Generación perdida

El universo en el que nos movemos está plagado de duopolios: izquierda o derecha, norte o sur, Coca-Cola o Pepsi, Nike o Adidas… blanco o negro en definitiva. Así sucede también en el deporte rey: o eres del Barcelona o del Real Madrid, o simpatizas más con el Manchester United o con el City, o eres xeneize o millonario… o eres de Messi o de Cristiano. Desde 2008, portugués y argentino han copado los votos a mejor futbolista del mundo en la encuesta que realiza la FIFA para otorgar el codiciado Balón de Oro, sin dejar un respiro al resto de mortales. Como bien escenificó Joseph Blatter, uno es un bailarín y el otro un comandante, pero ambos son futbolistas de época, trascendentales, letales e irreemplazables.

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Más de un lustro llevan Leo y Ronaldo luchando por el trono del fútbol mundial, eclipsando a una serie de futbolistas que en otra década habrían sido los reyes del balompié. Sólo Xavi, Andrés Iniesta y Fernando Torres han entrado en el podio del galardón individual más prestigioso del fútbol, dejando fuera a genios como Andrea Pirlo, Iker Casillas o Wayne Rooney. Por si no estuviera claro el asunto, cabría decir que en el año anterior a la dictadura de estos dos astros (2007), fue Kakà quien se alzó con la victoria… ¿adivinan por quién estaba escoltado en el podio? Exacto, Ronaldo y Messi.

Sin embargo, parece que algo está cambiando en el fútbol moderno. Los duopolios flojean, se cuelan invitados sorpresa que le ponen pimienta al asunto y obligan a “los dos de siempre” a dar el 100% en cada metro del campo. Sucede en España con la irrupción del Atleti del Cholo, en Inglaterra con el Arsenal de Özil, o en Italia con la incombustible Roma… y en el terreno individual con dos superclase que han sobrevivido a la generación perdida: Zlatan Ibrahimovic y Franck Ribèry.

Zlatan-Ibrahimovic

Los guarismos del sueco y el francés están lejos de las referencias de Madrid y Barcelona, pero su juego, su versatilidad y su eficacia han enamorado a Europa, que ve como el cambio de ciclo asoma también para las leyendas. Zlatan ya ha perforado en 12 ocasiones la meta rival, dando además 3 asistencias para que sus compañeros también saborearan los efluvios del gol. Siete de esos goles han sido en los cuatro partidos de Liga de Campeones que ha disputado el PSG, acercándose a los 8 del “record-man” Cristiano Ronaldo. ‘Ibracadabra’ asiste, regatea, se asocia, abre espacios, caza misiles tierra-aire con controles impropios de un ser humano y, por si fuera poco, cuenta con un repertorio de remates que a los más nostálgicos recuerda al ilustre Marco Van Basten.

En la cuarta esquina del ring, un francés poco agraciado saliva al ver a sus rivales. Franck Ribèry es el hombre de moda en Europa. ‘Scarface’ aupó al Bayern de Jupp Henckes a la final de Champions que vencieron los muniqueses, alzándose con el premio de la UEFA  a mejor jugador de la edición 2012/2013, otro premio que parecía reservado para los dos de siempre. Campeón de la Bundesliga y la Copa Alemana, Ribèry sigue creciendo de la mano de Pep Guardiola, creando una media de 3 ocasiones por partido, con más de un 80% de efectividad en el disparo, y mejorando sus números temporada tras temporada.

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Sobrepasan la treintena, llevan muchos años de fútbol en sus piernas, son el faro de sus selecciones y sus clubes, y además, son muy buenos. Buenísimos. En su día lo merecieron Andrés Iniesta, Wesley Sneijder y otros muchos, hoy, Zlatan y Franck acechan el trono del balompié con una buena ristra de argumentos para ser coronados. Ni comandante ni bailarín bajarán el pistón, y seguiremos disfrutándolos como se merecen, pero esta vez yo voy con ellos, francés y sueco, Ribèry e Ibra: la última esperanza de la generación perdida.

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