El Atlético a doble partido

Cuando la pelota quema y el especular se convierte en razón de ser hay un equipo de fútbol que es infinitamente superior al resto, y lo es porque aborda el escenario de la igualdad con una astucia diferencial. Les hiela la sangre, y por eso están donde están. En los últimos tres años han ganado 20 de las 24 eliminatorias a las que les ha expuesto el calendario, y el especial instinto de su líder para competiciones que se rigen en estos formatos hace que por segundo año consecutivo aspiren a ser la cima de Europa. Berlín queda muy lejos, pero ellos van campo a través. De momento, la semana pasada sacaron al mismísimo Real Madrid de la Copa del Rey, torneo que esta misma noche volverá a ponerles a prueba frente al Barcelona de Leo Messi.ATM_14-15

Como ya habréis podido imaginar, estamos hablando del Atlético de Madrid. Tomando como referencia la Liga, termómetro de la regularidad y escaparate al hábito, vamos a tratar de hacer una pequeña analítica de cómo juega al fútbol el Atleti 2014/15, y a partir de ahí estudiar cómo mudan de piel los de Diego Simeone cuando llega el doble partido. Si bien la tensión con la que batallan es la misma, cabe decir que los modus operandi han sufrido más de una modificación con respecto al curso pasado. El de 2013/14 era un cuadro que atacaba al adversario siguiendo cuatro prefijos básicos: el balón largo a Diego Costa, la llegada lateral de Filipe Luis, un robo alto de Koke o la pelota parada. Sabiendo que existieron excepciones, podríamos acotar que un 90% de los goles colchoneros del año pasado llegaron así. Pero inevitablemente Costa y Filipe marcharon a Londres, y claro, pasado el verano Simeone tuvo que reajustar todo su operativo. Y le costó, créanme, pero ya casi lo tiene a punto.

En primer lugar, se debe decir que el Atleti le ha quitado volumen a la izquierda, al perder al puñal que es Filipe, y ha volcado casi la mitad de sus ataques en estático sobre la otra banda, la de Juanfran y Arda. Hoy hasta un 44% de los ataques colchoneros se ejecutan en su flanco derecho. Cifra altísima considerando que la banda izquierda acumula un 34%, y el carril central apenas 22%. Si Simeone ha polarizado tanto esta alternativa es porque le da resultado una y otra vez. Juanfran sabe lo que hace cuando cruza la divisoria -que pregunten si no en Stamford Bridge-, y el momento creativo de Arda Turan hace que haya una especie de consenso unánime entre aficionados y periodistas en designar al turco como el futbolista más talentoso del plantel.Diego_3

Pero no acaba ahí la update del ‘Cholo’, que ha trabajado sobre el 4-4-2 ya establecido el curso pasado afilando otros resortes como el de la delantera. Si el año pasado Villa hacía trabajo de orfebrería junto a la pantera Costa, esta campaña esa doble punta ha mutado hacia el metal pesado. La cantidad de veces que han coincidido Raúl García y Mario Mandzukić en escena es prueba de una de las filias de Simeone, la del balón al aire. Durante los primeros meses de campeonato el pelotazo a los grandotes llegó a ser hoja de ruta, pero luego los galones de Arda, la paulatina inclusión de Antoine Griezmann y la propia diversidad de los contextos hicieron que las metodologías del equipo con el balón fuesen navegando hacia algo menos arcaico. Orientar al diminuto francés hacia el interior y adjuntarlo al passing game de Koke fue un total éxito de Diego Pablo, que fue dibujando poco a poco una especie de 4-2-3-1 circunstancial en el que estos dos y el turco llevaban el protagonismo. Y son tan, tan buenos, que mandaron a Alessio Cerci de vuelta a Italia.

Apuntada esta tendencia ocasional a rasear el balón, tenemos que pasar a un parte del juego que en el caso del Atlético de Madrid se convierte en el grueso de su volumen goleador: el balón parado. Y es que de los 37 tantos que el cuadro rojiblanco registra en Liga, 19 de ellos han sido a partir de la pelota parada. Es decir, casi un 52% de sus goles vienen con este sello. La estadística, salvaje en sí misma, impresiona mucho más si te das cuenta de que ningún otro equipo de la Liga ha marcado más de 9 tantos bajo esta disciplina, y ya hay quien se atreve a declarar que la historia del fútbol no ha conocido equipo que rentabilice más esta faceta del juego. Evidentemente, esa voracidad  y esa eficacia en la pelota parada es uno de los motivos por los que los colchoneros son tan peligrosos en la eliminatoria cerrada, cuando los partidos se transforman en un tira y afloja en el que reina la opresión del fútbol ofensivo. Sin irnos más lejos, hace unas semanas en el Calderón, un testarazo de José María Giménez en un saque de esquina colocó al Real Madrid 2-0 abajo, un resultado digerible, pero de aparotosa remontada si tienes delante al Atlético. Lo que nos conduce directamente al siguiente plus de estos chicos en eliminatoria: el defender un resultado.FT_BERNABEU

Concha Espina aunó todas las liturgias, pero ni así, porque recién se habían acabado las diplomacias y recogido los tifos cuando un sprint endemoniado de Griezmann dejó a Fernando Torres en posición de fusilar a Navas. El Niño saldó la cuenta con su pasado y Diego Pablo hizo balance: «Ahora ellos tienen que marcar cuatro, así que pasito atrás, y a juntar filas», dictaminó en silencio. A partir de entonces llegaría el chaparrón del Real, desatado hacia el todo o nada. Y a decir verdad, la producción ofensiva del equipo de Ancelotti fue excelentísima, el problema es que delante tuvo -hay que decirlo ya tapujos- al mejor entramado defensivo del mundo. El Atlético de Madrid achica espacios como no lo hace nadie. Lo sabemos porque la del Bernabéu no fue la primera vez, más bien la enésima. Los blancos atacaron y atacaron, y  atacaron, y volvieron a atacar, pero de los 30 disparos que probó, 13 fueron bloqueados por cuerpos rojiblancos antes de llegar a Oblak, que por cierto, tuvo su mejor noche desde que llegó a España. De los 17 disparos restantes, un porcentaje muy alto de ellos fue a parar a la grada porque el núcleo del área estaba poblada de atléticos incomodando cada tiro, entre ellos la mejor pareja de centrales nuestro continente, cuyas skills individuales marcaron diferencias. Hablo de João Miranda y Diego Godín, culpables fundamentales de que el Madrid sólo rematase de 8 los 55 centros que colgó al corazón del área. El uruguayo, que parecía tocado por los dioses, rozó la veintena de rechaces desde el interior de la misma. 

Y acabó, y el Atleti sobrevivió, actuando en función de las circunstancias, especulando con el valor de los goles, mudando de piel, como las culebras en verano. Hoy enfrentan al Barça de Messi, Suárez y Neymar en otra eliminatoria apasionante, y seguro también habrá planos para Tiago o Gabi, que “a la chita callando” son quienes mueven los hilos.

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