Lejos de los focos

“Nosotros ya hemos salido del dentista. Que pase el siguiente”. Era 18 de agosto, el Barcelona acababa de hacerle siete goles al Levante, y nadie parecía más dolido que Joaquín Caparrós. El conjunto valenciano, con una plantilla escasísima en cuestiones de talento, era uno de los favoritos para ocupar las plazas de descenso a final de temporada. No obstante, en aquella rueda de prensa sin aparente importancia, el técnico de Utrera, coherente en sus discursos como muy pocos en este gremio, no veía con tanto pesimismo como la prensa el porvenir de su equipo.

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Casi un semestre después, a 2 de marzo de 2014, el Levante Unión Deportiva ha amanecido como séptimo clasificado de la Liga BBVA tras vencer 2-0 a Osasuna en la tarde de ayer. Encarriló el partido pronto con un tanto tempranero de Pape Diop, este año uno de sus futbolistas troncales, y luego no tuvo mayores problemas para mantener a raya a los navarros, que apretaron pero no en exceso en el tramo final del encuentro. Quedan doce jornadas por disputar, y la permanencia ya está prácticamente en el bolsillo. Y lo verdaderamente llamativo es que lo que practican los granotas está bastante lejos de poder llamarse fútbol brillante. El Levante, de hecho, siempre da la sensación de ser dominado. Se les llegó a acusar de hacer catenaccio -como si aquello fuese algo prohibido- desde la prensa catalana el día que el Barça “pinchó” en el Ciutat. Su fútbol es áspero, antiarmónico, discontínuo, amorfo, como carente de un plan, y en ocasiones desesperante y aburrido, pero bien es cierto que transmite una tensión, y sobre todo una eficacia realmente alucinante.

En el fútbol, como en cualquier arte, tendemos a etiquetar a los individuos dentro de catálogos que creemos inamovibles. En muchísimos casos, esos posits mentales, tienden a ser exagerados, basados más en delirios y en pensamientos que hacemos “en caliente” que en los propios hechos. Pero lo cierto es que aquello de que Caparrós exprime al cien por cien los recursos de sus plantillas no es ni mucho menos un mito. Su Levante es el equipo con menos posesión de balón (36’4%), el que menor porcentaje de pases completa (69%), y el que menos veces remata por partido (9’6) de toda la liga, siendo además el que más tiros concede a sus rivales (17’1). Sin embargo, su rendimiento en relación a estas cifras es descomunalmente alto. Los valencianos compiten como un gran equipo en las áreas, que es donde se resuelven los partidos, donde se ganan los puntos.LEVANTE_KEYLOR_23

En el Ciutat de Valencia han coincidido este curso un grupo de perros viejos con un largo bagaje futbolístico en su haber. Loukas Vyntra, de 33 años, David Navarro, también de 33, Juanfran García, de 37, ó Nikos Karabelas, de 29, están haciendo verdadera ingeniería en la zaga. Despejan, muerden y achican espacios. El Levante es el sexto equipo menos goleado de Primera División, y si omitiésemos aquella humillación veraniega del Camp Nou, sólo Barcelona, Real Madrid y Atleti habrían recibido encajado menos tantos que el cuadro granota. Pero en esa resistencia defensiva tan sobresaliente prevalece un protagonista por encima de los ya nombrados. Keylor Navas lleva desde octubre con el traje de superhéroe puesto, y no parece dispuesto a quitárselo. El guardameta costarriqueño regala un catálogo de pósters cada fin de semana, y su repertorio de intervenciones parece inagotable. Esta misma semana, la Liga BBVA ha publicado en su web oficial que Navas es el mejor portero de la competición, con un 79’1% de éxito en sus paradas, por encima del mismísimo Víctor Valdés en esa estadística. Su cotización no para de incrementarse, y la lista de interesados empieza a ser numerosa, pero el Levante ya se ha asegurado un pico por su salida, imponiendo sobre su contrato una cláusula de rescisión de 10 millones de euros. Keylor los vale.

El otro nombre propio de este equipo es el de David Barral. Buque insignia del Sporting de Manolo Preciado, el ariete de treinta años ha vuelto por los fueros que le hicieron ser venerado en El Molinón. El senegalés Baba Diawara, cedido por el Sevilla, había empezado el año siendo la referencia arriba, pero algunos no teníamos dudas de que Caparrós terminaría dando la titularidad al guerrero gaditano, un jugador muy afín a su ideosincrasia futbolística. Lleva ya seis tantos, todos de una trascendencia vital, y va camino de la decena, cifra que ya alcanzó en 2008 y 2009 en Gijón. Apoyado en la versatilidad de hombres como Jordi Xumetra, Andreas Ivanschitz o el jovencísimo Rubén García, Barral es el punch de este Levante tan arcaico que no cesa de sumar puntos. Una plantilla muy underground que está produciendo una manera desmedida, casi irreal. Los granotas no caen derrotados en Liga desde el 4 de enero, cuando claudicaron en Mestalla ante el nuevo Valencia de Pizzi, y han sumado 4 victorias y 4 empates desde entonces. Lejos de los focos, y sin hacer mucho ruido, Caparrós está construyendo a un equipo sin complejos y seguro de sí mismo. Puntito a puntito hoy son séptimos, plaza que da derecho a jugar Europa League, en la liga de fútbol más exigente del planeta, por encima de Sevilla y Valencia -que disputarán sus partidos a lo largo del día de hoy-.LEVANTE_BARRAL1

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