Cuando Madrid devastó Europa

En una escena de contraste con respecto al silencio sepulcral que habíamos visto en Múnich 24 horas antes, Stamford Bridge aplaudió en homenaje a Vilanova y a Boskov con una rabia verdaderamente impactante. En realidad no era más que el preludio de la guerra. Terminó el protocolo y los once de azul se remangaron con un carisma de pretoriano, sin mostrar síntoma alguno de miedo. La facción rojiblanca hacía piña entonces, escuchando la consigna de Tiago, capitán ayer. El ‘Cholo’ ha forjado un colectivo de diecisiete o dieciocho futbolistas en el que todo el que sube a la tarima actúa con una credibilidad asombrosa. El Atlético de Madrid ha jugado este año 56 partidos oficiales. Cómo será de fuerte será ese grupo humano para que el miércoles Tiago Mendes, de 33 años, que sólo había jugado 23 de esos 56 partidos como titular, se subiese al altar al que suele subirse el súper capo Gabi, y fuese el encargado de pronunciar el discurso previo a la batalla más importante del Atlético de Madrid en las últimas cuatro décadas de su historia. Fue emocionante, sin duda, como emocionantes iban a ser los 90 minutos que teníamos por delante.TIAGO_MENdES_3A Koke le iluminó el mini-speech del portugués, y sin haber pasado cuatro minutos del pitido inicial estuvo a puntito de hacer un gol apoteósico, pero el cuero pegó contra el travesaño. La primera media hora de juego fue plenamente blue. Mourinho puso a Willian, Hazard, Ramires y Azpilicueta –esta vez como extremo- a presionar como demonios, y el Chelsea, considerado némesis del juego de posesión, metió al Atleti en su campo y superó cotas del 60% con el balón. Si algo les otorgó el cerrojazo de la ida a los londinenses fue la posibilidad de ser finalistas con la única premisa de vencer a su rival en casa. E iban a buscarlo, claro. Pero no sabía Mourinho que delante tenía un equipo que ha arrasado ya muchos hogares. Los rojiblancos se sobrepusieron al tanto de Fernando Torres –tenía que ser él- con una personalidad de campeón de Europa. El Chelsea le cedió el balón, y el Atleti lo puso en la izquierda. Desde allí, con Filipe generando la superioridad, Adrián moviéndose y Ârda de playmaker, el Atleti ganó altura, y acechó. Tanto que llegó la igualada. La colgó Tiago, la recogió Juanfran donde ya no se podía y, en un error tormentoso de la zaga blue, la pelota se paseó hasta el segundo palo, donde Adrián, otro delanterazo de la factoría astúr, la empaló a gol.

Pero lo mejor estaba por llegar. Tras el descanso, los colchoneros saltaron al césped con una autoconfianza descomunal. Las gananaban todas, y estaba a punto de dar comienzo la primera gran masterpiece de la carrera de Koke Resurrección. Pero primero el Atlético se iba a poner por delante. En una acción embarrullada, posterior a un saque de esquina, Ramires logra desviar con la cabeza un centro con tan mala suerte que el balón le cae a Diego Costa unos pasitos por delante del perímetro del área. Lo derriba con bastante claridad Eto’o, que levanta las manos, pero sabe que la ha liado. Costa iba a convertir la pena máxima en el 1-2, pero quedaba media hora por delante, y el Chelsea iba a apretar. No obstante, allí estaban Juanfran, Miranda, Godín y Filipe Luis para mantener el tipo. En tres años, Simeone ha convertido a estos cuatro jugadores, de caché casi casi underground, en una de las mejores defensas de Europa. Esos cuatro estaban cuando el Albacete enterró a Manzano. Esos cuatro a los que eliminó “un Segunda B” en dieciseisavos de la Copa del Rey, hoy son finalistas de Champions League. En Stamford Bridge dieron otra exhibición de solidaridad defensiva. Los blues chocaron una y otra vez con ellos antes de que el gol de Ârda anestesiase por completo el encuentro. Era el minuto 70, sonaban los olés en la grada, Tiago cambia de orientación para encontrar de nuevo a Juanfran, y éste cruza un centro que parecía no tener destino, pero el turco de la barba apareció de la nada para estrellar su portentoso cabezazo contra el poste. El rechace le iba a caer a los pies, y a puerta vacía iba a hacer el 1-3. Delirio. Ya con Tiago y Mario Suárez gustándose, Filipe fue un caníbal, Ârda no perdió una, y Koke… Koke fue Napoleón. Su segunda parte forma parte ya de la historia de la Copa de Europa. Estuvo en todas partes. Hacía apoyos en una banda y a los veinte segundos estaba tirando una pared en la otra. Lideraba un contragolpe y a los quince segundos estaba haciendo una ayuda a Godín en su área. Londres fue su consagración definitiva en la élite.KOKE_ARDA_STAMFORD_BRIDGE

Y pitó el final Nicola Rizzoli y el Atlético de Madrid era finalista de la Liga de Campeones. “Es increíble, es increíble”, no paraba de repetir un colchonero que estaba al lado mía en el bar, allí con lágrimas en los ojos y muchas cervezas en el cuerpo. Y lo era. Créeme que lo era. El Atleti, al que él, en cuarenta y cinco años no había visto jamás batallar con esta contundencia, había ganado donde no gana nadie. Hasta hace tres semanas, José Mourinho llevaba 77 partidos consecutivos sin perder un partido de Premier League en Stamford Bridge, feudo donde en Champions, el Chelsea sólo había caído en 4 veces en los últimos diez años. Pero este Atlético de Madrid no entiende de tradiciones, y Barajas, acostumbrada al blanco, se llenó de colchoneros para recibir a los héroes de madrugada. No era la primera vez que el aeropuerto madrileño se disfrazaba la semana pasada. Sólo una noche antes, la plantilla del Real Madrid había regresado triunfal de Alemania, tras aplastar al todopoderoso Bayern Múnich en el Allianz Arena.

Sergio Ramos es madridismo. La historia no debería colocar su estampa demasiado lejos de las de Di Stefano, Gento, Raúl, Hierro, Butragueño, Zidane o Pirri. Sus actuaciones en esta semifinal, como su trayectoria, están a la altura de tales leyendas. El de Camas, junto a Pepe, secó por completo el flujo ofensivo de un equipo con mil recursos, un equipo hecho a atacar el área de mil maneras distintas, pero quizás sean esos dos cabezazos con los que besó la red de Neuer por los que su nombre va a ser recordado con más clarividencia que el del portugués. Porque esos dos cabezazos no sólo derribaron al corpulento cancerbero alemán, esos cabezazos derribaron a varios verdugos, y sobre todo derribaron una losa de doce años, doce años sin acercarse a la tan ansiada Décima, un borrón tremendo en el historial de gloria que comparte el Real Madrid con la Copa de Europa. Como borrón supone esta eliminatoria en la carrera de Pep Guardiola. Nunca, nunca, nunca le habíamos visto tan superado. La desnudez defensiva de Dante y Boateng tampoco ayudó, pero Ancelotti le ganó la batalla táctica. Carlo es “perro viejo” de la Champions. Entre 2003 y 2007 metió al Milan en cuatro semifinales, ganó dos Copas de Europa, y perdió otra en los penalties. El tipo sabe manejarse en estas aguas, y una vez el gol de Benzema mermó el potentísimo arranque germano en la ida, se encendió uno de sus cigarrillos, cogió el volante de la eliminatoria, y ya no la soltó. La condujo justo hacia donde los suyos necesitaban, y no hizo falta ni apurar el cigarro, porque chi va piano, va sano e va lontano. El trabajo estaba hecho.RAMOS_MÚNICH_29ABRIL_SEMIS_UCL_2

Los testarazos de Ramos congelaron Múnich, e imperó entonces ese equipazo que es este Real Madrid. Luka Modric volvió a exhibir su bárbaro repertorio, Cristiano Ronaldo hizo un gol -el primero- después de un sprint de auténtico escándalo, Karim Benzema fue omnipresente -su eliminatoria ha estado, por ejemplo, por encima de la de Bale y Ronaldo-, y Dani Carvajal mantuvo una guerra dialéctica, corporal y futbolística -una guerra sucia- con Franck Ribéry de la que salió victorioso. Y nos dejamos nombres, porque el trabajo de Pepe en Baviera fue tan salvaje o más que el de Ramos. Y bueno, luego está lo de Xabi Alonso, que estará en Lisboa en cuerpo, trajeado en la grada, pero no estará en alma, que era lo importante. Su alma murió en aquel minuto 14, cuando no pudo evitar hacer esa entradita, una de esas que va en su ADN. Su amarilla le dolió al fútbol. Tanto como esa que vio Pavel Nedved en aquella maravillosa remontada que la Juve le endosó en Delle Alpi precisamente al Real Madrid. Xabi, como Sergio, Cristiano e Iker, lleva cuatro años levantándose por las mañanas para que su equipo esté el 24 de mayo en Da Luz. Ahora que tenían ya el billete, que el donostiarra no vaya estar allí resulta terriblemente cruel.

Sucedió en primavera y terminó de certificarse en la aquella semana que cerraba abril para inagurar el mayo de 2014. Real y Atleti devastaron Europa sin piedad, dejando aroma de campeones a su paso. Bajo piel de cordero, los reservoir dogs del Manzanares devoraron al Milan, a Leo Messi y a José Mourinho, tres instituciones de la Copa de Europa. Los de Chamartín, por su parte, sembraron el pánico en su campaña por Alemania, y desmitificaron esa etapa de esplendor que decían que atravesaba el fútbol teutón. Schalke 04, Borussia Dortmund y Bayern Múnich, hoy las tres escuadras más potentes de sus fronteras, fueron atropellados por el ejército blanco casi sin poder replicar. La Lisboa de Fernando Pessoa espera ahora a colchoneros y merengues, a Simeone y a Ancelotti, y será Da Luz, donde la gesta de Charisteas, donde el vuelo del águila, el cuadrilátero que estime si el trono continental ingresa por primera vez en las vitrinas del Vicente Calderón o lo hace por décima ocasión en las del Santiago Bernabéu. Hasta entonces, más vale que valoremos lo que han hecho este curso estos dos cuadros madrileños, porque una vez ‘la Orejona’ decida con quién quiere marchar, sólo habrá palabras para el campeón.LISBOA_sede_finalUCL_2014

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