Creyeron desde el principio

CORDOBACF8COR.jpgDice la Biblia que el pueblo de Israel, guiado por Moisés, tuvo que vagar 40 años por el desierto antes de alcanzar la Tierra Prometida. Es prácticamente el mismo periodo de tiempo que ha tenido que invertir el Córdoba Club de Fútbol en alcanzar nuevamente la suya particular, la Primera División. 42 años han sido, que se dice pronto, los que ha tenido que esperar la ciudad de la Mezquita para ver a su equipo competir  con los mejores. En esta particular travesía, fue el “Chapi” Ferrer quien condujo a los cordobeses hacia la gloria. Él ha sido “el Moisés” del cordobesismo.

Cuando el exjugador del FC Barcelona llegó al banquillo de El Arcángel en el mes de febrero, la situación no era del todo propicia para lograr una gesta como la conseguida el pasado domingo. Pablo Villa, su antecesor, había sido despedido del cargo tras una mala racha de resultados y entonces Carlos González, presidente de la entidad, consideró oportuno una permuta en el área técnica para recobrar la ilusión perdida. Y es que tras un inicio espectacular con el de Alcorcón, el conjunto blanquiverde había comenzado su caída libre en la tabla clasificatoria, hasta el punto de situarse fuera de los puestos de promoción después de haber habitado en ellos durante el primer tramo del campeonato.

Habiendo tomado Ferrer el testigo, la dinámica iba a empezar a cambiar, aunque no de un modo inmediato. De hecho, la andadura del catalán al frente del conjunto cordobesista comenzó de un modo dubitativo. Sin tiempo para aclimatarse por encontrarse en el ecuador de la campaña y teniendo que reconstruir el once cada domingo como consecuencia de las bajas que se le iban acumulando en la plantilla, el “Chapi” tendría que remar contra viento y marea para reconducir la situación.CHAPI_FERRER_ASCENSO_CÓRDOBA_JUNIO2014_2

Sumó tan solo 6 de los primeros 18 puntos que tuvo la posibilidad de embolsarse y vería el descenso a tan solo dos puntos de distancia una vez finalizados esos seis envites iniciales. El objetivo fijado al comienzo de la temporada y que seguía manteniéndose a esas alturas era el de clasificar al equipo para los playoffs, algo que se empezaba a ver como más fantasioso que real. Las sensaciones que dejaba el equipo, sobre todo en casa, no eran nada buenas, y el ambiente creado en torno al club no era el idóneo para remontar el curso. Pero el propio preparador y sus jugadores lograron mantener la incertidumbre al margen y  aun cuando los aficionados se cuestionaban si el equipo sería capaz de mantener la categoría, ellos siguieron mirando hacia arriba, hacia el objetivo prefijado, aunque pareciese una locura.

Entonces las cosas empezarían a cambiar. Ferrer tuvo que renunciar a su idea inicial de juego, fundada en el “estilo Barça”, y buscar el pragmatismo. Sería así, adaptándose a las circunstancias y a las posibilidades que su propia plantilla le ofrecía, cómo el técnico lograría cambiar la dinámica. Tuvo personalidad en la confección de los onces, siempre disponiendo sobre el verde a aquellos que se encontraban en mejor momento, sin importar el nombre o el dorsal que lucieran en sus camisetas; y con el mismo discurso que a su llegada (el de creer) insufló a sus “chicos” aquello que necesitaban para triunfar.

Fue el 6 de abril el día en que todo cambió. Con el descenso a menos de un partido de distancia, el Córdoba se jugaba algo más que tres puntos en El Molinón, un feudo hasta entonces inexpugnable para los blanquiverdes. Pues bien, aquello terminó en un sorprendente triunfo que sería a la postre el trampolín sobre el que se edificó el ascenso. Llegarían tras esa victoria otras muchas, sobre todo lejos de El Arcángel, donde el Córdoba consiguió hasta cuatro triunfos consecutivos. Desde el rigor táctico y unos sólidos cimientos defensivos (Juan Carlos ha encajado apenas 9 goles en los últimos 15 encuentros) los resultados positivos empezaron a llegar, en parte propiciados por la confianza que habían adquirido los propios futbolistas y que habían sido capaces de transmitir a la hinchada. En ese momento todos creían, ya no solo eran el “Chapi” y sus pupilos.

Un tramo final de temporada absolutamente escandaloso, con solo una derrota en los 15 partidos finales, llevó al conjunto califal a los puestos de privilegio, esos que se habían fijado como objetivo y que parecían inalcanzables hacía un par de meses. Quedaban tan solo dos eliminatorias que superar. No iba a ser fácil, pero sí que se respiraba en la ciudad un ambiente diferente al de dos años atrás, cuando cayó en semifinales contra un superior Real Valladolid. En esta ocasión se tenía la sensación de que el ascenso era factible, se creía ciegamente en el objetivo.ULI_DÁVILA_LP_CANARIAS_JUNIO2014

Y finalmente se pudo. Tantos años de espera no podían tener un desenlace diferente, estaba vez parecía que los astros por fin se habían alineado para propiciar tal éxito. El destino parecía escrito antes incluso de vivir ese final de partido esperpéntico en el estadio de Gran Canaria. El Córdoba, el equipo de toda la liga que más puntos había dejado escapar de su casillero en los instantes finales de partido, que tantas veces había visto cómo los puntos se esfumaban justo antes de que el partido concluyera, iba a verse beneficiado por una vez de esa situación que tantos disgustos les había costado hasta entonces. El destino quiso que en el minuto 93 Ulises Dávila anotara el gol del ascenso cuando todo parecía perdido. Un simple toque de balón para empujarla a la red que supone el retorno a Primera 42 años después. Una larga travesía que ya ha terminado, la Tierra Prometida ya es una realidad, y todo por un simple motivo: Ferrer y sus chicos creyeron desde el principio. Así que ya saben, pues es una moraleja que se puede extraer de este pasaje futbolístico que será recordado por siempre en Córdoba: hay que creer y confiar en uno mismo, no importa que los demás no lo hagan.

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