In extremis

Ni el más ingenioso de los guionistas de Hollywood podría haber ideado un final de temporada tan frenético como el que ha vivido el Birmingham City. Los marcapasos deben de estar agotados en la zona blue de la segunda ciudad más poblada de Inglaterra después de presenciar el pasado fin de semana en Bolton un encuentro no apto para cardíacos.

No son momentos fáciles para el equipo de St. Andrews y para su hinchada. Las tornas han cambiado (y mucho) desde que hace 3 temporadas el Birmingham City ganara en Wembley la Carling Cup frente al Arsenal (2-1). En aquella tarde de febrero de 2011, Obafemi Martins le iba dar en el minuto 89 de juego el último título que luce en las vitrinas de este equipo inglés. Desde entonces, la caída en picado que experimentaría  el club iba a ser de órdago. La pendiente era pronunciada, y el conjunto entrenado por aquel entonces por Alex McLeish estaba sin frenos. Ese mismo año descendería de categoría. Empezaba ahí su calvario.

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Martins y Zigic celebran la consecución de la Carling en el 2011.

Relegado a la Championship, estuvo a punto de subir en su primer intento. Llegó a jugar los playoffs por el ascenso a la Premier, pero este no se consumó. Se entendía que la empresa no era fácil, aunque se tratara de una entidad tan histórica, pero todos pensaban que si no era en esa ocasión, sería a la siguiente. El Birmingham era un equipo confeccionado para jugar con los mejores.

Bien, pues todos aquellos se equivocaban. Los puestos de arriba ni se volverían a oler. Finalizó en duodécima posición el año pasado y este año ¡consiguió la salvación en el último partido de la temporada regular y de forma heróica! Sí, a punto han estado de irse a la League One (categoría equiparable a la 2ª B en España), aunque parezca increíble.

La situación era la siguiente: el Birmingham City llegaba a la última fecha del calendario liguero acumulando una racha de cinco derrotas consecutivas y en posiciones de descenso. La permanencia estaba a un punto. El objetivo era bien claro, mejorar el resultado del Doncaster, que tenía que rendir visita a la casa del campeón (Leicester City).

Con los partidos sobrepasando ya la primera hora de juego, el Birminghan City se plantaba en el minuto 76 con un 2-0 en contra. El Bolton acababa de anotar su segundo tanto y los aficionados cada vez  lo veían más negro, a pesar de que en ese mismo minuto se adelantaba el líder frente al Doncaster. Tan solo una opción restaba, empatar el partido en los quince minutos que faltaban por jugar y rezar para que el Doncaster no marcara y acabara perdiendo en el King Power Stadium.

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Los aficionados blues se veían ya descendidos, pero entonces se obró el milagro.

Pues todo lo anterior pasó. Dos minutos después de encajar el segundo gol, Nikola Zigic (sí, sí, han leído bien) reducía distancias y dejaba la permanencia a solo un tanto. El gol definitivo iba a llegar cuando ya el partido expiraba, en la prolongación del choque. Tan dramático fue el final que hasta la jugada de la anotación iba a ser con un tremendo suspense. Pero el testarazo de Paul Caddis acabó besando la red, y los fieles seguidores de los blues iban a celebrarlo con el mismo fervor que cuando Martins les dio la Copa de la Liga hace ya tres años. Seguramente en aquel momento ni podrían hacerse a la idea de que, no mucho después, expirimentarían el mismo éxtasis al celebrar una permanencia ¡en Segunda División!

Os dejamos por aquí el resumen de los apasionantes 97 minutos que se disputaron en el Reebok Stadium de Bolton, otro lugar que hace no mucho formó parte de la élite del fútbol inglés.


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