El giro del guión

LOSOJOSDELAPREMIEREra agosto y exceptuando a tres de ellos, cualquiera de los coaches de la Premier que osara a mirar el título se estaba engañando a sí mismo. Había tres favoritos muy por encima del resto. Casi inamovibles. Esos tres nombres, esos seis ojos, eran los de Manuel Pellegrini, David Moyes y José Mourinho. Pero estamos a mitades de octubre y la película no era tal y cómo la imaginábamos.

Se confirmó la sospecha y el Manchester United no es el mismo sin Sir Alex Ferguson. Su figura alcanzaba tal magnitud en aquel Old Trafford abarrotado, que despegarse de él está siendo un drama terrible para los red devils. En medio de una crisis de identidad, Moyes, cuyo único acierto ha sido rectificar en el tema Rooney, no encuentra la manera de hacer jugar a los suyos, y sigue teniendo problemas  para ubicar a Marouane Fellaini. El Chelsea ya ejerce el fútbol austero y práctico de José Mourinho, pero a estas alturas ya se ha dejado 7 puntos fuera de casa. Uno menos que el City, que aunque permanece inmaculado en el Etihad – 4 victorias con 13 goles a favor y sólo 2 en contra -, ha salido derrotado de Cardiff City y de Villa Park, además de no poder pasar del 0-0 en su visita al Stoke.

Mientras tanto tres outsiders que en realidad no lo son tanto luchan por agarrarse a los puestos de arriba el máximo tiempo posible. Parece evidente que el Liverpool no va a ser el del año pasado, y que el Tottenham ha podido salir reforzado del verano, pese a vender a Gareth Bale, gracias a un aluvión de contrataciones encabezado por Christian Eriksen, Roberto Soldado o el internacional brasileño Paulinho. Pero el caso del Arsenal es diferente, porque probablemente haya que tomarlo en serio.

Después de un mal día ante el Aston Villa, donde las lesiones, las expulsiones y un monstruoso Christian Benteke dejaron al Arsenal bajo mínimos, el equipo londinense comenzó a recomponerse metro a metro. Primero, ganando 0-3 a domicilio al Fenerbaçe para ganarse una plaza en la presente edición de la Liga de Campeones. Luego encadenando dos triunfos frente a Fulham y Tottenham. El derby de North London, por cómo y cuándo se ganó, supuso un plus anímico importantísimo para la parroquia del Emirates. Pero lo mejor estaba aún por llegar para una afición impaciente, herida y un tanto desilusionada por la austeridad de un Àrsene Wenger demasiado concienzudo.

El verano se acababa, el sol se ponía, y ni Luis Suárez, ni Gonzalo Higuaín, ni Stevan Jovetić habían llegado, pero Wenger anunció justo un día antes de que se cerrase el mercado que habría “una sorpresa” en el deadline day. Y vaya si la hubo. Aquella “sorpresa” era nada más y nada menos que Mesut Özil, el detonante absoluto, el culpable de que el Arsenal sea líder de la Premier League casi tres años después de la última vez. El 4 de diciembre de 2010, los gunners vencían 2-1 al Fulham con goles de Samir Nasri para estar en lo más alto de la tabla, un lugar que no pisarían hasta ahora.

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Lo cierto es que, previamente al empate pre-parón en cancha del peleón West Bromwich, los londinenses acumulaban 3 victorias en liga y 2 en Champions desde la llegada del genio teutón. Todos teníamos dudas de cómo iba a funcionar. De si gastar cerca de 50 millones de euros en un futbolista de sus rasgos era lo más apropiado para un conjunto plagado de trequartistas, pero el tiempo ha terminado dándole la razón a Wenger. Es innegable que la posición estaba ya superpoblada, pero tener a un futbolista de la dimensión de Özil aumenta automáticamente tus opciones de ir a por títulos. Wenger fue más astuto que nadie y firmó al que tenía que haber sido un fichaje del United

El punto más álgido de todo este huracán se vivió sin duda hace dos semanas, cuando Özil destrozó al Nápoles. Primera noche de Copa de Europa en el Emirates, y el alemán, que apenas llevaba quince días en la entidad gunner, fue el protagonista absoluto del encuentro, dibujando devastadores contrataques que resultaron letales para ése equipo con tanta fama de fiable y de serio que es el de Rafa Benítez.

Jack Wilshere y Aaron Ramsey se han hecho mayores. Su indomable carácter le está sirviendo al primero para hacerse definitivamente intocable en el once de Wenger. El galés, por su parte, junto con el recién reclutado Mathieu Flamini, está siendo denominador común en el doble pívote. Desafortunadamente, el momento de forma de Ramsey, Wilshere y Flamini, y el desembarco de Özil están sepultando el grandísimo inicio de campeonato que estaba completando Tomáš Rosický. El tándem del master checoslovaco con Santi Cazorla se rompió. Y parece difícilmente repetible. El asturiano sufre además unos problemas de tobillo que aún no le han dejado compartir un sólo minuto son Mesut. Veremos cómo encara este overbooking cuando vuelva.

El regreso de Mikel Arteta y la inminente vuelta de Theo Walcott, que lleva tres semanas out por unas incómodas molestias abdominales, van a colocar entre la espada y la pared a Wenger, que, incomprensiblemente para muchos, sigue apartando a Lukas Podolski. Son nueve teóricos titulares para jugar en cinco puestos. En ese sentido, la llegada de Özil ha agravado lo que ya era un problema serio en North London. También resulta recriminable el no haber fichado a un delantero, al ser Giroud el único punta de la plantilla, aunque mientras el francés continúe mándandola a la red de vez en cuando, no supondrá un problema.

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No obstante, mirándolo con un poco de perspectiva, ahora ya nadie dirá que el Arsenal no tiene plantilla para luchar por la Premier, porque Mesut Özil, amigos, Mesut Özil está entre los 5 ó 6 mejores futbolistas del planeta. Su posición en ese ránking ya depende del gusto de cada uno. Tal y como yo lo veo, Wenger le ha dado un giro al guión, y ha hecho toda una declaración de intenciones. El Arsenal tiene que elegir entre ser un club entrañable o un club que gana títulos. Y rascarse bien la cartera para traer a Özil es un paso hacia lo segundo.

Mientras tanto, en el Bernabéu van lamentar durante mucho, muchísimo tiempo, el hecho de que Florentino Pérez haya vendido al alemán para tratar de “costear” el capricho de Bale, y el de no poder disfrutar ya jamás a una pareja tan especial como la que hubieran conformado Özil e Isco. Las números destapan al germano como el mejor asistente de Europa de los últimos años (pincha aquí) y de hecho sólo necesitó 10 minutos en Inglaterra para dar su primer pase de gol.

Es complicado, teniendo en cuenta que son Sagna, Koscielny, Mertesacker, Jenkinson y Gibbs los que se han repartido absolutamente todos los minutos -tanto en Champions como en PLeague- de las 4 posiciones de la zaga, pensar en que sucederá. Pero en unas semanas Thomas Vermaelen estará de vuelta, y si el Arsenal consigue definitivamente solidificarse atrás, estaremos hablando de un candidato real, y la de Wenger al título será una mirada tan natural como las de Mourinho, Pellegrini o Moses.

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