Alcácer lo partió y Sevilla recordó

No es ningún secreto que el fútbol español se encuentra en la época más exitosa que haya conocido jamás. A los triunfos internacionales de una selección a la que nadie osa a quitar la supremacía universal, se añade, quizás causa, quizás consecuencia de ello, el brillantísimo momento de su liga nacional: la llamada por motivos monetarios Liga BBVA, que hoy por hoy, ya sin duda alguna, es la mejor liga de fútbol del planeta. Sus fortísimos equipos logran trayectorias largas en competición continental casi año tras año, y este 2014 no ha sido ninguna excepción. En la Europa League, antigua copa de la UEFA, y donde cinco de los últimos diez campeones han sido españoles, nuestro país ya se ha asegurado presencia en la final de Turín gracias a las holgadas remontadas de Valencia y Sevilla, que se van a ver las caras en semifinales.

En la capital del Turia, asistimos a una auténtica exhibición de coraje. El equipo de Juan Antonio Pizzi, al que el Basilea había pisoteado en Suiza, salió consciente de que el reto era desbloqueable, pero no logró construir el dominio que requería la misión, y el miedo se fue apoderando de ellos paulatinamente. Sin embargo, ya casi al filo del descanso, desembocó en Mestalla un huracán que desató Paco Alcácer, el héroe absoluto de la noche. Su padre falleció en agosto de 2011 cuando cayó desplomado a las afueras del coliseo ché justo después de que él, todavía un adolescente, marcase su primer gol con el primer equipo del Valencia en un torneo veraniego. Ayer le hubiesen dado siete u ocho infartos como aquel, porque su hijo grabó su nombre en bandeja de plata. A su gol, una perfecta combinación de control, timing y disparo, le siguió un soberbio cabezazo de Vargas que activó por completo al resto de sus compañeros. 2-0, y toda una segunda parte para consolidar la proeza. En ella el Valencia sí que fue netamente superior a su rival, que apenas fue capaz de dar 66 pases en esos segundos 45 minutos.imagen31367g

Los de Pizzi se fueron cerniendo poco a poco sobre los suizos, y en el minuto 70 llegó la segunda barbaridad de Alcácer. El magnífico apoyo de Vargas, que se la dejó con bote incluído sobre la frontal, quedó absolutamente eclipasdo por el remate portentoso de Alcácer, que la puso en la mismísima escuadra para forzar la prórroga. La grada no daba crédito a lo que veía. La gesta del canterano terminó de materializarse en el tiempo extra, cuando la sombra de los penaltis empezaba a asomarse en el horizonte de los suyos. Minuto 112, y Paco todavía tenía fuerza y olfato para rematar la faena con un gol de delantero nato, de delantero de área, de gran finalizador. La locura de la tribuna fue total. Luego llegaría el definitivo 5-0, obra de Juan Bernat, con los deberes ya hechos. En cualquier caso, el Valencia demostró ayer ser un peligro cuando los de arriba están on fire, y la noche, con el nombre de Alcácer en mayúsculas, quedó grabada en la retina de Mestalla.

Según ha dictado esta mañana el sorteo de Nyon, el Valencia se medirá en semifinales al Sevilla. La crónica de lo que pasó anoche en el Ramón Sánchez Pizjuán la firma Fran Ballesteros.

Ayer se respiraba ambiente de partido grande en el barrio de Nervión, como hacía tiempo que no pasaba. “Remontada” era la palabra clave, el sueño de toda una afición. “Cojones” pedían éstos, y Emery apuntillaba que necesitarían más que cojones para ganar: también necesitarían juego. La afición del Sevilla ha visto muchos altibajos durante la presente campaña; de ir en la cola de la tabla a principios de temporada a conseguir enlazar cinco victorias ligueras; de perder partidos en Europa contra rivales de muy bajo nivel a lograr remontarle una eliminatoria al Betis, por muy en baja forma que se encuentre, con todo un 0-2 en el Benito Villamarín.

Había sensaciones encontradas por saber qué nos íbamos a encontrar cuando el balón empezará a rodar a las 21:05h. ¿Nos encontraríamos al Sevilla que se paseó por Do Dragão y que con suerte sólo se fue perdiendo 1-0? ¿O quizás la versión que aplastó el pasado domingo al Espanyol?¿Qué veríamos hoy? Las dudas se resolvieron en cuestión de pocos minutos. Los hispalenses, enrabietados, se comieron a un Oporto completamente desubicado desde el inicio. El Sevilla, el de las grandes noches de antaño, volvió a aparecer.

Emery volvió a demostrar a la afición que podían confiar en él, que era hora de disipar dudas sobre su estilo. Planteó un partido en el que el Sevilla llevaría las riendas del mismo, sin dejar aparecer a su rival. Férreo en la presión, no dejaban un balón sin luchar. Unai, aunque tarde, parece haber encontrado como hacer a este Sevilla grande de nuevo. En menos de 2 minutos, ya había provocado Bacca la primera situación de peligro para los blancos, que sacó Fabiano con los pies.vitolo

Minuto 3: Vitolo, que acabaría por ser de los mejores, concretando una actuación soberbia, se internó en el área de los dragones. Puso el balón atrás para Bacca, pero antes rebotó en la mano de un rival. La jugada siguió, llegando el balón a Bacca, a quien tras controlar le derribaron. El árbitro pitó penalti. No se sabe muy bien si por la acción de la mano o por el derribo, pero señaló los 11 metros. La Bombonera de Nervión estalló cuando Rakitić ejecutó la pena máxima y el balón besó las mallas. Lanzó a la derecha, Fabiano tumbó al lado contrario. Lo tiró como los maestros.

Coke, Reyes, Vitolo… Tres ocasiones de gol prácticamente seguidas llegaron después. Los locales estaban enchufadísimos, no había quién les tosiera. El Oporto parecía no haber salido al campo siquiera, pero Quaresma, el único que tiró del equipo luso, provocó que los lusos se estiraran en un par de ocasiones, que Beto consiguió atajar.

En este momento, parecía que a los locales les había dado la pájara, y que el énfasis inicial se había apagado. Mal pensado. Minuto 25: Un balón caía en tres cuartos del equipo luso. Vitolo corría por el centro. Bacca, antes de cabecear ese balón, vio como el canario se hacía hueco. Le puso el balón como lo hacen los grandes, y el canario hizo el resto. Controló, se internó en el área, no se amedrentó ante la presión de los centrales. Esperó que Fabiano saliera un poco, y cruzó el balón al palo largo con la zurda. Toque sutil, mortal. Golazo. Con el Sevilla gustándose y sin que los portugueses respirasen, iba a llegar la que casi era la sentencia. Minuto 28: Tras un saque de córner y varios rebotes, el balón le cae Carlos Bacca pocos metros a la izquierda del punto de penal, y el colombiano controla y suelta un derechazo que se cuela en el fondo de la portería: 3-0.

El Oporto se desquició: un par de ocasiones sin demasiado peligro y poco más. Estaban atónitos. En el inicio de la segunda parte, el cuadro luso tuvo varias buenas oportunidades, todas bien atajadas por Beto, y el choque parecía ponerse feo para el Sevilla tras la expulsión de Coke, pero ni eso pudo tumbar a los nervionenses. Y eso que los visitantes lo intentaban de nuevo: Quaresma estrelló una falta en el larguero, previo toque de un inspiradísimo Beto que se fue a córner. Luego probaría suerte el mexicano Herrera, que se volvió a encontrar con la mano del guardameta local en una increíble parada.sevillismo

El Sevilla seguía jugando a lo suyo pese a esto, y bordó otra gran jugada. Corría el minuto 78 cuando M´Bia -otro que estuvo ayer soberbio- le pone un balón profundo a Vitolo, que entraba en carrera en el área. Controló cerca del pico izquierdo del área chica, y soltó el disparo. Fabiano atajó, pero desvió hacia el centro, dónde estaba Kevin Gameiro, que entró por Bacca. De primeras, golpeó con la zquierda. El Sánchez Pizjuán se cae.

A pesar del impresionante golazo de Quaresma en las postrimerías del partido, la remontada se había consumado. Nada se escuchó más que el himno del Arrebato. Nervión rugió una vez más al ritmo de su Sevilla, compartiendo el orgullo en su escudo, y recordó los tiempos de esplendor que vivió de la mano de un tal Juande Ramos.

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