Sergio a los treinta

Caminas por Antonio Gaudí, cruzas la calle, y en la acera de allá, coges la línea 5, la azul, en la parada que hay al ladito del Hospital de Sant Pau. Estás a treinta y cinco minutos en metro de uno de los más astutos delanteros de la mejor liga de fútbol del mundo. Juega en Cornellà-El Prat, se llama Sergio García, y el fútbol ya no tiene secretos para él.SERGIOGARCIA_12

A sus treinta años, el ariete del Espanyol atraviesa un momento de forma sencillamente sublime. Después muchísimo tiempo deambulando por la élite del balompié nacional, Sergio parece haber encontrado el agua en la que moverse, el agua en la que ha terminado de encontrarse a sí mismo como futbolista. Está en su punto, digamos. En el punto de cocción idóneo de su trayectoria. Es un continuo disfrute ver un partido suyo. Su gama de recursos ha alcanzado la excelencia que algunos le pronosticaron cuando debutó con el Barça hace ya una década. Su caricaturesco look no se nos va a olvidar. Tampoco a Bernd Schuster. Su primera experiencia como técnico en la Primera División -en el Levante- tuvo en Sergio a su futbolista más virtuoso. El catalán acabó aquella temporada con 7 goles que bien le valieron un fichaje por el Zaragoza. En la Romareda pasó tres años en los que coincidió con una plantilla repleta de talento. El club maño vivió una pequeña etapa dorada de la mano de jugadores de la talla de Cani, Pablito AimarEwerthon Da Souza, Diego Milito, Andrés D’Alessandro, Alberto Zapater, Gabi Milito, o un jovencísimo Gerard Piqué. Se quedaron con la miel en los labios en 2006, en la final de una Copa del Rey que habían bordado, sacaron billete europeo en 2007, e inexplicablemente descendieron en 2008. La emigración fue numerosa, claro.

Manuel Ruíz de Lopera “puso” en la mesa diez millones de euros para que Sergio García, entonces flamante campeón de Europa, acabase en el Betis. Su campaña estuvo a la altura de las expectativas. Regaló a Heliópolis auténticas exhibiciones, pero sus nueve goles no sirvieron para evitar un nuevo descenso. A pesar de todo, el delantero de Bon Pastor se resisitió a otro cambio de aires, y decidió continuar en el equipo aun en Segunda División, donde se hinchó a hacer goles. Sin embargo, en 2010, cuando el club se quedó a las puertas de consumar el ascenso, Sergio optó por salir. No eran pocas las ofertas de clubes de Primera que llegaban a la entidad verdiblanca para hacerse con sus servicios. Al final el hogar sedujo a Sergio, que regresó a Barcelona de la mano del Espanyol. Hoy, tres años y medio después de aquella efeméride, Cornellà es testigo de que Sergio tomó el camino bueno._22_SERGIOGARCÍA

En la periferia de la ciudad condal ha encontrado su zénit. Estamos a finales de febrero, y nuestro sujeto suma ya diez goles en liga, su mejor cifra como profesional. Es estandarte de un Espanyol que juega a esto de memoria. Bien sabemos ya por la Península que Aguirre construye fútbol. El mexicano ha conseguido que los periquitos se muevan en bloque. Sin demasiado talento en el medio campo, el cuadro blanquiazul compite como pocos gracias a tener claro sus modus operandis. Rocosos en todas sus facetas, los pericos tratan de hilar rápido y fácil cuando tienen el cuero con el simple objetivo de conectar con el tridente de arriba. La versatilidad de Jhon Córdoba, Christian Stuani y Sergio García es lo que le resuelve partidos. Éste último está además finísimo de cara a portería. Necesita muy poquito para mandar el balón a la red. Tan poco que, entre los quince máximos realizadores de la competición, sólamente Carlos Vela, Alexis Sánchez, Pedro Rodríguez e Ikechukwu Uche lanzan a portería menos veces que él en un partido.

Sin ser un tipo rápido, Sergio es ágil y escurridizo como un pez. Posee un absoluto control de su cuerpo pequeñito y un sentido de la orientación descomunal para moverlo por la hierba. Punto de tracción bajo, sin levantar mucho los pies del suelo, y sobre todo con una inteligencia y unas dotes técnicas extraordinarias para jugar al fútbol. A estas alturas está curtido mentalmente para aprovechar al máximo todas esas condiciones. Ni en Valencia, ni en Zaragoza ni en Sevilla vieron a un Sergio García tan bárbaro y tan regular. Está mejor que nunca. Dando recitales en cada campo, y autofabricándose golazos. Hablamos de un jugador que para colmo sabe asociarse, y lo hace cada vez mejor. Quizás sus treinta estén menos cerca de la crisis y el declive que del punto zen, la madurez y la determinación.

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