El odio, las dos Irlandas y el fútbol

Es una obviedad que existe un vínculo entre el fútbol y la política. Sin ir más lejos, esta semana hemos podido comprobar cómo un partido internacional puede servir como la excusa perfecta para llevar a cabo ciertas reivindicaciones de este calibre. Desde luego no parecía una buena idea encuadrar a dos selecciones como Albania y Serbia en el mismo grupo clasificatorio a la vista de las discrepancias históricas e identitarias que existen entre estos dos Estados. No deja de resultar llamativo que la propia UEFA impidiera un cruce entre España y Gibraltar sin aplicar la misma medida para el caso anterior y que ha vuelto a desatar la polémica. Los lamentables incidentes vividos en la noche del martes en Belgrado, que no hacen sino empañar la imagen de un deporte tan mediático como el fútbol, me han hecho rescatar de la memoria otro conflicto político-religioso no menos controvertido y que también extendió sus tentáculos al terreno deportivo.DERRY_NORTH_IRELAND_EM93_

El caso es que no hace mucho tuve la posibilidad de conversar con un tipo norirlandés acerca de cualquiera de los temas que en aquel momento improvisado salieran a la palestra. Realmente él debía evaluar mi nivel de inglés oral, así que, ya puestos, decidimos abordar las temáticas en las que yo me hallara más cómodo. Al final, la conversación acabó desembocando en el conflicto histórico entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte y el papel de este en el fútbol. Aquel joven bizco al que un cierto halo de hooliganismo parecía rodearle me  acercó al conocimiento de la disputa desde su peculiar posicionamiento en la misma.

No es cuestión tampoco de entrar en una explicación exhaustiva del conflicto entre las dos Irlandas, de modo que simplemente para situarnos habremos de saber que los dos bandos que entran en pugna son los republicanos (mayoritariamente católicos y partidarios de incorporar Irlanda del Norte a la República de Irlanda) y los unionistas (mayoritariamente protestantes y defensores de que Irlanda del Norte siga siendo una provincia británica).

La historia de este chico del que os hablaba y cuyo nombra ciertamente he olvidado es algo particular. Me contó que había nacido en Derry, en Irlanda del Norte, pero que sin embargo era hincha de la selección de la República de Irlanda. En aquel momento me impactó, no le veía el sentido hasta que me explicó lo siguiente. Gran parte de la población de Derry representaba la minoría católica que vive en Irlanda del Norte (fundamentalmente protestante), comunidad que históricamente había sido marginada en una especie de apartheid a la irlandesa.  Y es que, hace varias décadas, los católicos del norte quedaron discriminados en todos los aspectos, desde el laboral hasta el electoral, pasando por arbitrariedades en la concesión de viviendas y otros servicios sociales. Derry, por tanto, simbolizaba el pequeño bastión católico existente en Irlanda del Norte, siendo incluso el lugar donde aconteció uno de los hechos más tristes y recordados del conflicto: el Bloody Sunday (Domingo Sangriento), que se cobró la vida de 14 personas. Una vez entendida su descendencia católica y las circunstancias de su vida, pude comprender su fervor por la República de Irlanda.

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El ‘Bloody Sunday’ de 1972 sigue siendo uno de los más dramáticos episodios que se han escrito en la longeva historia de odio que comparten las dos Irlandas.

Pero la singularidad de la ciudad norirlandesa de Derry no acaba ahí. Después de documentarme, descubrí que el equipo de la localidad, el Derry City, juega desde el año 85 en la liga de la República de Irlanda, siendo este un caso excepcional. Poco a poco todo iba cobrando mayor sentido. Seguí investigando y encontré otro indicio del ligamen que existe entre Derry, el catolicismo y la República de Irlanda. Resulta que buscando en las últimas convocatorias de las dos selecciones irlandesas hallé un dato cuanto menos revelador. Había cuatro jugadores nacidos en Derry, Irlanda del Norte, pero solo dos de ellos defendían la camiseta de su país de origen (Kevin Ferguson y Patrick McCourt). Paradójicamente, los dos futbolistas más conocidos habían optado por representar al país vecino, a la República de Irlanda. Son los casos de Darron Gibson (Everton) y de James McClean (Wigan). Este último especialmente merece ser comentado por la indignación desatada en torno a su figura.

McClean, que había llegado a disputar 7 partidos con la sub-21 de Irlanda del Norte, decidió “cambiarse de bando”, renunciar a la llamada del seleccionador absoluto Michael O’Neill y sí contestar, por el contrario, a la petición del combinado de la República de Irlanda, con el que ya suma 24 apariciones y 3 tantos. Y aunque en los últimos años la tensión entre las dos irlandas parecía haberse apaciguado, la decisión del por aquel entonces jugador del Sunderland volvió  a hacer que afloraran los sentimientos políticos, religiosos e identitarios en la sociedad irlandesa. Esto fue así hasta el punto de que algunos seguidores acérrimos de Irlanda del Norte prometieron disparar al jugador si este regresaba a su tierra natal. Un par de años después, James sigue vivo, continúa jugando para EIRE y se muestra convencido de haber tomado la decisión adecuada. Lo sea o no, de lo que no cabe duda es de que va a ser difícil hacer cicatrizar por completo ciertos conflictos históricos, políticos, religiosos…que se dan en algunos países y regiones. Conflictos que, en la mayoría de las ocasiones traspasan sus propias barreras para colarse en el mundo del fútbol. De momento, no parece que esta situación vaya a cambiar.James-McLean_em93_edit

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