Pudo ser un león

Se amontonan a iguales dosis el cariño y la tristeza cuando uno se acerca a la figura de Ikechukwu Uche. Seguramente porque lo que el nigeriano nos susurró una vez en Huelva nos dejó a expensas de un éxito que nunca terminó de acompañarle. Por algún motivo, su carrera se truncó. En algún momento viajó al lugar equivocado, y todo se frenó. Luego su rodilla izquierda le arrebató dos años y le quitó ese fuego que él tenía.

Veloz y ágil como pocos, Uche ponía en práctica jugadas en las que parecía encarnar al mismísimo Samuel Eto’o. Durante cuatro años hizo arder el Colombino cada quince días con un repertorio de recursos que cada vez se volvía más impresionante. Fabuloso tanto en los desmarques hondos como en las caídas a banda, gozaba además de unas facultades extraordinarias para driblar rivales en conducción. Y es que sus esláloms en velocidad eran una pesadilla para los defensores. Quizás se hallase en ellos su mayor virtud. Que le pregunten si no a Fabio Cannavaro, cuya cadera todavía adolece aquel terrorífico baile. Pero tal y como le demostró a Casillas aquel día justo después de zafarse del italiano, sus cualidades no se quedaban ahí, pues ante todo era un ejecutor. Uche tenía gol. Uche era un hombre gol. Además de un avanzado acróbata, claro.UCHE12

Procedente del Rácing de Ferrol, La Gacela llegó a Huelva a los diecinueve añitos. Anotó 12 goles en su primera temporada allí, y se corroboró como referencia ofensiva del cuadro onubense en el siguiente curso, haciendo otros diez tantos. En la campaña 2005/06, bajo la dirección de Marcelino García Toral, que paradójicamente es hoy de nuevo el míster de Uche, el Recre ascendió a Primera División, y el nigeriano fue uno de los grandes protagonistas de la hazaña, consumándose con veinte goles como el Pichichi del año en Segunda. En agosto de 2006, con veintidós años, Ikechukwu Uche aterrizó en la élite de nuestro balompié, y tardó poco en dar a conocer su nombre a nivel nacional. Los ocho goles que firmó aquella temporada, así como su entendimiento con Santi Cazorla, Sinama-Pongolle, Emilio Viqueira, Jesús Vázquez o Javi Guerrero, fueron claves para sellar la que a día de hoy sigue siendo la mejor temporada de la historia del Decano del fútbol español.

Acabó aquella maravillosa campaña, y marchó a Getafe, donde entonces los azules daban guerra, pero no terminó de explotar. Dos años después, en verano de 2009, el Zaragoza pagó por él casi seis millones de euros para llevárselo a La Romareda. Sin embargo, la fortuna le fue esquiva, y en su tercer partido oficial con los maños, Uche se rompe el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Diez meses después, apenas recién recuperado, una microrrotura en el menisco de esa misma rodilla le condena a estar otros seis meses fuera de los terrenos de juego. En agosto de 2011, el Zaragoza lo traspasa al Villarreal, que lo cede al Granada. Después de un año discreto en Los Cármenes, los amarillos le repescaron, y el nigeriano se convirtió -con 14 goles– en uno de los artífices de un ascenso que otra vez tendría detrás el nombre de Marcelino. Fue un renacer, pero lo que la trayectoria de Uche transmite no deja de ser un drama, porque su techo estaba muy alto.

Pudo ser un león. Uno de esos delanteros africanos, de quince-veinte goles por temporada, de esos que terminas viendo en noches de Champions League. Hoy Uche cumple treinta años, y aunque siga perforando redes en El Madrigal -este año ya lleva seis-, tengo que mirarlo con melancolía, porque hubo un día en el que no estuvo tan lejos de Eto’o, Drogba o Adebayor.UCHE_VILL_EDITADO3

Anuncios