Cuando aprendimos a pronunciar su nombre

El día 24 de junio se jugaba, en el Grupo C de la Copa del Mundo Brasil 2014, el Japón-Colombia. Los cafeteros venían de firmar dos triunfos en sus anteriores compromisos y el billete para octavos ya reposaba en su bolsillo. Era el partido perfecto para examinar a ese chaval del que tanto se hablaba. Sí, ya había visto algo de James Rodríguez con anterioridad, era un tipo con calidad y físico, pero no parecía formar parte de la élite mundial, no era de los mejores, por ello no entendía mucho el revuelo alrededor de alguien que había hecho dos buenos partidos en un Mundial contra selecciones de nivel medio como Costa de Marfil y Grecia. Así que el bueno de James tuvo que convencerme ante la selección nipona. Estaba en todos lados, sacando el balón y montando la jugada. Se asociaba, repartía juego, y hacía disfrutar al espectador. Era todo fuerza y estilo, era un miura… que sabía bailar ballet.

En aquella noche y durante sólo 45 minutos, el ’10’ colombiano regaló dos asistencias a su compañero Jackson Martínez y se fabricó el que, al menos en mi humilde opinión, es uno de los goles del verano en Brasil. Aquella finta para dejar sentado a Yoshida y la posterior definición con vaselina incluida fueron una guinda perfecta para la delicatessen que había servido en bandeja el jugador del Mónaco. Sí, era el Mundial de Colombia y era el Mundial de Don James Rodríguez.James2

Con medio globo rendido a sus pies, demostró que podía superarse a sí mismo. Frente a la Uruguay de Edinson Cavani y Diego Godín, los hombres de Pékerman dieron un golpe sobre la mesa. Un mazazo más bien, maniatando a los charrúas y ganando con comodidad tras dos goles. Adivinen de quién. Sólo el gesto técnico del primer gol, el trallazo que todo crío que patee un balón sueña con enchufar, describe lo que fue aquel encuentro. Sin embargo, llegó Brasil en cuartos, la última parada de Colombia en el Mundial. Ahí tuvo que apearse y decir adiós, dejando una muy buena sensación y llenando de pena a los amantes del buen fútbol y las sorpresas en los grandes campeonatos.

Llegó el colombiano a Madrid con las expectativas altísimas y a pesar de que su primer gol fue en una ‘final’ y contra el eterno rival, su juego ha tardado en carburar. Como siempre sucede en estos casos, la aclimatación y el peso en la espalda que supone que alguien pague semejante cantidad de dinero por tí, influyen. A pesar de ello, el rol de James parece más definido, y ya ha ayudado a los suyos con 3 goles y una asistencia en 8 partidos. Un promedio de un gol creado cada dos encuentros. Aún no ha llegado a lo mostrado en Brasil, pero si James Rodríguez comienza a mostrar su versión mundialista… estará, por fin, en la élite.

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