Emery con café arriba

No es ningún secreto que el Ramón Sánchez Pizjuán se ha convertido en la última década en uno de los feudos más hostiles de la Península Ibérica. La era Juande Ramos disfrazó de victoria cada partido que se jugaba en territorio sevillista, y esa tendencia se mantuvo hasta hace algunos años, cuando el lustro triunfal del mejor Sevilla de la historia entró en recesión hasta conocer a un equipo mediocre, un equipo que llegó a pasar casi catorce meses sin ganar un partido a domicilio. Pero el carismático Unai Emery le ha dado un vuelco al panorama. Nervión ha vuelto a inmunizar a los rojiblancos, y los equipos grandes sudan lo que no está escrito para puntuar allí. Así acontenció ayer mismo.

El vasco y su pragmatismo elevado a la máxima exponencia fueron capaces de hacer hincar la rodilla al Real Madrid en una noche que cierra un intervalo caótico para los blancos. En cuestión de 72 horas, el agua que era cristalina se ha vuelto realmente turbia para Ancelotti y los suyos, que van a tener que tirar de algo más que corazón para terminar ganando la Liga. Emery planteó una telaraña que el Madrid no entendió bien. Obscecado en edificar su ataque a partir de esa superpoblación de tres cuartos que tan bien funciona en el Bernabéu, esa en la que Modric, Benzema, Bale, Cristiano, Carvajal y Marcelo se aúnan en cuestión de quince metros, el Real no supo abrir el campo en busca de frescura. M’Bia e Iborra eran panteras, y la falta del instrumento más desequilibrante del último mes –Ángel Di María-, volvió a desnudar a un Ancelotti poco versátil en la búsqueda de soluciones.FBL-ESP-LIGA-SEVILLA-REALMADRID

A pesar de todo que los merengues se adelantaron gracias a una acción atípica. Ronaldo lanza una falta que rebota en el brazo de Bacca sorprendiendo a Beto, ya “a contra pie”. 0-1. Pero Emery estuvo frío y astuto, y no tiró la casa por la ventana. Había 75 minutos por delante, y aunque no el resultado, el juego sí que estaba donde él quería, y sabía que sus opciones residían en perpetuar sus ideas iniciales. Achicándolo todo atrás y vendiéndose en los contragolpes a la lectura privilegiada de Ivan Rakitić y al talento exquisito de José Antonio Reyes, el Sevilla todavía tenía mucho que decir. Poco tardó en llegar el empate. Si bien los hispalenses no adelantaron en demasía sus líneas, sí que intensificaron la presión. Y en una jugada en la que los visitantes se encontraban en campo sevillista tras botar un balón parado, un quite de cuco de Carlos Bacca apresuró la estampida local hacia la portería de Diego López. El colombiano, como una gacela, recorrió casi sesenta metros sin descanso, y gracias a una genialidad de Reyes se vio empalando el empate sin que ni Illarramendi ni el guardameta pudiesen evitarlo. El Sevilla sufriría en el tramo final del primer tiempo, pero Beto y el palo iban a evitar que el cuadro madrileño se adelantase de nuevo.

El guión fue semejante tras la reanudación, con el Madrid atascado, forzado a disparar desde lejos, porque cada vez que penetraba área rojiblanca allí estaban Federico Fazio y Nico Pareja para morir por mantener el resultado. Emery extrapoló su planteamiento, y los blancos cada vez se veían más impotentes. A veinte minutos de la conclusión, un destello galáctico de Rakitić congela a Pepe en campo sevillista, y el croata cruza la línea divisoria con tiempo y espacio para pensar y para lanzar otro soberbio desmarque de Bacca, que iba a desatar el éxtasis de la tribuna. No sin sufrimiento, a Unai le funcionó el cerrojo para contrarrestar el poderío ofensivo del Real Madrid, y a su equipo le bastaron 182 pases –casi 350 menos que su contrincante- para consumar su sexta victoria consecutiva en el campeonato nacional de liga.CARLOS_BACCA_E2

La noche hispalense grabó, como no podía ser de otra manera, a Bacca como héroe de la hazaña. El ‘cafetero’, que ha ha hecho cinco goles en sus últimas cinco titularidades, ya suma catorce dianas en lo que va de Liga, y cada fin de semana exhibe un repertorio del que muy pocos arietes de esta competición pueden presumir. En el seno del sevillismo, su comparación con Luis Fabiano nace sola. Y es que el colombiano se mueve con las mismas hechuras que caracterizaban al ídolo brasileño. Fabuloso sin balón y maravilloso en la asociación con los mediocampistas, Bacca es magnífico también en sus caídas a banda, así como en los balones largos, donde pelea con los centrales adversarios sin eludir el contacto físico. Ahí es donde luce toda su fuerza, en el cuerpo a cuerpo. Por si fuese poco, ese motor que tiene en el pecho se funde con un punto de tracción muy bajo y le hace protagonizar unas arrancadas de infarto. Pero sin duda su gran virtud es su finura técnica dentro del área, que le permite ser un finalizador excelso.

Radamel Falcao, Jackson Martínez, Víctor Ibarbo, Luis Muriel… Colombia es patria de una estratosférica generación de delanteros. Son buenísimos. Europa los goza, y este año ha caído uno de ellos en manos de Unai Emery, un tipo que, pese a haber estado en la cuerda floja durante meses, ahora está acercando al Sevilla a los cielos que tocó con Juande Ramos. La Champions espera a su Sevilla. Mucho tiempo en el disparadero, pero el esfuerzo apremia, y más si cuentas  un nueve ‘cafetero’ en la punta de tu ataque. Optimizando su plantilla, como casi siempre, el técnico de Hondarribia va a convertir a Carlos Bacca, salvo sorpresa, en el relevo más digno que puede tener el Tigre en Brasil.

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