El apasionante Georgios Samaras

Lo mató Teseo, pero cuentan que el que lo sacó de allí fue Hércules. En el primero de sus trabajos fuera del Peloponeso, el súper héroe greco tuvo que abatir en Creta a un toro de cornamenta brava y lomaje plata gastado, como el de mi Ford Fiesta. La mala bestia llevaba años aterrando a las gentes del lugar, pero su terribles dimensiones no amedrentaron al hijo de Zeus, que logró capturarlo y entregárselo vivo a Euristeo. Enjaulada bajo el Egeo, la isla de Creta rebosa mitología de esa que gusta, y ser de allí no hace sino más exótico y fascinante el personaje de Georgios Samaras. Escondido en Escocia desde hace años, el espigado atacante heleno sólo se deja televisar cada dos veranos. Y es en época estival, en torneos de índole internacional, cuando adquiere algún que otro primer plano en los partidos de su selección. En Brasil 2014, el ‘7’ de Grecia me cautivó como no lo hizo nadie.Greece press conference

No fue su aspecto desaliñado, ni siquiera su antiortodoxa forma de correr, porque el tipo movía los brazos y cuerpeaba como si fuese un androide. Fue su puro desempeño en el césped lo que me causó tanta impresión. Y es que durante su estancia en suelo carioca Samaras jugó al fútbol como un crack. Lo vi remar contra viento y marea ante Colombia, en un primer partido que su país nunca mereció perder 3-0. Luego llegó Japón, un segundo choque en el que una temprana expulsión de Katsouranis hizo que los nipones se apoderasen íntegramente de la pelota. 611 pases dieron los orientales, por sólo 216 de los europeos. Una desventaja sustancial que sin embargo el carismático ejército heleno supo sintetizar en un 0-0. Y así, con un sólo punto en el casillero, arribaba Grecia a la tercera y última jornada de la fase de grupos. Las posibilidades de acceder a octavos eran ínfimas, pero había una ligerísima grieta, y los griegos de épica saben un rato. Qué os voy a contar, si hace diez años ganaron auna Eurocopa. No sé si es una cuestión de genética o si tiene que ver con su cultura ancestral, pero cuando un griego tiene ante sí un reto tan mayúsculo se acoge al orgullo de una manera totalmente anómala.

Esta vez el decisivo encuentro tenía lugar en Fortaleza, frente a Costa de Marfil. Los africanos habían bailado a los japoneses en una remontada increíble, y de milagro no habían tumbado a James Rodríguez y compañía, pero aquella noche estaban delante Manolas, Sokratis, Karagounis y Samaras ¡Y cómo estuvo Samaras! El bueno de Georgios sirvió con una pared el primer tanto a su compañero Samaris, pero el gol de Wilfred Bony a quince minutos del final dejaba fuera a Grecia. Fue entonces cuando entró en juego el espirítu del que os hablo. Los helenos apretaron sin descanso, y en el minuto 92, cuando ya casi no creían, Samaras provocó y transformó un penalty que metía a su país en octavos de final de una Copa del Mundo por primera vez en la historia. La heroicidad copó cientos de portadas, pero lo que no sabíamos es que la mejor performance del cretense en Brasil estaba por llegar.GeorgioSamaras_em93_3

En octavos el rival era Costa Ricala revelación del Mundial por excelencia, pero lo cierto es que bajo el rol de underdogs, los del Egeo superaron a sus adversarios desde el inicio. El caso es que el partido del futbolista del Celtic de Glasgow (desde este mes de agosto ya perteneciente al West Bromwich Albion) fue un como un trailer con los highlights de su Mundial al completo. Aunó todo lo que ya había demostrado antes en 120 minutos de puro vértigo. Y es que en esas dos horas vi a Samaras hacer de todo. Comenzó a ejercer como delantero, pero poco a poco fue cayendo a ese lugar que tanto le gusta, ubicado hacia el costado izquierdo, a la altura de tres cuartos, y con constante influencia hacia el centro. Desde allí empezó a rajar a los ticos como mejor sabe. Pese a su tamaño y a su enorme envergadura, Samaras es un jugador de técnica exquisita. Su manejo de los pies resulta increíble, y además goza de un equilibrio y un control de su cuerpo extraordinarios.

El tipo siempre hacía lo mismo. Recibía el cuero, hacía un par de movimientos para protegerlo, y en seguida examinaba minuciosamente todo su alrededor. Y siempre, siempre, siempre tomaba la mejor decisión. Su sociedad con José Holebas, que estuvo brutal durante toda la noche, estaba destrozando a Costa Rica. Pero la fortuna no acompañó, y el gol cayó del lado de los centroamericanos en un remate mordido de Bryan Ruíz. Los nervios se apoderaron entonces del seleccionador Fernando Santos, que sacó del campo a Andreas Samaris, el otro catalizador heleno, para dar ingreso a Kostas Mitroglou, y Grecia decreció durante algunos minutos. No obstante, allí estaba Samaras. Otra vez. El ‘7’ asimiló la situación, adivinó el déficit de su equipo, y sin que nadie le dijese nada, comenzó a jugar de mediocentro. Una y otra vez era él quien agarraba el balón para organizar jugada. Georgios divisó como sus compañeros comenzaron a poblar el área tica más de la cuenta y empezó a colgar balones. Uno. Y otro. Y otro. Y así otros tantos hasta que llegó el gol de Torosidis. Una vez más, Grecia hacía el tanto clave en el descuento. La prórroga no fue menos antológica. Apareció Joel Campbell, otro de los nombres del Brasil 2014, para guerrear en el barro, pero el partido se fue a la tanda de penales, y fíjense qué maldito y caprichoso es el fútbol, que Georgios Samaras no pudo tirar ni uno sólo. Para cuando llegó su turno Keylor Navas ya había escrito su nombre en la historia.

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