Isco Alarcón en Anfield Road

ISCO_ALARCÓN_ANFIELD_OCT-2014_EM93No era la del miércoles una noche cualquiera para Francisco Román Alarcón. El Real Madrid enfrentaba su primera gran semana del curso con Gareth Bale en la enfermería, y su ausencia ofertaba la plaza que el malagueño ansía para ser titular el sábado frente al FC Barcelona. El You’ll Never Walk Alone retumbó al unísono de aquellas gradas que una vez defendieron Kenny Daglish, Kevin Keegan o Michael Owen. La liturgia debió sobrecoger a los de la camiseta blanca, pero no fue así. En su regreso a Anfield Road cinco años y medio después, el Real acreditó desde el primer minuto el temple y las hechuras que le reconocen como el vigente campeón de Europa. El de Benalmádena en particular, tragó saliva y empezó a jugar al fútbol tal y como Carlo Ancelotti quería que lo hiciese. No es tarea fácil manejar un talento tan especial como el de Isco, pero el italiano ha convertido al malagueño en el centrocampista polifacético que no era cuando llegó a la capital hace año y medio.

Su mes de octubre, coronado con noventa minutos sublimes en el Ciutat de Valencia, estaba siendo soberbio, pero lo de Liverpool trascendió a palabras mayores. Su lenguaje corporal en los primeros minutos ya avisaba de su afán defensivo, que acabó siendo una losa para los reds. Cabe decir que el equipo de Brendan Rodgers adoleció un día más la baja de Daniel Sturridge, de largo su mejor futbolista, pero es que el Real Madrid coció el partido a fuego lento, controlando cada visagra, y cuando lo hace así resulta inabordable. Como ya hizo en la última final de la Copa del Rey o en la ida de semifinales de Champions ante el Bayern Múnich, Ancelotti tradujo la baja de uno de sus Lamborghinis (Cristiano y Bale, en este caso la del segundo) en un circunstancial 4-4-2 que le funcionó a las mil maravillas. Isco Alarcón jugó cercano a la cal, en una posición de pseudo extremo izquierdo, y el Liverpool murió una y otra vez en su orilla. El desempeño sin balón del ex-malaguista fue brutal. Acumuló un total de 16 acciones defensivas, y como en la citada final copera, terminó siendo sobradamente el futbolista que más balones recuperó a lo largo del partido.

Con el balón estuvo sobresaliente, como casi siempre, y como su equipo. Jamás en su dilatada historia ha tenido el Real Madrid tantas herramientas de tanto talento para aglutinar la posesión del cuero. En un día normal, sólo James, Kroos, Modric e Isco pueden llegar fácilmente hasta los 300 pases. Y no hablamos de una posesión estéril, ni mucho menos. La manera en la que estos cuatro se escalonan y entienden el intelecto de Benzema es lo que hace pensar que estamos ante el imperio de la época. Isco es el más irregular del cuarteto, pero también el más determinante. En Anfield Road lo hizo todo. Fue un pulpo cuando tuvo que forzar pérdidas rivales, retuvo el balón atrayendo marcas para generar espacios a Marcelo y a Cristiano, e incluso tuvo tiempo para decoros, porque a Coutinho le bailó una bachata que levantó a todo el graderío. Con 22 años Francisco Román Alarcón ya ha tachado de la lista tres templos del fútbol europeo [Dortmund, San Siro y Anfield], y da la impresión de que se exhibirá en muchos más. De momento se ha ganado el salir de inicio esta tarde en el partido más exigente del planeta. Yo no le voy a quitar el ojo de encima, y tú tampoco deberías.

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