Hoy más que ayer

Ronaldo_Elche_2014-15_em93Me gustaría decirles que Cristiano Ronaldo es tan bueno que quita el sueño, pero no les voy a mentir, comienzo este escrito en alta madrugada y los párpados se me caen. Aunque a efectos prácticos se puede interpretar que sí, porque lo que me tiene aquí criando ojeras es la última monstruosidad del fenómeno de Madeira. Hace unas horas le ha metido al Elche cuatro goles en noventa minutos. Bien es cierto que dos de ellos han sido desde los once metros, pero las cotas que ya alcanzan sus cifras aún con todo el otoño por delante son de extraterrestre. No hace esto más que subrayar la tesis que sostiene su increíble metamorfosis contínua, un ejercicio de autosuperación de órdenes estelares. Y es que la carrera de Ronaldo es un increscendo eterno. Cada año cuenta su paleta con más tonalidades, con más registros que el anterior. Su repertorio se engrosa curso tras curso a tenor del gen ganador de un deportista insaciable. No hay más que alzar la vista hacia atrás para darse cuenta.

“Es uno de los jóvenes más excitantes que he visto nunca”, se pronunciaba Ferguson en agosto de 2003, allá cuando el Manchester United logró reclutar a aquel niño engominado de pendientes plateados y gesto desafiante. Llegó a Old Trafford con dieciocho años y haciendo tres bicicletas por participación, pero en cuestión de un lustro se había convertido en el mejor jugador de Europa. Los devils reinaron bajo su trono en Inglaterra y conocieron un esplendor continental inaudito en la historia del club. La brutal determinación de Ronaldo les llevó a dos finales de Champions League consecutivas, así que Florentino Pérez puso sobre la mesa la mayor cifra económica que se ha pagado jamás por la ficha de un futbolista, para llevárselo a Madrid, y llenó el Bernabéu a su llegada, ofreciendo al luso al pueblo a modo de coronación. Tardó en llegar, porque a Sir Alex le costó dejar ir a su ahijado, pero la presentación de Cristiano Ronaldo con la camiseta blanca sigue siendo una de las escenas más impresionantes de la historia de este deporte. Un ejemplo del impacto emocional y mediático tan gigante que es capaz de despertar el fútbol en la gente. Fue algo casi religioso. Pero sin embargo algo a lo que el portugués iba a responder con hazaña tras hazaña.Real Madrid Presents Cristiano Ronaldo As New Player

El periplo de Ronaldo en el Real Madrid supone un paso más allá en su carrera. Si su crecimiento en Reino Unido ya fue algo astral, en La Castellana ha alcanzado unos fundamentos y unas facultades para leer este juego que escapan de lo común. Obviamente resalta a la vista su tremenda capacidad goleadora, que le ha convertido en estos cinco años en el cuarto máximo realizador de la historia del Real. Salvo en su primera temporada, en la que se perdió una decena de encuentros a causa de un aparatoso esguince de tobillo, Ronaldo no ha bajado de los cincuenta goles por curso en las últimas cuatro campañas. Su pugna con Leo Messi es una guerra surreal que hace que nuestras ligas se vayan cien puntos. Una cosa de locos. Y es que Cristiano ha devorado el área con una agresividad y un ansia tan estremecedoras que su currículum ya contabiliza 21 hat tricks, el segundo máximo registro de la historia de la Liga, a un sólo triplete del récord que ostentan Telmo Zarra y Alfredo Di Stéfano, con 22.

Pero no son sus sabidos números lo que vengo a relatarles. Si decimos que el aprendizaje y la mejora son una constante en su fútbol, el Ronaldo de los últimos trece meses añade una entereza mental y una inteligencia en el césped que no habíamos visto antes en el luso. La llegada de Carlo Ancelotti, como a casi cualquier futbolista de la plantilla, le reportó al ‘7’ del Madrid la calma que no concedía José Mourinho, y sobre ese sostén Ronaldo ha alcanzado una sabiduría y un empaque táctico que no tenía cuando el que lo entrenaba era su compatriota. El Cristiano de Carletto se mueve notablemente mejor con y sin el cuero. El 4-3-3 que tan bien le ha ido a Ancelotti hace a su jugador franquicia aglutinar menos balón, darle más a su equipo, y ser mucho más preciso en su manera de atacar la portería. Así lo recoge su ratio de pérdidas por partido, que en sus primeras cuatro temporadas en el Real Madrid era de 2’24. Mientras tanto, en la 2013/14 y lo que llevamos de 2014/15, ese volumen ha descendido a 1’43 pérdidas por choque. Su concentración, además, es ahora mucho mayor, y le estamos viendo incluso extender su sabiduría a otras sectores de la ofensiva en este arranque de campaña. Le vimos actuar y desequilibrar desde la derecha contra el Sevilla en la Supercopa de Europa, o contra el Atlético de Madrid en Liga.Ronaldo_Ancelotti_2014_em93

Contra el Elche fue otra vez más allá. Alineó Ancelotti un 4-4-2 muy sui géneris en la noche del martes, con Kroos e Illarramendi en la medular, e Isco y James en las alas. Arriba esperaban Bale y Ronaldo, formando en doble punta. Éste último, que ya había abierto la brecha en la Coruña tres días antes con un testarazo alucinante, destrozó por completo a los ilicitanos. La versatilidad del ‘7’ sembró el pánico en el conjunto alicantino, que veía como el tipo bien hacía un desmarque de ruptura en esos sprints cortos tan terribles, bien caía a banda, o bien se acoplaba en el centro para hacer jugar a sus compañeros. Cosas que antes no hacía. Ronaldo orquestó la obra a lo largo de todo el frente de ataque. Era increíble la cantidad de campo que abarcaba. Pero lo que más me llamó la atención fue una vez más su manera de atacar el área, mucho más feroz y astuta que antaño. Uno de los partidos que siempre saco a relucir a la hora de hablar de su creciente madurez futbolística es el Portugal-Ghana del pasado Mundial de Brasil. Su selección estaba jugando rematadamente mal al fútbol y él solito se autogeneró seis o siete disparos limpios. Desmarques, diagonales, saltos, paredes. Ante el Elche, aunque con compañeros de lógica mayor calidad asociativa, produjo hasta once tiros contra el marco rival. Nueve de ellos entre los tres palos. El resultado fue el que fue. 5-1.

Le preguntaban a Fran Escribá al término del encuentro que si había estudiado las distintas posiciones que ha adoptado Cristiano Ronaldo en los últimos meses, a lo que el técnico valenciano respondió: “Por supuesto que está estudiado. Pero esto es como cuando intentaban estudiar a Michael Jordan. Y es que lo suyo son ya nueve goles en cuatro partidos de Liga, y un total de trece en los ocho oficiales que ha disputado desde que arrancó el curso. Raúl González Blanco, el artillero por antonomasia del club de Concha Espina, necesitó 741 partidos y 16 temporadas con la camiseta blanca para sumar los 323 tantos que le contemplan como máximo goleador de la historia del Real. Cristiano Ronaldo lleva un total de 264 goles en 254 partidos con la casaca blanca. Una barbaridad que hace tambalear la jerarquía de las leyendas más consumadas del madridismo. Y tambalean porque a buen seguro, Ronaldo es hoy mejor futbolista que ayer, pero menos que mañana.

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