Chelsea being Chelsea

IBRA_13La ciudad de los símbolos, la de Roman Polanski, la que vio pintar a Claude Monet, la cuna de Victor Hugo o de Baudelaire, la que encarnizó el período rosa de Picasso, la que conoció a un van Gogh con oreja. París siempre fue foco mundial de toda vanguardia artística, sin embargo su protagonismo todavía todavía no se había palpado en el fenómeno “artístico” más popular del post-modernismo, el fútbol. Las hazañas del Paris Saint Germain, equipo más potente de la capital, no se conocían fuera del ámbito doméstico, donde históricamente tampoco ha sido una entidad hegemónica. Pero este año, todo parecía otra cosa. El proyecto de Nasser Al-Khelaifi, forjado a base de millones, parecía estar “en su punto”. París iba en serio, con un Ibrahimovic en el mejor momento de su carrera, y con Marco Verratti y Thiago Motta atando cabos. Los cuartos de final de la Copa de Europa iban a poner a prueba al equipo de Laurent Blanc, sobrio como pocos llegados a este tramo de la competición. Todo frente al Chelsea de José Mourinho, nada más y nada menos.

La ida les fue propicia. Pese a que los blues fueron dueños del primer tiempo gracias a la tensísima presión de sus mediapuntas, los galos reaccionaron y cambiaron las tornas del segundo. Las embestidas Lucas Moura y de un incansable Matuidi, y el nervio soberbio de Ezequiel Lavezzi, que fue el mejor del partido, iban haciendo ganar metros a los parisinos, y Verratti se gustaba. La fortuna le quitó a Blanc a su jugador franquicia –Zlatan Ibrahimovic-, pero luego le regaló un tanto que no entraba del guión. Una genialidad de puro ‘potrero’ de Javier Pastore. Pastore corre menos que el fumador de tu grupo de amigos, el que se asfixia en las ‘pachangas’, pero alberga un talento y una clase capaces de hacer cosas que se les escapan a las pizarras. En un saque de banda sin mera importancia, ya en el descuento, el argentino agarró el balón, se zafó de Willian, tumbó a Azpilicueta en la misma línea de fondo, y acabó rompiéndole la cadera a Lampard para batir a Petr Cech. Su estratosférica acción encendió al Parc des Princes e hizo buena la renta con la que los parisinos iban a viajar a Londres.FOOTBALL : Paris SG vs Valenciennes - Ligue 1 - 14/02/2014

El 3-1 obligaba a Stamford Bridge a ser escenario de una trabajosa remontada, si es que esta se producía. Revertir aquel resultado era complicadísimo, pero no para el monstruo competitivo que es el Cheslea de Mourinho. La tormenta de emociones que es la Champions nos volvió a regalar una noche para el recuerdo. Y eso que con apenas 18 minutos en el reloj, el silencio se iba a adueñar del coliseo londinense. Eden Hazard, el mejor futbolista de los locales, sufría una lesión muscular y tenía que retirarse del césped. La actividad de ataque de los ingles quedó entonces subordinada a la versatilidad de Oscar y a la diestra de Lampard. Eto’o estaba horrible, casi ausente, y David Luiz y Willian perdían balones una y otra vez. El PSG flotaba paciente, cómodo, bien plantado, esperando a reventar la eliminatoria en un contragolpe. Pero pasada la media hora, el Chelsea, que hasta el momento era equipo dócil, se encontró con un gol marca de la casa. En un saque de banda metido a la caldera, un blue consigue peinar levemente entre la muchedumbre que llenaba el área francesa para que Schürrle, que había entrado en lugar de Hazard, hiciese el 1-0 con bastante astucia.

Sin generar demasiado, por no decir muy poquito, el Chelsea le había dado un giro tracendental al panorama del cruce. Y es que llegar al ecuador con la mitad del trabajo hecho era importantísimo. El Bridge, que lo sabía, rugía en cada acercamiento, y el segundo tiempo empezó con la creencias blues chocando contra la madera. En cinco minutos de pura explosión, quizás los mejores de los locales en todo el choque, el partido estuvo jugándose en los últimos treinta metros de campo galo. El Chelsea empujó a su rival contra su área, y primero Schürrle y luego Oscar se toparon con el larguero. Pero esa implosión duró poco, y el partido volvió a enfriarse. Tanto que los galos pudieron resolver su empresa. En el cuarto de hora que transcurrió entre los minutos 65 y 80, el equipo de Laurent Blanc circuló rápido y con claridad hacia la portería de Cech y rozó el gol en no pocas ocasiones. A la brutal exhibición de Lucas Moura, que ayer completó 7 regates de 8 intentados, se apuntó Edinson Cavani, que estuvo sublime en cuanto a movimientos en este tramo. Pero el uruguayo olvidó enterrar al Chelsea, que todavía iba a tener tiempo de salir del ataúd.BA_goal_PSG

El final fue terriblemente emocionante. Blanc metía a Marquinhos por Moura para echar el cerrojo, Lampard mordía tembloroso el broche de la cremallera de su chaquetón desde el banquillo, y Mourinho introducía en el campo a un tercer delantero –Torres- y esperaba de pie a que sucediese el milagro. El destino parecía tener escrito el segundo gol blue, el éxtasis, que iba a llevar la firma de Demba Ba. En otra jugada de atropellos, el senegalés, que no jugaba 25 minutos seguidos desde el 11 de diciembre, batió a Sirigu dentro del área chica en un remate cómico, casi folcórico. La celebración fue la más épica que ha visto Stamford Bridge este año, con Mourinho inclusive cabalgando hasta el córner para abrazar a algunos de los suyos. Era el minuto 88, y los parisinos, que ahora sí, se veían fuera, se fueron con todo a por el gol. Pero allí estaban Cech, Ivanovic, Cahill, Terry y Azpilicueta, esperando a las tropas galas con cuchillo en mano. Los jugadores importantes del Chelsea, como reconoció hace poco el propio Mourinho, empezaron a sacar balones del área como si no existiese un mañana. Estuvo especialmente soberbio el guardameta checo, que volvió a demostrar que la Copa de Europa es su terreno.

El pitido final trajo consigo una lluvia de abrazos y fotografías que no borrará el tiempo. El Chelsea remontó siendo el Chelsea. Siendo el mismo que ganó la Europa League hace un año en Amsterdam, el mismo que ganó la Champions hace dos en Múnich. Un equipo que no juega bien al fútbol, un equipo quizás falto de metodología con la pelota, pero al fin y al cabo un equipo que suda y compite los partidos como lo hacen muy pocos. Es la quinta semifinal consecutiva de José Mourinho, y la novena de su palmarés. En la última década, sólo en dos ocasiones (2006 y 2009) no dirigió el luso a uno de los semifinalistas de la Copa de Europa. Todavía no sabemos quién será el rival de los blues en ese último obstáculo del tren que culmina en Da Luz, pero la suerte es caprichosa, y los más morbosos ya se frotan las manos ante la posibilidad de ver a Mou regresando al Santiago Bernabéu antes de lo debido.ythy-1074x483

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