¿A qué has venido, Niño?

FT9_2El fútbol es literatura, y el retorno de Fernando Torres ha sido una licencia poética en el manifiesto de hierro que Diego Pablo Simeone escribe desde hace tres años a orillas del Manzanares. No resulta difícil hacer inventario de la trayectoria del Niño. Bajo la condición que le designa su apodo, comenzó a vestir la rojiblanca en época convulsa. La resaca del Doblete y una explícita intervención judicial habían hundido al Atleti en la Segunda División, y para cuando volvió a ser de Primera, Torres ya era su legítimo ‘9’. A dicho ascenso le sucedió un lustro en el que Fernando se habituó a merodear las 15 dianas por curso , y eso lo montó en un avión dirección Anfield, donde se ganaría la etiqueta de estrella. Envuelto en cabellera rubia, el Beatle de Fuenlabrada casi gana una Premier con el Liverpool, el gigante inglés más ingenuo del fútbol contemporáneo. Un poquito antes, con la camiseta de su país, materializó la ruptura histórica de nuestra selección con su pasado en aquel sprint salvaje de Viena. El alemán ni se lo creía. Europa lo miraba entonces con deseo. Tanto que en enero de 2011 Roman Abramovich puso encima de la mesa una cifra cercana a los 60 millones de euros para llevárselo a Londres. La etapa de Torres como blue no está del todo exenta de hazañas, pero el perder de cuajo la frecuencia anotadora gestó en él un gravísimo problema psicológico que le condujo a errar con asiduidad situaciones de gol o gol dando pie a escenas literalmente increíbles. Por eso llegó a ser el hazmerreír del Bridge, y por eso ha quedado en anécdota sus cuatro meses en Milán.

Fernando Torres era puro objeto de burla en Inglaterra, pero a alguien le pudo el corazón en el Vicente Calderón y acudió al rescate emocional de The Kid. La situación era ideal para hacer su real regreso, un regreso, a pesar de todo, con más fundamento futbolístico del que aparenta. Omitiendo el hecho de que el trauma le ha quitado el gol, parece un delantero 100% Simeone. Estando sano, te asegura derroche físico. Pelea balones largos, cae a banda, cuerpea con centrales, va fuerte al salto… Y todo eso, de una manera o de otra, te limpia todo el frontal del ataque, algo idóneo si los que juegan por detrás suya, dígase Arda, dígase Griezmann, tienen llegada. A Diego Pablo le gusta esto. En clave 4-4-2, hablamos de un Raúl García con evidente menos calidad, pero seguramente también con más potencia y mejor encaje táctico. No hace falta decir, claro, que Torres nunca competirá con Mandžukić en dibujos de un único punta, eso seguro. El croata tiene más matices. De todas formas, Fernando es “más Diego Costa” que Mario, y eso le va a hacer jugar en según qué contextos. La reminiscencia del hispanobrasileño todavía está presente, y Torres aún conserva la velocidad y las dotes para atacar al espacio como lo hacía él. El Atlético de Madrid no tenía este año a un jugador de su perfil, así que a low cost no es un mal fichaje. El Cholo se muere por hacerlo jugar el día 7 contra el Real Madrid, pero está acostumbrado a que no le tosan, y este arrebato nostálgico puede hacer fruncir el ceño a muchos. Y es que a la par que Simeone acoge en su regazo a Torres, media Europa le grita a voces que “el Niño ya es mayorcito”.

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