Bajar a los infiernos

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Foto: Diario de Navarra

Escrito el lunes 19 de mayo por Sergio Armenteros. Con el corazón:

Dice el dicho que “quien juega con fuego se acaba quemando”, y a Osasuna este año le ha tocado abrasarse. Para los rojillos confesos (entre los que me encuentro,  todo sea dicho antes de proseguir) el golpe moral es devastador. Nos habíamos acostumbrado a lo bueno, a la Primera División, y ahora que esta se ha desvanecido de repente se hace difícil cambiar el chip.

Lo cierto es, para qué nos vamos a engañar, que esta temporada ha sido un absoluto desastre, desde el comienzo. Ni directiva, ni cuerpo técnico ni jugadores han estado a la altura y sólo con la afición no vale. Únicamente la hinchada, que merece una mención aparte, ha sabido comportarse como tocaba, pero este año ni siquiera su aliento inquebrantable ha impedido la tragedia. Supongo que ya habíamos agotado el cupo de milagros y, como dice mi madre, (que para no ser seguidora acérrima habla en ocasiones con bastante criterio demostrando ciertos conocimientos), “algún año nos tenía que tocar”. Y la verdad es que no le falta razón a la mujer, que ha visto como la tónica general a lo largo de estos 14 años era llegar al mes de mayo sin los deberes hechos y teniendo que sufrir lo insufrible para acabar logrando la permanencia. Sí, es que han sido catorce años seguidos en Primera. Todo lo que llevábamos de Siglo XXI en el más alto de los estamentos futbolísticos de nuestro país (algo que solo habíamos hecho 6 equipos). Quizás no seamos conscientes de lo que ello supone para una de las entidades más humildes de toda la liga. Si lo observas desde una determinada perspectiva, el hecho cobra tintes de hazaña. Sobre todo porque a lo largo de este lapso de tiempo también hubo momentos para el disfrute. No olvidemos que hemos tenido la suerte de presenciar la época más brillante de la historia de nuestro amado club, ese que sentimos como nuestro.

El ascenso a Primera

El ascenso a Primera del año 2000

Precisamente hoy, después del disgusto del domingo y con una sensación de malestar general causada en buena parte por el mismo, venía viajando en uno de esos trenes cuyo discurrir tampoco es demasiado fugaz, lo que permite poder otear el paisaje con cierta tranquilidad y desasosiego. Quería poder evadirme de la frustración que rondaba (y todavía lo hace) en mi cabeza y, mientras mi mirada , algo perdida, atravesaba el cristal de la ventanilla del vagón en busca de un horizonte inexistente, mi mente comenzaba a visualizar algunos de los momentos más memorables que no hace mucho vivimos y cuyo recuerdo no hace sino provocar más amargor. Es un anhelo del pasado que hace que vuelvan a brotar las lágrimas.

Como si de una secuencia se tratase, se fueron reproduciendo en mi cerebro esas imágenes que todos los osasunistas tenemos grabadas en la retina. Me he acordado de aquella eliminatoria previa de Champions contra el Hamburgo y del gol de Cuéllar; de ese partido final de liga contra el Valencia que nos colocó cuartos en la tabla y posibilitó el mencionado duelo contra los alemanes; de aquella Copa del Rey de 2005, en la que vencimos de manera épica a Sevilla y Atlético para acabar cayendo cruelmente en una final donde el color rojo teñía la mitad del Vicente Calderón y toda Pamplona; de cuando estuvimos a punto de colarnos en la final de la UEFA después de varias eliminatorias brillantes (especialmente la del Bayer Leverkusen); del 0-3 en el Bernabéu de hace ahora 10 años; de las victorias contra Barça y Madrid en las dos últimas fechas para conseguir escapar de un descenso que parecía cantado; de muchos nombres propios…Armentano, el “Pipa” Gancedo, Iván Rosado, Aloisi, Cruchaga, Javier Aguirre, Raúl García, Milosevic, Ricardo, Pandiani y muchos más. Yo creo que podríamos estar una tarde entera recitando los nombres de algunos ilustres. Eso sí, que no se me olvide destacar por encima de todos el de Patxi Puñal, nuestro capitán.

No me podría perdonar (desde mi humilde posición) terminar este texto sin hacer mención del que es (porque “Patxipu” no deja de serlo aun con su retirada) el emblema de esta institución. Un hombre que ha portado la zamarra del club en 513 ocasiones y ha sabido guiar al equipo en los momentos buenos y en los malos. Es un tipo cuya huella en la familia osasunista permanecerá imborrable para siempre. Lástima (y de veras que me duele en el alma) que el fútbol haya sido ciertamente cruel con “el 10” en su despedida. Desde luego que sus palabras tras confirmarse el descenso hieren, hacen daño en lo más profundo del corazón.

Mi carrera no ha sido fácil, más bien durilla, pero no sabía que lo más duro me lo guardaba para el final”, afirmó tras el choque. “Estoy bastante dolido, decepcionado por cómo han ido las cosas, pero por otro lado muy orgulloso de ser de aquí, de cómo funciona mi gente, la gente de aquí”

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Puñal, leyenda viva del C.A.O. | Viktoria Ubaidullaeva (EFE)

No sé, todo esto es un cúmulo de sentimientos que entiendo que quienes leéis esto siendo rojillos también habéis experimentado. Lo que sí estoy pudiendo comprobar es que cuando escribes con el corazón, que no con la cabeza, es más difícil expresarlo todo. Siento que quiero decir infinidad de cosas pero no puedo, es un tema que sentimentalmente me bloquea, no deja que fluyan las palabras y casi empiezo a comprobar que esto no es lo que en un principio yo quería expresar. Seguramente la idea que había preconcebido en mi cabeza ni siquiera se asemejaba a esto.

Sí me gustaría concluir, no obstante, con un mensaje de ánimo a todos aquellos amigos, conocidos y aficionados en su más amplia acepción cuyo sentimiento de pertenencia para con el club es infinito. El mundo no se acaba, esto sigue y estoy convencido de que más pronto que tarde volveremos, saldremos de ese infierno que para nosotros en la Segunda y resurgiremos de nuestras cenizas. Porque como bien sabéis vosotros, Osasuna nunca morirá.

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