Todavía titanes

El Real Madrid de Carlo Ancelotti parecía hasta anoche preparado para recuperar la hegemonía futbolística nacional y continental. Sólido como nadie sin balón, y paciente y ancho, muy ancho con el esférico. Mientras la tensión desmesurada de Modric y Di María tiranizaba el centro ante el régimen de Xabi Alonso, Carvajal y Marcelo pisaban con frecuencia tres cuartos. Sumada la versatilidad de Cristiano, Benzema, y de un Bale cada día más a tono, el ejercicio ofensivo del Madrid se hacía inabarcable para los adversarios, que eran incapaces de atrincherar tantos frentes. Los de Carletto cocían el partido a fuego lento, conscientes de que tarde o temprano, su tripleta de arriba iba a reventar el marcador. Ése era el único canon que conocía el Bernabéu en este 2014. Pero anoche el guión fue bien distinto. Anoche los blancos se amoldaron a lo que el Fútbol Club Barcelona dictó.

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En un ejercicio de grandeza, el equipo de Leo Messi dio un puñetazo en la mesa, un aviso a navegantes. Los culés pueden estar en horas bajas, pero todavía no han dejado de ser titanes. Valdés, Piqué, Iniesta y el marciano de Rosario le bastan al gigante catalán para competir por el título. El choque empezó acelerado, con el balón corriendo y ambos equipos transitando. Sobre el papel un arranque así le iba mejor al Real Madrid, que estaba mejor desplegado y asfixiaba la salida de balón culé. Pero los catalanes mantenían el tipo, y con las líneas tan separadas, Messi recibía con más espacio del debido, se giraba, acaparaba la atención de toda la zaga blanca, y como Moisés abría las aguas para encontrar al libre. Así llegó el primer gol. El argentino recibió de Fábregas, y los ojos de Carvajal, Pepe, Ramos y Marcelo se posaron sobre él, que sí fue capaz de visionar la diagonal de Andrés Iniesta. El manchego, que resolvió con maneras de crack, estuvo increíble ayer, durante toda la noche. El único capaz de dormir el cuero. Él y Xavi –un Xavi sin piernas, pero todavía con un cerebro de genio- superaron la centena de participaciones, como en los grandes días del Barça de Guardiola.

El gol asentó sobre el campo al Barcelona, que se posicionó mejor que su rival y empezó a robarle la fe. Pero entre los de la casaca blanca estaba Ángel Di María, que ayer se exhibió de una manera salvaje. Su 7 de 7 en regates completados en el primer tiempo y la verticalidad de sus asociaciones destrozaron el orden azulgrana y capitanearon una remontada impresionante. Apenas se había llegado al cuarto de hora cuando el argentino tumbó a tres culés en el camino y dejó a Benzema delante de Valdés. El galo la mandó a las nubes, pero no volvería a fallar. Viendo que creaba dificultades, Ancelotti adelantó filas, y el Madrid atoxigó al conjunto del Tata. Las ocasiones no terminaban de llegar con transparencia, pero el peligro se sentía. El virtuosismo y las cabalgadas del Fideo encendieron al Bernabéu, e hicieron que el Barça cortocircuitase y el Madrid comenzase a sobrepasarle paulatinamente. En tres minutos y medio, el escuálido argentino sirvió dos goles a Benzema que sellaban la remontada, y el choque empezaba a tomar color blanco. Ni Mascherano ni Busquets estaban a la altura de la cita, y a Fábregas le superaba el voltaje infernal de la canción. El recital de Di María no cesó, y hubo tiempo para que Piqué le sacase a Karim el tercero en una jugada casi calcada a la de los dos goles anteriores. Tiempo antes de que regresase el extraterrestre. KARIM_CLÁSICO_23mar_2014_editado1

Como acostumbra a hacer, Lionel Messi se hizo ayer omnipresente en el más hostil de los escenarios. Su equipo estaba roto, pero los merengues acusaron el esfuerzo y sintiéndose cómodos por delante en el marcador, decidieron esperarles en campo propio. El Barça comenzó a amasar la pelota cerca del área madridista, y una acción monstruosa del 10 forzó la igualada al filo del descanso. Después de tirarse una pared con Xavi, el rosarino recibe de cara, choca con Ramos, y tiene la fuerza y el equilibrio para continuar con el balón en su poder. En seguida se la va a cruzar a Neymar -muy insípido ayer- al centro de un área llena de blancos. Lo cierran entre tres y Carvajal no tarda en meter la pierna y hacer desaparecer las opciones de gol del brasileño, pero entonces, de repente, cuando nadie ya lo espera, Messi aparece de la nada, como procedente de otra dimensión, y lo hace para dejar abatido a todo el coliseo de Chamartín. El Barça acababa de empatar el choque, y tras el ecuador iba a dominar sin trabas. No obstante, los de Gerardo Martino iban a tener que sobreponerse otra vez a un resultado adverso. Cristiano, que había sido invisible durante los primeros 45 minutos, se marchó de Mascherano y encaró a Alves mirando a la portería para provocar la pena máxima. El contacto es fuera, pero Undiano lo ve dentro, y el portugués no va a perdonar. Pero los blaugrana no iban a vender tan barata su derrota. Ésta vez sí, la reacción fue ágil. Había que revertir el marcador, y para eso había que buscar a Messi. Ayer el argentino evitó un comportamiento que le viene haciendo daño a los suyos durante todo el año, el no desmarcarse para recibir la pelota. Ayer su movilidad durante los 90 minutos fue una lacra para el Real Madrid, que vio cómo a los 17 minutos del segundo período, el argentino vino a cazarla donde la caza Xavi para ponerle a Neymar un balón milimétrico a la espalda de Ramos. Entre siete madridistas, Leo divisó con la cabeza el segmento perfecto que dibujaría el balón. La jugada decidió el Clásico y redefinió la carrera por el título de Liga. Penalty discutible que conllevaba la expulsión del central blanco, y que él mismo iba a convertir con una sangre fría indescriptible.MESSI_BERNABEU_23mar_2014_editado_3

La media hora restante quedaría obviamente condicionada por relatado acontecimiento, y el Barcelona dejó entonces que su superioridad numérica culminase la proeza. Los locales intentaron edificar la resistencia, pero poco a poco el cuadro catalán iba a ir haciéndose fuerte. Xavi, Iniesta, Alves, Pedro, que había entrado al campo por Neymar, y ahora sí, Fábregas, empezaron a sodomizar a su rival con un dominio descarado. Los de blanco corrían detrás del balón, y los de Martino estudiaban por dónde hincarles el diente. Alves avisó con un potente disparo a la madera, y cinco minutos más tarde, Iniesta, más listo que ninguno, construyó un anzuelo en el que iban a caer Alonso y Carvajal, que le derribaron dentro del área en un encontronazo evitable. El final del cuento tuvo como protagonista al de siempre. Desde los once metros, Messi la puso otra vez donde Diego López no podía llegar y cerró el círculo. El Barça había vencido en el Santiago Bernabéu. La película quedó preciosa. En una noche llena de epicidad y suspense, se volvió a filmar el por qué ésta y no otra es la mejor liga de fútbol del planeta. La tribu catalana sale reforzadísima, no sólo re-enganchada a la lucha por el campeonato, sino también con Xavi, Messi e Iniesta, el sostén del mejor fútbol de la historia, inmersos en su mejor momento de forma del último año y pico. Todavía titanes. 

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