Descubriendo a Marco Schönbächler

Hace algún rato que terminó ese Zurich-Villarreal de Europa League que ha provocado que me haya puesto frente al teclado para hablar de un tipo que hoy, por lo visto y oído, ha dejado destellos que han llamado la atención del propio Maldini (aunque algunos pensarán que esto no es demasiado difícil). Es un chico de apellido casi impronunciable al que únicamente he visto jugar en directo poco más de media hora, pues me incorporé a la retransmisión del partido en el minuto 60 y, como comprenderéis, por mucho que aquí nos guste este deporte, no acostumbro a ver la liga suiza.

El caso es que la primera jugada del encuentro que vieron mis ojos y su protagonista me tuvieron pensando durante, por lo menos, cinco minutos. Había sido una acción ofensiva del conjunto helvético finalizada por Schönbächler la que por poco no hace que salga humo de mi cabeza. El porqué lo tenía claro, yo había leído ese nombre anteriormente aunque no sabía cuál era exactamente el origen de tan vago recuerdo futbolístico. La última vez que había visto un partido del Zurich seguramente hubiera sido el del 2009 frente al Real Madrid en Champions, encuentro en el que no participó Schönbi. Y eso a pesar de que el joven (apenas tiene 24 añitos) lleva representando al conjunto de la ciudad alpina desde 2006. Seguía sin recordar por qué me sonaba el nombre de Marco Schönbächler, hasta que, cuando ya prácticamente empezaba a asociar aquel pensamiento a una invención repentina de mi cerebro, se me iluminó la luz. He de reconocer que esbocé una media sonrisa al recordar el porqué creía conocer a ese jugador suizo. Efectivamente nunca lo había visto jugar, o al menos en la vida real, porque bien es cierto que sí que tuvo bastante presencia en la tele de mi casa cuando hace algunos meses encendía la videoconsola. ¡Madre mía, por eso me sonaba tantísimo su peculiar apellido! Aquel tipo había sido pieza clave en mi equipo de Fifa Ultimate Team. Es más, me acurdo de él porque en aquella época me sorprendía una barbaridad cómo un tipo con una media de 65 en el mencionado juego podía resolverte infinidad de encuentros arrancando desde el perfil derecho del ataque y dejando por los suelos a laterales teóricamente superiores. Este hecho era uno de los que había complicado el descubrimiento, porque contra el Villarreal ejercía como carrilero zurdo, lo que ciertamente me despistó y me hizo creer que tal vez fuera otro futbolista de nombre parecido. Pero no, definitivamente era el mismo jugador.

En esas estaba cuando el realizador decidió mostrar algunas de las repeticiones del choque para dejarme boquiabierto; un caño de Schönbächler digno de haberlo firmado Messi, James o Isco Alarcón. Una sutileza que evidencia que al 27 del Zurich no le falta clase para jugar al balompié. Tuvo tiempo antes de que finalizara el partido de dejar algún que otro destello de la calidad que atesora, pero media hora de fútbol me había sabido a poquísimo, así que impulsado por la situación me dispuse a ver los highlights de Marco en la temporada pasada. Fueron diez minutos que reafirmaron mi postura sobre este desconocido futbolista. El chico es rápido, desborda con relativa facilidad y golpea el cuero con ambas piernas con una suficiencia envidiable. Si a esto le añades capacidad de sacrificio y la tenencia de unos mínimos conceptos defensivos, llegas a entender cómo un extremo casi puro puede rendir a un buen nivel de carrilero. Así, contra los de Castellón no era raro encontrarte a Schönbi haciendo un tackle limpio cerca de su área como plantándose en la contraria y sacándose un chut peligroso, siempre partiendo desde dentro hacia fuera haciendo valer su condición de atacante que juega a banda cambiada. Demostró tener un recorrido tremendo y  buen desplazamiento del esférico (la asistencia del primer tanto fue suya). En definitiva, puso sobre la mesa argumentos suficientes para hacer ver a quienes califican la puntuación media en el FIFA que no han sido muy generosos y que quizás se hayan quedado un poco cortos en la valoración numérica del chico. Porque sí, es cierto, no estamos hablando de Cristiano ni de Lampard, pero desde luego que su valor futbolístico real está muy por encima de ese 67 con el que lo catalogan en el videojuego de EA, créanme.

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