Luka es el marcapasos

LUKAMODRIC_2En medio de una nube de despropósitos en el pase, un misil de Cristiano Ronaldo puso en marcha la cabalgata madridista en el Benito Villamarín. El estadio estaba a rebosar, pero la reacción de los locales fue minúscula, casi inapreciable. El Betis lleva tiempo siendo poco más que un espectro en lo futbolístico, más o menos desde que un tal Pepe Mel abandonase Heliópolis. El caso es que los verdiblancos no hicieron esfuerzo alguno por cambiar el signo del encuentro. Sólo algún que otro chispazo del genial Leo Baptistao despertaba el aliento de la tribuna, y pronto Bale colocó el 0-2 con un libre directo. Andersen repitió estatua, todo sea dicho. Entonces apareció Modric, que agarró el partido y ya no lo soltó hasta su conclusión.

El croata volvió a ofrecer un recital bárbaro. Cada vez más dueño el Real Madrid, Luka movió los hilos para que la melodía merengue  no desentonase en ningún aspecto. En White Hart Lane nunca disfrutaron a un Modric tan excelente. El tío pilla la pelota y empieza a mandar. Y lo hace con una autoridad desmedida, descarada. Pero es que lo hace también cuando no la tiene. Es precisamente su crecimiento en labores defensivas lo que últimamente más llama la atención de sus actuaciones. Es abrumadoramente intenso. Parece un base de baloncesto, por cómo presiona, por cómo incordia, por cómo bascula asfixiando los desplazamientos laterales de los rivales. Domina con y sin el esférico. Y lo hace hasta tal punto que poquito a poquito le está arrancando a Xabi Alonso la pegatina de regista. El Madrid de Carlo Ancelotti está empezando a convertirse en propiedad de Modric, y los que protestamos los cuarenta millones de euros que Florentino pagó en su momento al Tottenham estamos empezando a agachar la cabeza. Ayer en Sevilla, el croata volvió a sacar a relucir su extraordinario repertorio de pases y maniobras, y nos dejó boquiabiertos. Comenzó a crecer en el último cuarto de hora de la primera parte, y fue amo y señor de la segunda. Y 0-5 acabó venciendo su equipo.

Pero la del Villamarín no es la primera gran orquesta de Luka. Mestalla o Cornellà han probado recientemente lo que es estar a merced del genio de Zadar y de su melena. Implicar a Marcelo y a Carvajal, descargar de responsabilidades organizativas a Alonso, o su perseverancia en tareas defensivas son algunos de los méritos que se le atribuyen a su haber. La única duda que surge al darle las riendas, es que te resta factor sorpresa. Es decir, con él terminas teniendo la pelota, jugando ataques posicionales, jugando en campo contrario, lo que impide que el rival se despliegue y abra espacios para Bale y Cristiano. El dilema está ahí, pero es probable que el Ancelotti de las grandes citas, como requirió una vez a Pirlo, requiera a un Modric, a un marcapasos que centrifugue el ejercicio ofensivo y defensivo del transatlántico blanco. El único “pero” es que obstruya a Francisco Alarcón en el banco. Pero ése es otro tema.

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