las estaciones de primavera y verano. No es un campeonato muy profesionalizado, que digamos, de ahí que los pocos talentos nacionales que despuntan desde jóvenes no tardan en coger el primer vuelo en busca de un contrato profesional en los países del continente. Este fue el caso de Eidur. Descendía de una familia futbolera. Su padre también era jugador profesional y fue quien le aconsejó dejar su país natal en busca de una oportunidad. Sin haber cumplido la veintena, el joven de cabello rubio platino partió hacia Eindhoven, su primer destino fuera de Islandia. Era todavía un chico bisoño, por lo que las oportunidades en el equipo de la Philips no fueron abundantes en los dos años que estuvo. Aun así, el mero hecho de jugar en una liga de mayor potencial a la de su patria ya le valía para disputar sus primeros partidos con la selección nacional. Con 18 años ya se había enfundado la elástica islandesa y hasta en un encuentro amistoso frente a Estonia entró al campo sustituyendo a su progenitor, algo inédito en la historia de este bendito deporte.ew

Una vez cumplida la veintena, Eidur iniciaría la etapa de su despegue futbolístico. Un trayecto que comenzó en Bolton, en la segunda división inglesa. Allí el chico se fogueó, dispuso de cierta continuidad y a base de buenas actuaciones consiguió el pasaporte hacia un club con mayor solera. El inició del siglo XXI no había sido demasiado bueno para el Bolton, que envuelto en problemas financieros aprovechó la ocasión para vender a Gudjohnsen al Chelsea por 4 millones de libras. Era el año 2000.

El equipo blue no era por aquel entonces el gigante mundial que es hoy en día, pero sí constituía un escenario donde demostrar a un público mayoritario su valía. Y  Gudjohnsen lo hizo. Se convirtió en un delantero de garantías y elevó su cotización en el mercado. No sería hasta 2003 cuando Roman Abramovich aterrizase en Londres con los maletines rebosantes de billetes, y no del Monopoly, precisamente. La inversión del magnate ruso en el Chelsea no tardaría en generar efectos positivos a corto plazo. Futbolistas más reconocibles, en cuanto a nombres sobre todo, desembarcaron en el Bridge y pronto hicieron del cuadro londinense un equipo hipercompetitivo, también a nivel continental. El Chelsea empezó a codearse entre los grandes y Gudjohnsen se transformó en una pieza importante en este ascenso estamental. Aún recuerdo esa partido de Champions en Stamford Bridge contra el Barça de Ronaldinho, Eto’o, Deco and company. Y el 4-2 final a favor de los de Mourinho, recién llegado y que hizo formar ese día en ataque a Eidur y a Mateja Kezman. Por detrás otros ilustres como Lampard, Joe Cole o Damian Duff. Cuantísima gloria.

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Durante su periplo en Londres, Gudjhonsen configuró al lado del mítico Jimmy Hasselbaink una pareja que llegó a llevar al Chelsea pre Mourinho a una semifinal de Champions League.

Pero pronto el capital ruso se tradujo en incorporaciones de postín para la delantera blue. Didier Drogba o Hernán Crespo llegaron al club. Más tarde aterrizó Shevchenko. El incremento de la competencia por un puesto afectó lógicamente a Eidur. Cierto es que el islandés había incorporado a su juego nuevos registros, ya no era un hombre de área sino un trequartista más profundo, pero creyó que era el momento oportuno para cambiar de aires y firmar por una de las entidades más mastodónticas del panorama internacional, el Fútbol Club Barcelona. Seguía estando en la cima.

Pasó tres años en Can Barça, promediando unos cuarenta partidos por temporada. Su rendimiento no sería el de sus mejores años en el Chelsea, y aunque quedó permanentemente en un plano secundario, su aportación fue más que aceptable. Entre tanto, su estancia en España le valió para seguir engrosando su palmarés de títulos, con el ‘triplete’ de la 08/09 de por medio. Pero su etapa en Barcelona acabó. Los años pasaban factura y la luz de su figura futbolística cada vez era más tenue, aunque lo suficientemente fuerte como para seguir iluminada.gudjohnsen31

Pasaría momentos difíciles en lo personal y en lo deportivo. Su adicción a los casinos le ocasionó deudas de hasta 6 millones de libras, las cuales saldó hace poco menos de dos años, y todo ello al mismo tiempo que deambulaba por Europa en busca de un lugar en el que asentarse. Sin embargo, desde que dejara el Barça, sus equipos se pueden contar por cursos. Pasó por Mónaco, Tottenham, Stoke, Fulham, AEK e incluso los dos clubes de Brujas en temporadas consecutivas.

Ahora, con 36 años y ya retirado de la selección islandesa, de la que es el máximo goleador histórico, Eidur ha decidido cerrar el círculo y volver al lugar donde empezó a darse a conocer: a Bolton, club que ha sido capaz de juntar en la presente campaña a Emile Heskey y al propio Gudjohnsen (entre ambos suman ¡73 añazos!). Está claro que el rubito quiere seguir alargando su maravillosa historia con el fútbol.

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