Los capos del Parque

Italy v Malta - FIFA 2014 World Cup QualifierIci c’est Paris, rezaba el frontal del techo que abrigaba el último anfiteatro del Parque de los Príncipes. Enjaulado entre los tornanti que dibuja el Sena hacia el noroeste del mapa de la capital gala esperaba Blanc a Luis Enrique. Lo hacía sin el karateka sueco, pero con Marco Verratti y Thiago Motta sentados en la trinchera, que no son poca cosa. El asturiano y su Barcelona aterrizaron en Francia inmaculados. Jamás ningún Barça había atravesado las primeras cuatro jornadas de Liga sin recibir un gol, y el de ‘Lucho’ llevaba seis sin encajarlo. Pero lo del martes era un desafío de otra índole. El Aquí está París no es un eslogan al uso, sino un puñetazo en la mesa, un grito napoleónico a todo el viejo continente. El Paris Saint Germain es ya un candidato de pleno derecho a la Copa de Europa, y ganar en su feudo es hoy día una odisea comparable a lo que significa hacerlo en Múnich, en Barcelona o en Madrid.

Ni Zlatan Ibrahimovic ni Thiago Silva estaban sobre la tarima, pero el martes Laurent Blanc anudó a los catalanes a un escenario en el que el viento sólo podía soplar de un lado. El resultado lo conocemos todos. Aunque dos coletazos de Messi y Neymar mantuvieron a los culés a remolque, las virtudes colectivas del Barcelona quedaron estériles.  El marciano de Rosario estuvo finísimo en lo técnico durante toda la noche, pero la movilidad del resto de compañeros no daba para atravesar la exhuberante verja gala. El trabajo parisino en la vasculación no cesaba, y Marquinhos era un dóberman dentro de su área. No obstante, si tenemos que resaltar dos nombres por encima del resto, esos serían los de Motta y Verrati. Verlos jugar es como leer a tu escritor favorito. Nunca sobra un pase, nunca sobra un alarde, nunca sobra un verso, nunca sobra una mirada. El entendimiento entre ambos es tal que da la sensación de que juegan en el mismo lugar. Sobre el papel, el de Pescara es teórico interior derecho, pero la manera en que intercambia su posición con el de São Bernardo reescribe su perfil. Cuando ves sacar el balón al PSG desde detrás, el diminuto Marco se alinea a la altura del veterano Thiago, que a su vez está escalonado casi casi a la altura de los laterales. La arquitectura de la pareja en la salida de balón no da lugar a erratas, y eso en el fútbol del siglo XXI es una ventaja capital. Prueba de ello fue el partido del martes. El Barça, ese equipo que se autodefine por defender lejos de su portería y por asfixiar presionando la salida rival, sólo fue capaz de robar un balón en campo parisino en 90 minutos, y todo porque Motta&Verratti movían los hilos cual capos sin que nada fallase.

Sabiendo ya que ambos iban a estar sobradamente por encima del 90% de éxito en sus pases, me picó la curiosidad, y fui a mirar en los dossiers de prensa de la web de la Uefa cuáles habían sido las secuencias de pase más repetidas. Y no me llevé ninguna sorpresa. Obviamente, en el PSG, la de Motta y Verratti había sido la relación más directa, que se habían pasado el balón un total de 27 veces. 15 de los 64 pases que había repartido el primero habían ido parar al segundo, que a su vez había dirigido 12 de sus 51 envíos al primero. El dato, claro, cobra importancia dentro del contexto dado. El Barcelona (60% posesión) sigue constituyendo la máxima expresión del paradigma del fútbol de toque, y que vengan dos tipos así y se la escondan de esta manera debe ser objeto de admiración. Pero no es esto lo único que saben hacer. Su permuta de posiciones y su desempeño en la retaguardia hacen volar a Matuidi, que se suma al ataque con una libertad ilimitada. El martes, sin ir más lejos, un gol de éste último decidió el partido. Y es que la forma en la que Verratti y Motta frenan ataques sin hacer sobreesfuerzos es pura artesanía. 11 tackles sumaron entre los dos ante el Barcelona.

Uno es adulto, con década y media de experiencia en el gremio, mil gajes y un brazalete en el brazo. El otro apenas suma 3 años en el negocio. Joven, medio imberbe, y con cara de niño, una cara que rebosa la picardía que lleva intrínseca su fútbol. Guardan infinitas diferencias, pero la dupla que hacen ambos sobre el césped es uno de los argumentos de más peso para creer en el Ici c’est Paris. Moura, Pastore, Lavezzi, Ibrahimovic, Thiago Silva, David Luiz… Las portadas son y serán para otros, pero bien sabe Blanc que para que el proyecto de Al-Khelaïfi alcance el sentido de su existencia necesita que el fútbol se hable en el idioma de los capos del Parque de los Príncipes.

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