Cuando huele la gloria

SERGIO_RAMOS_FINAL_UCL_LISBOA_2014Hoy cumple 36 años un buen amigo de clase. Además de ser un tío genial, y uno de los cabecillas de uno de los proyectos más atractivos de mi promoción, su enciclopedia futbolística mental abarca muchos más años que las del resto del grupo. Y eso nos encanta. Inda es de un barrio del extrarradio de Sevilla, y allí jugó durante años en el Recreativo Su Eminencia, que, fundado en 1958, puede presumir de ser uno de los clubes profesionales más antiguos de la ciudad. Recuerdo que hace tiempo nos contó que una vez los llevaron a jugar un amistoso contra los juveniles del Sevilla FC. Eran niños contra hombres, pero cuenta Inda que aquel día, el delantero rival, un tal Sergio Ramos, les metió cinco goles. A la edad de 16-17 años el de Camas ya era un absoluto prodigio físico. Y os cuento esto para que intentemos buscarle un sentido a la barbaridad que ha hecho. Siendo central, los tres goles del ‘4’ del Real Madrid han decantado la balanza en favor de su equipo en los dos partidos más importantes de la década.

El 18 de agosto, el día que abría sus telones la Liga 2013/14, Cedrick Mabwati le pintó la cara a Sergio Ramos delante de todo un Santiago Bernabéu. Cierto que la velocidad endiablada del pequeño congoleño puede llegar a ser un arma, pero bien se ha demostrado este año que Cedrick no sabe utilizarla. La desconexión del central merengue fue grave, y pese a que aquella cita la terminó resolviendo el siempre puntual Francisco Román Alarcón, aquel error sería el prólogo de un otoño accidentado para Sergio. Su nivel no era el habitual, y él lo sabía. Con ciertas relajaciones, sucio y antideportivo en los marcajes, y de pico torpe y caliente, a menudo Sergio es diana fácil de la crítica, que se ceba con él sin censura. Sin embargo, los miles de argumentos que manejan sus detractores se esparcen en la nada cuando Sergio Ramos huele la gloria. Cuanto mayor es la dimensión de la cita, más se acrecenta el andaluz ante la adversidad. Cuando llegan citas como la del Allianz, como la de anoche en Da Luz, Sergio Ramos huele la gloria y se convierte en el mejor central del planeta. Es un titán, un competidor de una ferocidad implacable. En 111 años muy pocos han defendido el escudo de Chamartín de manera tan veraz, tan sincera, tan real. Me suscribo a mis palabras del día de Múnich: Sergio Ramos es madridismo. La historia no debería colocar su estampa lejos de las de Di Stefano, Puskas, Gento, Raúl, Hierro, Butragueño, Zidane o Pirri. Ayer, cuando los colchoneros ya saboreaban el triunfo más enorme de sus vidas, Ramos agarró ‘la Orejona’ y tiró con ella con una fuerza hercúlea. Su testarazo a la red del portero más determinante que yo he visto nunca puso la Décima en el regazo de un escudo que vive enfermizamente enamorado de la Copa de Europa.Real Madrid v Atletico de Madrid - UEFA Champions League Final

Fue áspero, el derbi madrileño más antológico de todos los tiempos. Merengues y colchoneros habían coloreado Lisboa de ilusión, pero lo que se vio luego sobre el tapiz de la capital lusa fue muchísimo despropósito, y tal y como ocurrió en el precedente de la final de Copa del Rey del año pasado, hubo palos, muchos palos. Tampoco esperábamos una sinfonía. La tensión concatena el fallo, al fin y al cabo, y más si se ven las caras dos conjuntos que rivalizan tantísimo, pero sí que nos hubiera gustado ver más fútbol de ataque. Y sin embargo, sobre todo a lo largo de la primera mitad, vimos un partido “a cara de perro”, sin concesiones, y en consecuencia sin ocasiones. La excepción la puso el santísimo Iker Casillas, que se quedó a media salida para que Diego Godín -¡qué partido de Godín!- pusiese al equipo de  Diego Pablo Simeone por delante con otro testarazo que prometía ser histórico. Era la excusa idónea para ‘el Cholo’, que se había quedado sin sus dos hombres más resolutivos en campo rival, ambos heridos de bala en las trincheras del Camp Nou. Como dice mi padre, “es que el Diego Costa y el Ârda Turan son dos púas”. Sus ausencias mermaron terriblemente a los rojiblancos, que quedaron entregados a las recepciones de un David Villa enorme. ‘El Guaje’ caía a banda, protegía la pelota en inferioridad con una personalidad mitológica, y terminaba sacando esa faltita, esa faltita que suponía el único medio colchonero para atacar la portería blanca. A balón parado tuvo que llegar el gol de los suyos, de hecho. Ese 0-1 les descargó de responsabilidad, y vimos entonces los peores minutos del Madrid en toda la final, un Madrid que no reaccionaba. DIEGO_GODÍN_GOAL_FINAL_UCL_LISBOA_2014

El Atleti estuvo plantado con suficiencia durante más de una hora, y sólo Di María, empeñado en romper líneas, conseguía alarmar la resistencia colchonera. El rosarino se sintió en la calle y empezó a regatear como un demonio. Era tremendo. No lo frenaban. Tenían que agarrarlo, empujarlo, o tirarse al suelo para derrumbarle, porque ‘El Fideo’ se escurría hacia la meta de Courtois por cualquier grieta. Y lo hacía con el balón, que era lo preocupante. Cada vez que lo tumbaban, cómo no, surgía la gresca. Era guerra. Era odio. Ese batallar rabioso se trasladó al juego, y allí Gabi, que desde que sonó el himno se mostró el más hostil de todos, fue también el más cabal. Aquel chico que con 23 años tuvo que emigrar a Zaragoza fue ayer el mástil del equipo de su vida en una final de Champions League. Su partido, como su curso, excelso. Pero el medio campo no le acompañó. Ancelotti supo congelar a Koke, la única célula imaginativa que quedaba en el bando rojiblanco, y Simeone erró sacando del campo a Raúl García por José Ernesto Sosa. 6 minutos antes, Carlo había hecho el moviminento que decidiría esta final. El italiano percibió la franja débil de su contricante, e introdujo en el campo a Isco y a Marcelo en lugar de Khedira y Coentrao, convirtiendo el sector izquierdo en un huracán. Allí el de Málaga, el de Río de Janeiro, y un soberbio Ángel Di María fueron minando el muro colchonero. Aguantaron los del Manzanares mientras Xabi Alonso sufría enfrascado en su Emidio Tucci, pero el Real Madrid cuenta con un talento ofensivo tan abrumador que terminó encontrando la recompensa de su asedio. Apareció en el tiempo extra, precisamente en el minuto 93, la leyenda viva que es Sergio Ramos para cabecear a gol el balón que había colgado desde la esquina Luka Modric. El sevillano olió la gloria y tiró de los once de blanco para alcanzarla.REACCIONES_GABI_GODÍN_GOL_BALE_LISBOA

La prórroga fue bastante previsible. Había un equipo fresco y sediento de goles, y otro ya sin aire, medio muerto. El Atlético, sin cambios en la recámara, iba perdiendo cada vez más fuelle, y el despliegue del Real, un combinado de atletas, se iba haciendo cada vez más inabarcable para los chicos de Simeone. Sin Filipe Luis, y con Juanfran ya en el chasis, la situación se convirtió en insostenible, y los de blanco reventaron el marcador. Como en todas las grandes victorias del Real Madrid 2013/14, Modric se desató. Pero no fue el croata quien provocaría el 2-1. Sería otra vez el escuálido Di María, sin duda uno de los nombres propios de esta final. Recogió el argentino el pase de Morata, y en apenas dos segundos había destrozado las cinturas de Miranda y de Juanfran, que vieron que, pese a que apareció Courtois, el rechace le caería a Gareth Bale para finiquitar la contienda. Quizás no salió tan caro, el galés, teniendo en cuenta que le ha dado al Real Madrid su primer doblete en 25 años. El gol del ex del Tottenham nos dejó una imagen que muchos seguiremos teniendo en la retina dentro de una década. Fue un alarde de compromiso, un mensaje de unidad. Xabi Alonso, padre del proyecto que se inició en 2009 con Cristiano Ronaldo a la cabeza, saltó del palco bajo en el que se acomodaba y esprintó hasta el córner, donde Bale había congregado los abrazos de todos sus compañeros. Volvió el tolosarra a su lugar al reanudarse el juego, pero la Copa de Europa 2014 ya era propiedad del Real Madrid. Con el Atleti vencido, Marcelo puso el tercero, y Cristiano -en un gesto totalmente impropio de la trascendencia de su gol- enseñó su esculpido torso al transformar el cuarto de penalti. La final del fenómeno de Madeira no fue brillante, ni mucho menos, pero cabe decir que estamos ante la mejor campaña de su dilatada y exitosa trayectoria, y eso es mucho decir. Así lo atestiguan, entre otras cosas, sus 17 goles en los 11 partidos de Liga de Campeones que ha disputado este año.Portugal Soccer Champions League Final

Terminó la finalísima madrileña, y lo hizo con la tercera Copa de Europa de Carlo Ancelotti desde los banquillos. Carletto igualó anoche a Bob Paisley, el mítico entrenador del Liverpool entre mediados de los 70 y principios de los 80, como técnico que más veces ha levantado ‘la Orejona’. También fue la tercera de Iker Casillas, o la segunda de Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo, pero creo ante todo que fue la primera de Sergio Ramos. Son ya nueve años los que lleva forjando con cincel y testosterona la estatua que le pondrán algún día en el paseo de la Castellana. Ha estado en todas. Sergio vio cómo Henry hizo una de Maradona para cruzarla a gol delante de sus narices en 2006. También delante suya hizo Makaay en Múnich aquel tanto a los doce segundos en 2007. Yació en Anfield en aquel esperpéntico 4-0 de 2009. Otra vez estuvo Sergio cerca en el gol de un Miralem Pjanic que no había cumplido aún veinte años. Era 2010, y el Real Madrid acababa de caer por sexto año consecutivo en octavos de final de su competición fetiche. Un año después, vio como Leo Messi destrozó el Bernabéu, ya en semifinales. Pero las páginas más negras todavía estaban por llegar. Sergio fue verdugo del destino blanco al lanzar aquel penalti a las nubes para que Schwensteiger metiese al Bayern en la final de 2012. Ya en 2013, después de pegarse con Lewandowski, un gol suyo en el 87′ acercó la miel a los labios del madridismo, que terminó quedándose sin su soñada final. Estuvo en todas, sí, pero en 2014 Sergio Ramos dijo basta. Y no era su cuenta, sino la del Real. Una cuenta de doce años. Sí, doce. Desde aquel 15 de mayo en Glasgow llevaba el madridista fantaseando con la bendita Décima, desde el momento en el que aquel poema salió de la bota izquierda de Zidenine Zidane. En 2014 Sergio hizo arder Baviera, abrasando a una bestia negra, y veinticinco días más tarde rescató a su equipo del fuego y abrió sus vitrinas para que éste estrenase el segundo dígito en el contador de tronos continentales. Pueden pasar décadas antes de que algún otro escudo consiga semejante hazaña, al igual que pasarán décadas sin que el madridismo borre de su disco duro aquel cabezazo de Ramos. El de la Décima.

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