España ya conoce a Emiliano

EMI_EM93“Están grandes, pero no son cucos, y hay que jugar al fútbol”, decía Federico Gino en la previa. Y razón no le faltaba. Llegaba en tanque a la final de la Copa del Mundo sub20 la exuberante Francia de Paul Pogba, Geoffrey Kondogbia o Yaya Sanogo, y lo hacía como inequívoca favorita, claro. Pero aquel 13 de julio de 2013 en Estambul tenía delante, sin embargo, al Uruguay, un equipo de once tipos que sabían latín. A base de tanta astucia como testiculina los sudamericanos encogieron cada recoveco y conservaron el 0-0 durante 120 minutos, entre otras razones, porque su pareja de centrales estuvo increíble. José María Giménez y Emiliano Velázquez llevaban compartiendo el celeste charrúa desde los catorce años. La France se haría con el título en los penales, pero el campeonato que había completado el tándem de zagueros uruguayos no iba a pasar desapercibido en Europa

Sólo once días más tarde, José María era presentado en el Vicente Calderón como nuevo jugador del Atlético de Madrid. En Montevideo quedaba su amigo Emiliano, con el que hasta entonces también había compartido equipo desde pequeño, el humilde Danubio, club de creciente importancia en Uruguay en lo que llevamos de tercer milenio, el único capaz de entrometerse en el turnismo supremático de los dos grandes del país: Nacional y Peñarol. Son tres campeonatos nacionales los que contabiliza ya Danubio en la última década, haciéndose habitual además su presencia en competiciones continentales (Libertadores y Sudamericana). Todo esto apoyado, por encima de cualquier otra cosa, en un cuidadoso tratamiento de la cantera. El grueso del primer equipo de Danubio está compuesto por jugadores que se han criado en las categorías inferiores del propio club. El afán de la organización por la formación de futbolistas de la casa es tal, que en sus cuentas oficiales de redes sociales se autoproclaman como la Universidad del Fútbol Uruguayo. Y créditos no le faltan. Echa un vistazo, porque en esta precisa escuela han brotado talentos como El Chino Recoba, Ernesto Chevantón, Christian Stuani o el propio Edinson Cavani. Todos ellos, que una vez vistieron la franja negra, han terminado haciendo carrera en Europa, y el último en cruzar el charco ha sido Velázquez, Emiliano Velázquez, pilar básico del plantel que salió campeón este mismo año. La celebración del título denota el marcado carácter familiar de Danubio.

Sin que las cámaras se girasen hacía él en ningún momento aterrizó Emiliano en Madrid, pasando inadvertido entre los medios su pase al Atlético. Es vox pópuli que el Getafe está entre los dos o tres equipos menos mediáticos de la Liga BBVA, así que con casi total seguridad ha sido su cesión a la entidad azulona lo que le ha restado hierro a la llegada de Emiliano a la Península. Yo lo conocí el 29 de septiembre. En una desaliñada cita de domingo a media mañana, una jugada personal de Abdoul Karim Yoda, un futbolista cuyo exotismo merece más de una línea, había puesto al Málaga de Javi Gracia a remolque, y el Geta estuvo toda la segunda mitad en actitud netamente defensiva. El bueno de Emiliano estaba debutando aquel día en la Liga a causa de la plaga de bajas que sufría el equipo de Cosmin Contra en la retaguardia, y el contexto le obligó a salir en plano. A mi me entró por los ojos. Central de fina estampa, delgadito, habilísimo en el arte de meter el pie y un absoluto fuera de serie limpiando el desorden dentro del área. Aquel día no dio opción alguna a Roque Santa Cruz. Le pasó al paraguayo por encima en cada mano a mano, y luego para colmo sacaba el balón con una finura y un acierto impropios en un central. 

Desde entonces le empecé a seguir cada fin de semana con interés, y he de decir que tres meses después aún me sigue sorprendiendo. Hace poco estuve ojeando los ránkings de la Liga en base a estadísticas muy exactas que se acercan más a lo intangible, y por ende al desempeño real de un futbolista en el césped. Entre las de corte defensivo, Emiliano Velázquez estaba en las primeros puestos en varias de las categorías (tackles, intercepciones, tiros bloqueados, etc). Su analítica en este tipo de cifras ya advertía de que estábamos ante un central de una influencia especial, pero lo que hizo el sábado contra el Fútbol Club Barcelona trascendió a otra galaxia competitiva. Cosmin Contra planteó un repliegue muy muy bajo. Probablemente de manera equivocada, porque el Barça consiguió acercarse a ese estado de trance en el que termina ganándote el partido. Si los de Luis Enrique no se llevaron los tres puntos fue porque los centrales del Geta estuvieron excepcionales, Emiliano en particular. En la última media hora, lo abarcó todo. Achicó cada espacio y marcó diferencias en la frontal, desde donde abrigó a Vicente Guaita bloqueando mil y un disparos de los azulgrana. Hubo una secuencia de algunos minutos en la que cada ataque culé terminaba abortado por las piernas interminables de Emiliano, y cada vez que abandonó el área desangró a Luis Suárez. Si Suárez le encaraba, Emiliano se estiraba y le quitaba el balón en un arrebato de orgullo. Si bien optaba por intentar recibir de espaldas, pivotándole, Emiliano se ponía detrás suya, aparentando regalarle la recepción, y en cuanto el balón salía del emisor, él daba dos pasitos adelante, se anticipaba Suárez, y se llevaba la pelota. Lo hizo una y otra vez. Un chico de 1994 secando a la súperestrella de su nación. «¡Qué osadía!», pensé yo.EMILIANO_CONTRA_LEO

Emiliano Velázquez ya ha empezado a dar su nombre a conocer en suelo extranjero. Hoy no hay más de veinte o veinticinco fotos suyas en google, pero os aseguro que de aquí a un par de años habrá cientos de ellas, porque sus maneras invitan a predecir que acabará en un equipo grande. El enfrentamiento ante el FC Barcelona le dio un nuevo empujón a sus promedios, y de hecho le resituó como el mejor de la Liga en tackles por partido (4’5), segundo en intercepciones (3’9) y en fueras de juego bien tirados por choque (1’2), y cuarto en tiros bloqueados (1). Sus orígenes son tan entañables y su fútbol tan antiguo que parece imposible no quedarse con la matrícula del ‘4’ del Getafe, un defensor al que yo aún no puedo poner un techo sostenible. Su futuro, fascinante. De momento, el frenar al Barça de Leo Messi ha hecho que el fútbol español ya lo conozca.

Anuncios