La tarde de los brazos rotos

“Estoy orgulloso de mis jugadores porque cada uno de ellos ha estado espléndido. Lo corrobora el espíritu que han mostrado cuando Andrew Boyce decidió hacerse cargo de la portería. Los hinchas, que también han estado magníficos, han podido ver que los jugadores lo han intentado hasta el final. En ese sentido también estoy un poco disgustado con ellos, sobre todo con nuestros dos porteros, por el resultado. Hemos sido mejores”. Estas eran algunas de las palabras que empleaba Mark Robins para describir uno de los partidos más dantescos que ha vivido desde que es entrenador del Scunthorpe United.

En su último encuentro recibían la visita del Bristol City, uno de los ‘cocos’ de su categoría (la tercera división del fútbol inglés). Habitando en la parte baja de la tabla seguramente no auguraban un partido fácil contra el colíder de la League One, pero lo que no esperaban ni por asomo es que el sino les deparara un choque con tantos hándicaps extra. Y fue tal cual porque a los diez minutos de contienda su arquero titular, Sam Slocombe, tenía que abandonar el campo con un brazo roto. Lo hacía cabizbajo pero por su propio pie, acompañado por el médico del club. Era simplemente el primer contratiempo.

Discurrió entonces el partido por un cauce relativamente estable hasta que a falta de diez minutos para la conclusión del primer acto el defensa local Andrew Boyce cometió penalti. La pena máxima dejaba ciertas dudas y aunque fue protestado, el árbitro no iba a alterar su decisión. Se complicaron un poco más las cosas cuando Emmanuel-Thomas convirtió el lanzamiento. No estuvo lejos de pararlo James Severn, que por aquel entonces ya llevaba sobre el césped 25 minutos. Ya saben, poco antes había sustituido a su compañero lesionado.

Pero la situación, que como todo era susceptible de tornarse todavía más kafkiana, se iba a enrevesar un poquito más siete minutos más tarde. Tras una gran acción del Bristol, Severn salía a repeler un disparo a bocajarro de uno de uno de los atacantes rivales. La parada había sido de mérito, pero la fenomenal intervención había ido acompañada de un fortísimo choque con el delantero que dejó al meta tendido sobre el césped durante un lapso de tiempo considerable. Sí, también se había lesionado. Segundo brazo roto de la tarde (no es broma) y esta vez con los camilleros teniéndose que emplear a fondo (foto de portada).

Evidentemente el banquillo del Scunthorpe no contaba con más porteros, así que tuvo que ser el bueno de Andrew Boyce, que hasta entonces había compartido pareja en la zaga con el español Miguel Ángel Llera, quien se abrochara los guantes. El caso es que según reveló el asistente de los Iron*, Boyce no fue el único voluntario para ocupar la portería. “Con el juego detenido tuvimos una conversación y Boyce me dijo que con 10 años había jugado de portero, así que tomamos la decisión realmente rápido porque además el chico estaba muy confiado”, comentó a la prensa el ayudante de Robins.

Andrew Boyce, el portero que tuvo que improvisar el Scunthorpe.

Así pues, con el marcador en contra y los dos porteros naturales en el hospital, el Scunthorpe se dispuso a jugar lo que restaba de partido (¡más de la mitad!) con un defensa bajo los palos. Y el caso es que según narran las crónicas del partido, la actuación de Boyce, entendida en su contexto, fue admirable. Tuvo que emplearse con firmeza en varios corners, despejando la pelota en un par de ellos y haciéndose con el balón en otro. Además, tal y como relatan algunos medios británicos, frustró una jugada bastante clara de Emmanuel-Thomas. Lo cierto es que su ejercicio en la meta rozó por momentos la heroicidad, hasta que en el minuto 85 un disparo desde fuera del área sacó a relucir sus carencias bajo el arco. Quiero decir, era un disparo que habrían parado 9 de cada 10 porteros profesionales.

Visto lo visto, el 0-2 final pareció el menor de los males para el Scunthorpe. No hubo más goles ni tampoco más lesionados. Con dos brazos rotos y un parte de baja superior a los tres meses para cada portero había sido suficiente. Y todo en la misma tarde, en el partido más surrealista que recuerdan en la ciudad del hierro.

Pincha aquí para ver los highlights del partido.


* Scunthorpe es una pequeña ciudad de no más de 80.000 habitantes situada en el este de Inglaterra. Es conocida principalmente por albergar el centro de la industria metalúrgica más grande del país. Es por ello que al equipo se le conoce como The Iron (hierro, en inglés)

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